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La Casa-Museo Dr. Belisario Domínguez, en Chiapas

Conoce este interesante recinto, ubicado en el Pueblo Mágico de Comitán, donde el célebre político chiapaneco (duro crítico del gobierno del usurpador Victoriano Huerta), nació en abril de 1863.

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A veces, entre las cosas sencillas de la vida, al cruzar por la puerta de una casa penetramos de inmediato a un fragmento congelado de la historia, a una estampa fidedigna del ayer, al momento perdido de otras épocas que hoy sólo recordamos por los libros o por las pláticas de abuelos y maestros.

Esa sensación nos invade al entrar al domicilio señalado con el número 29 de la Avenida Central Sur de la ciudad de Comitán de Domínguez. El visitante se sumerge en el Chiapas del siglo XIX y allí, entre las sombras de los pasillos, cree escuchar aún los latidos de un corazón valiente que luchó sin tregua por la justicia y por la palabra libre. Los recuerdos, la épica de una vida patriótica y la belleza antigua del lugar se deslizan como la luz a través del follaje del lugar. Don Belisario Domínguez fue un senador chiapaneco que, en el verano de 1913 elaboró dos discursos elevando la voz de la dignidad nacional en contra del dictador Victoriano Huerta, usurpador de la presidencia de la República y asesino intelectual de Francisco I. Madero y de muchos otros patriotas mexicanos. Eliseo Mellanes nos relata en su Historia de Chiapas la osadía del comiteco: “La represalia de la dictadura no se hizo esperar y el 7 de octubre de 1913, policías federales aprehendieron a don Belisario en el hotel Jardín de la Ciudad de México desde donde fue conducido al panteón de Coyoacán y, es fama que antes de ser cobardemente asesinado, le arrancaron la lengua para llevarla como trofeo…”.

Por ese acto de valor civil y su sacrificio se conoce en la historia mexicana la figura del ilustre chiapaneco. Por lo demás, poco se sabe de este personaje que fue también un médico altruista, egresado de la Sorbona de París, benefactor de los pobres, enemigo de los caciques, periodista de denuncia. Belisario Domínguez Palencia nació en la residencia que hoy es su Casa Museo el 25 de abril de 1863. Fue hijo de Cleofás Domínguez, un valiente comerciante que perdió una pierna combatiendo a los enemigos de don Benito Juárez. El joven Belisario realizó sus estudios de secundaria y logró el grado de bachiller en San Cristóbal de las Casas, era tal su dedicación al estudio que su padre lo envió a Paris a estudiar medicina en el año de 1880. Belisario Domínguez estuvo durante 10 años en Europa y se recibió con el título de médico oculista, cirujano y partero. A su regreso a Comitán, fue recibido como un héroe local. Durante el convivio de bienvenida se reencontró con su prima Delina Zebadúa, con la que posteriormente se desposó. Instaló su consultorio a un lado del portón de la casa y ahí recibía a los enfermos. Dedicaba tres días de la semana a la atención de los pobres, a los que además de no cobrarles, les obsequiaba los medicamentos. Con frecuencia cabalgaba hasta las cañadas tojolabales para atender a los más desamparados.   

Más tarde la vida del doctor cambiaría radicalmente, pues en poco tiempo perdió a sus padres, su hermana y su esposa. Es entonces cuando, además de la medicina, comienza a practicar la política, honesta, liberal y revolucionaria que lo llevaría hasta la muerte. Desde el consultorio que tenía en Tacubaya, en la Ciudad de México, Belisario Domínguez patrocinaba la publicación de El Vate, que trataba de formar conciencia de la inminente caída de la dictadura y de los tiempos que se avecinaban. A su regreso a Comitán, ya durante el gobierno de Francisco I. Madero, don Belisario fue electo presidente municipal de su pueblo y más tarde se convirtió en senador, distinguiéndose siempre por su lucha contra los caciques locales. Aún muerto, la casa donde nació y vivió los mejores años de su vida fue repartida entre los hijos y una parte, la que hoy es museo, fue vendida a una familia norteamericana. En 1976, el gobierno estatal rescató la vieja casona para convertirla en un lugar en que las nuevas generaciones pudieran adentrarse en la vida de este mexicano de estatura universal, pero no fue sino hasta 1985 cuando la Casa Museo Belisario Domínguez abrió sus puertas al público. La labor museográfica estuvo a cargo de la señora Hilda Castañón Morell y fue la propia doña Hermila, hija de don Belisario, quien donó la mayor parte del mobiliario, los enseres, las fotografías, el instrumental quirúrgico y los objetos de la farmacia que pertenecieron a su padre. 

La primera sala del museo corresponde a la farmacia La Fraternidad, y nos muestra una página de la historia de la farmacéutica, no sólo de Chiapas sino de todo México y de América. Destaca la alacena de madera abarrotada de pomos de cristal, porcelana y aluminio, en donde se guardaban los ingredientes medicinales que ahí mismo se preparaban en morteros y matraces. También están expuestos los tubos de ensaye, las balanzas y las pesas de diferentes tamaños, un destilador de cobre y otros implementos. Hay así mismo vitrinas con la correspondencia que mantenía la farmacia con sus proveedores nacionales y extranjeros, hojas publicitarias de medicinas preparadas como las pastillas del doctor Richards, que se anunciaban como panacea para la tisis, el estreñimiento, la indigestión y los sudores nocturnos, el Aceite Eléctrico para dolores reumáticos, las píldoras de droga pura del doctor Ross, la leche malteada Horlick para alimento de los niños y mucha más publicidad de otros productos que allí se vendían junto a las yerbas medicinales de los antiguos mayas, en las cuales el doctor Domínguez confiaba para la curación de ciertas enfermedades.

El investigador Edgar Robledo Santiago nos relata que el ayudante principal de la botica “…era un enanito llamado Asiselo Alfonso Nájera, hombre demasiado servicial, a quien se atribuyen muchas aventuras; mucha gente creía que había llegado en un circo; otros que era oriundo de la ciudad”. El recinto siguiente es la Sala Familiar. Los muebles son de manufactura austriaca, las cortinas de encaje francés y los espejos provienen de Francia, mientras que el tapete es afgano. Ahí está el piano en donde la niña Hermila Domínguez deleitaba a su padre con la melodía “Los Reservistas”, cuando el galeno tomaba unos minutos de descanso entre consulta y consulta.   

En esta misma sala hay varias vitrinas repletas de fotografías y objetos, todos ellos recuerdos familiares, muy queridos del doctor. Más adelante está la recamara o dormitorio del doctor Domínguez. La cama que utilizó de soltero y de viudo, la cobija con sus iniciales, un baúl de viaje, la vitrina con un impecable raje de gala y algunos objetos personales como el fistol, el sombrero de copa, el bastón y las dos mancuernillas. El consultorio es una de las salas más interesantes del museo. La mayor parte del instrumental médico-quirúrgico provenía de la casa P.C. Lorenz de Nueva York y era lo más adelantado de la época. Recordemos que los médicos de aquellos tiempos lo mismo extraían una muela que amputaban una pierna gangrenada, atendían un parto o suturaban un machetazo. Aquí está expuesto también un alambique que el doctor Domínguez diseñó para obtener, por destilación, hidrolado de azahar y el agua que utilizaba para la preparación de las medicinas. En este aposento están el escritorio de trabajo, los libros de consulta médica, el maletín y las maletas especiales para llevar pomos con químicos medicinales o instrumental quirúrgico a las frecuentes visitas domiciliares. 

Enseguida entramos a la sala del Marco Histórico. En ella están expuestos los documentos que marcan el inicio de la vida política de nuestro personaje. Hay ejemplares de los volantes “Chiapas”, “Señores Periodistas” y algunos números de “El Vate”, amén de numerosas fotografías y documentos. Sobresale la respuesta que le envió a un cacique sancristobalense que solicitaba su apoyo para propugnar porque la capital de Chiapas fuera trasladada de la ciudad de Tuxtla a San Cristóbal. El comiteco respondió con un reto a duelo a muerte que, obviamente, el potencial contrincante no aceptó. La Sala del Senado atesora los testimonios del paso, rápido, brillante y mortal, de Belisario Domínguez por el Senado de la República; hay fotos de la Decena Trágica, una síntesis de lo que ocurría en el país en aquellos años, una foto de María Hernández Zarco, la mujer que, arriesgando su trabajo y su vida, imprimió los históricos discursos. Podemos ver el ejemplar de un periódico que reseña el asesinato del senador Domínguez e imágenes del encarcelamiento de los legisladores después de la disolución de las Cámaras.   

La pequeña Sala del Discurso es la depositaria del manuscrito de denuncia que marcó un parteaguas en la historia de la Revolución Mexicana. En una de las paredes está reproducido el discurso completo de Belisario Domínguez para aquellos que quieran conocer en detalle el mensaje valiente del senador comiteco. El águila de la bandera nacional, labrada en madera, preside el aposento. En la Sala de Documentos, retomamos de nuevo a la vida familiar del doctor Domínguez. En ella se presentan 58 años, de 1855 a 1913, de convivencia social de nuestro personaje con los suyos. Podemos ver avisos de serenatas en la plaza de Comitán, boletos del circo Progreso, participaciones de boda, programas de teatro, prospectos de la lotería Alemana de Dinero. También hay boletas de contribución, telegramas, tarjetas de presentación y de felicitación, reglamentos municipales y desplegados, entre otros muchos otros papeles de interés.

El último salón es la Biblioteca especializada. Los libros y enciclopedias de cirugía, oftalmología, ginecobstetricia y medicina general. La mayoría están en francés y comparten el espacio con el Quijote de Cervantes, con los escritos de Homero, Platón y Cicerón, con la filosofía revolucionaria de Voltaire y Emmanuel Kant, con la prosa de Zolá, de Calderón de la Barca y de Shakespeare, entre otros autores cuya lista seria interminable. La casa en sí es muy hermosa, fue reconstruida conforme a la época con sus arcadas y delgadas pilastras de madera que rodean al jardín, en donde crecen flores domésticas y salvajes, en especial las que eran preferidas por el doctor. Los frescos corredores invitan al reposo y a ia meditación; hay bancas para descansar durante el recorrido. Desde su apertura, la Casa Museo recibe un promedio de 10,000 visitantes al año. En su interior se efectúan eventos artísticos y culturales en un salón creado para este fin. El viajero que pasa por Comitán tiene un buen motivo para prolongar su estancia en esta ciudad. La Casa Museo es un libro abierto de la vida de Chiapas y de México, una estampa del ayer, un acervo de la historia de la farmacéutica y la profesión médica en nuestro país.

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