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La cerámica Servín

“El que da un ser al barro. De mirada aguda, moldea, amasa el barro. Al barro le enseña a mentir. En dialogo con su propio corazón, hace vivir las cosas, las crea…” M. León Portilla, Crónicas

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De incalculable valor estético, y apreciada por su gran valor utilitario, la cerámica ha sido desde tiempos ancestrales un arte sobresaliente que el ser humano ha desarrollado para ayudarse en su diaria sobrevivencia. La cerámica, tanto técnica como plásticamente, fue el oficio más desarrollado entre las diversas culturas de México durante la época prehispánica. Las vasijas y los diversos objetos creados a partir del barro, amén del uso doméstico que tenían, eran objetos importantes en los ritos mortuorios, religiosos y de representación. Según las crónicas recogidas por los españoles a su llegada a Mesoamérica, los objetos de cerámica simbolizaban para nuestros antepasados a las divinidades y eran expresión de relación con la muerte. El ceramista ozuquichiuhqui introducía en sus piezas el simbolismo de la divinidad: la obra tenía “vida propia” y era transmitida por el artista bajo la inspiración divina. 

Así pues, el creador, el artista, tenía la responsabilidad social de “humanizar los corazones” y estaba consciente de su carácter de “creador de un mundo de formas y colores”.  A pesar de su evolución como forma de expresión artística, la cerámica nunca ha perdido su uso primario (el de servir como recipiente), y no obstante el desarrollo en las técnicas de moldeado, cocimiento y decorado, aún subsisten las formas primitivas de producción tal y como las conocieron nuestros ancestros. Sin embargo hay quienes han aprovechado en buena medida los adelantos tecnológicos para crear nuevas maneras de producir; un exponente de ello es el señor Servín, cuya obra es una muestra de cerámica contemporánea que en la actualidad sólo se produce en los talleres de su familia. Con una mezcla de formas convencionales y un decorado barroco de estilo indefinido, los cerca de 90 modelos de piezas cerámicas que incluye la producción de estos talleres, sustentan orgullosamente en su base inferior la “S” de la firma de su creador: Javier Servín. 

En solo 15 años, Javier Servín pasó de ser un modesto estudiante de arquitectura a un exitoso fabricante de cerámica horneada a altas temperaturas, hecha con los más finos materiales y bajo los cuidados personales de su creador. Su ciclo de producción es sumamente minucioso y el resultado es un producto de muy alta calidad y de una gran perfección.  Siendo estudiante de arquitectura, Servín buscó empleo pues necesitaba dinero para sustentar los costos de su carrera; tuvo la oportunidad de entrar como aprendiz de decorador en un taller de cerámica de coyoacán, lo cual le permitió familiarizarse con el diseño, los colores y la plástica. Pronto, Servín se interesó más por la cerámica que por la arquitectura y al cabo del tiempo abandonó su carrera. “Empecé a aprender –nos cuenta- yo no sabía nada pero tenía la inquietud de aprender, sólo tenía nociones de dibujo. Después de seis meses como aprendiz me quedé como decorador.

El aprender me empezó a dejar, aparte de satisfacciones personales, más dinero del que hubiera ganado como arquitecto”. Y ciertamente, Servín aprendió. Las piezas que hoy forman su producción son en parte resultado de aquel interés y en parte fruto de su afán por ser “alguien, porque hay que ser ambicioso ¿verdad?, Tener metas”. Su meta fue independizarse y montar su propio taller para seguir con el oficio. “Empecé a trabajar solo. Hacía mis piezas un rato y luego me salía a vender a las tiendas. Al principio me desilusionaba porque a veces me compraban y a veces no. Tenía cinco o seis decoraciones distintas, sencillitas, no se parecen a las de ahora. Yo preparaba mis pastas, hacía mis piezas, las decoraba, las horneaba. Era tan difícil vender que no podía pagarle a nadie para que me ayudara. Después mi novia, ahora mi esposa, se fue a trabajar conmigo; entonces mientras ella se quedaba puliendo yo me salía a las tiendas a vender.

Con este cambio, empezamos a hacer nuevas decoraciones y como que ya nos aceptaron más.Esto –señala un jarrón que está empacando para enviarlo a Tijuana- pero más sencillo, fue el principio. Nos comenzaron a pedir cosas, a comprar, y tuve la posibilidad de contratar a otra persona, luego a mi hermana y así seguimos durante un tiempo y empezamos a sacar más modelos.  “El taller fue creciendo; ha llegado a tener hasta 12 trabajadores (hoy sólo hay nueve) y tuve que ver la posibilidad de cambiar de lugar porque estaba en casa de mis papás. Compramos aquí en Xochimilco y en dos años construimos esto”  “Esto” es un taller que abarca dos galerones, un almacén y un patio, donde están los contenedores don la pasta en etapa de reposo ¿Quién podría imaginarse que lo que ahora es un jarrón o una maceta, estuvo uno o dos meses en reposo “pudriéndose” en gigantescas tinas de agua?    

La complejidad del proceso de producción empieza por la variedad de materiales que componen la cerámica ya que se usan tres diferentes tipos de pasta, según lo que se pretenda hacer (pasta para piezas torneadas, para piezas de molde y para el esmalte). La primera etapa del proceso es el llamado tiempo de añejamiento o fermentación, que consiste en dejar reposar la pasta en piletas con agua y pulque –uno de los “Secretos” de los artesanos ceramistas- para lograr una mayor fragmentación de sus componentes y por tanto una consistencia mássólida, es decir mayor dureza y resistencia.  Después de este paso, la pasta se seca por evaporación y se empaca en gruesas bolsas de plástico donde se conserva en el punto exacto de humedad que se requiere para moldearla. La pasta que se utiliza para piezas torneadas se tiene en reposo durante un mes, tiempo que se duplica o se triplica para la usada en las piezas de molde. 

La pasta para el esmalte no requiere de este proceso ya que toma su consistencia de materiales que aquéllas no incluyen, como son las sales de cobalto (para el color azul) o diferentes pigmentos (para los colores café, naranja o rosa).  La mezcla de arcilla, caolín, feldespato y barro da como resultado una argamasa que, después de la fermentación, está lista para ser transformada, ya sea en diminutas figuras meramente decorativas o en preciosas vajillas de rutinaria funcionalidad.  Y aquí es donde comienza la segunda etapa del ciclo productivo, la dedicada a “darle vida” a esa masa sin forma que poco a poco adquiere sinuosidad en manos del tornero, manos prodigiosas de donde las curvas surgen como por arte de magia y logran transformar un fragmento de la madre tierra en un objeto primario de belleza óptima.  Después de que la pieza está torneada se tiene que dejar secar durante uno o dos días (las piezas más grandes requieren de 15 a 20 días) para posteriormente pasar a la siguiente etapa: el pulido. Pulir la pieza consiste en limpiarla, darle lustre y esmaltarla por dentro.

El esmalte le da brillo e impermeabilidad a las piezas, lo cual permite –junto con su cocción a altas temperaturas- el uso doméstico del recipiente sin que los alimentos se contaminen del alto contenido de lomo que tienen el barro y la arcilla. Una vez pulidas, las piezas están listas para ser decoradas. Esta parte del proceso es la más tardada y laboriosa, pues en ella la piezas deben someterse a una manipulación que las expone a resquebrajaduras accidentales. En la torneta (una especia de torno manual) comienza el decorado a lápiz de las líneas básicas, que culmina con el trazo a mano alzada de los dibujos simétricos, ahora con pincel; el esmalte, que desde aquí toma su relieve, es aplicado con sumo cuidado para que no se corra.

Flores, cruces, puntos, líneas y curvas surgen en el momento y si un modelo fijo que copiar. Ninguna pieza es exactamente igual a otra puesto que el trabajo artesanal es libre. Los diferentes objetos son colocados en las manos del decorador y éste se guía por la imaginación para mezclar colores y formas hasta obtener una pieza única, irrepetible.  Hay sólo un punto básico obligado: el azul que marca la cerámica Servín como un toque de personalidad y de reconocimiento. No es necesario levantar las piezas para corroborar que lleven la firma en su base pues no hay cerámica que se le parezca. Los diseños son creaciones personales y la calidad comparable a la cerámica italiana o a la porcelana china. 

El último paso en el proceso es el horneado que se hace en hornos especiales con cubierta de fibra cerámica a altas temperaturas. La cerámica esmaltada requiere de una temperatura de 1260ºC durante 6 o 7 horas para lograr finas y sólidas figuras de elegantes diseño, que , sin perder su toque colonial mexicano, nos recuerdan algunas piezas del Medio Oriente. Y es precisamente la calidad lo que ha llevado a Javier Servín a ganar diversos concursos nacionales de artesanías como el X Concurso Nacional de Cerámica, en Tlaquepaque 1986, donde obtuvo el Galardón Presidencial (premio a la mejor pieza encada rubro); el Concurso de Artesanías 1987 que tuvo lugar en Xochimilco, donde ganó el primer lugar; el XII Concurso Nacional de Cerámica, en Tlaquepaque 1988, donde ganó el primer lugar en cerámica contemporánea y nuevamente el Galardón Presidencial, el Concurso de Artesanías de Toluca en 1994, donde obtuvo primero y segundo lugares, y el Concurso Nacional de Artesanías de Fonart (Fondo Nacional de Artesanías), donde también fue merecedor del primer premio.    

Pero los galardones no son lo más importante del trabajo de Servín. La mayoría de las piezas tienen un uso doméstico específico y a éste se remite su importancia: copas, platones, joyeros, tazas, molcajetes, macetas, lámparas, candelabros, jarrones, ceniceros… son hechos para ser usados (sólo hay tres o cuatro modelos meramente decorativos), “porque en estos días, las personas que compran algo buscan que tenga utilidad, que funcione, no solamente lo ponen para que se vea bonito”. Sin quererlo, Servín enfatiza el principio básico por el cual se creó la cerámica: ayudar en las faenas diarias de supervivencia; y aunque ha perdido, en manos de los adelantos tecnológicos, la rusticidad de aquellos jarros de los zuquichiuhquis, aún persiste en su formas –y con gran belleza- el sentimiento primitivo de la creación artística.  Los prodigios que tienen como manos nuestros ceramistas siguen siendo los que dan vida a la tierra, los que dialogan con su propio corazón.

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