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La Legendaria bonanza minera de El Rosario, Sinaloa

En 1780 El Rosario era el poblado más próspero del noroeste. Fue el primer enclave electrificado en esa región del país y allí estuvieron los Poderes del Congreso de Sinaloa.

“Ese día de mayo, había yo reunido algunos amigos en mi residencia de El Rosario. El Rosario es, o más bien era una ciudad de México, en la costa del Pacífico, un poco al sur del Golfo de California. Unos diez años antes me había instalado allí para dirigir la explotación de una mina de plata de mi propiedad; mis negocios habían progresado extraordinariamente, era un hombre rico, hasta muy rico, ¡esta frase me hace reír hoy! y proyectaba regresar en breve plazo a Francia, mi patria de origen. Mi residencia, de las más lujosas de El Rosario, se hallaba situada en el punto culminante de un vasto jardín, que descendía en pendiente hacia el mar y acababa bruscamente en un acantilado cortado a pico de más de cien metros de altura”. Julio Verne “El eterno Adán”.

Antes de la llegada de los españoles, el territorio de lo que hoy es el municipio de El Rosario estaba habitado por los totorames, desde el valle hasta la costa. Ocupaban la región comprendida entre el río Piaxtla y el río de Las Cañas; integraban en esta región un señorío hereditario y su cabecera se localizaba en el pueblo de Chametla (que en náhuatl significa: lugar donde abunda la chía). Esta gran población prehispánica pertenecía a la cultura aztlán (900 a 1400 a.C.). Su cerámica alcanzó un alto grado de desarrollo y era de excelente calidad y belleza. Tuvieron constantes enfrentamientos con los xiximes y escasees, vecinos aguerridos y violentos, y fueron desapareciendo, de tal manera que a la llegada de los españoles el grupo se había extinguido casi en su totalidad.

Cuentan que el 3 de agosto de 1655, el caporal Bonifacio Rojas se percató de que le faltaba una res y corrió a buscarla. Se fue por el río y llegó a un lugar que hoy se conoce como la loma de Santiago y desde allí divisó la res que se había extraviado. A toda velocidad corrió hacia ella y en la carrera se le rompió el rosario que llevaba puesto; todas las cuentas cayeron al suelo y se dispersaron. Para no detenerse, Bonifacio lanzó su sombrero en ese lugar para que, al regreso, le fuera más fácil identificarlo. Cuando las últimas luces del día comenzaban a desaparecer y aún sin encontrar su res, decidió regresar al lugar donde había quedado su rosario. Como la noche había caído encendió una fogata. Al despertarse a la mañana siguiente tuvo una enorme sorpresa: donde la fogata había una gran cantidad de plata adherida a una peña.

Bonifacio fue rápidamente a dar cuenta a su patrón del extraordinario hallazgo, y éste corrió al lugar para cerciorarse de lo dicho por su caporal. Al ver la plata, lo primero que hizo el español fue dar un tajo en la peña, y con ello inició la explotación de este precioso metal. Desde entonces se le llama Mina de Tajo; así surgió la ciudad de El Rosario y se atribuye la fecha antes mencionada como la de su fundación. En 1780 El Rosario era el poblado más próspero del noroeste, con una población de 7 000 habitantes. Fue el primer enclave electrificado en esa región del país y además fue elevada al rango de ciudad-asilo, pues temporalmente estuvieron allí los Poderes del Congreso de Sinaloa.

Los trabajos subterráneos se extendían debajo de la población en una extensión cercana a las 150 hectáreas y la distancia lineal que cubría sus galerías, tiros, pozos, cruceros y caminos, accesibles y en tráfico, era de 70 kilómetros. La máquina de izar establecida en el tiro principal podía extraer de 400 a 500 toneladas de roca diariamente.

En el libro de Gutierre Tibón, Aventuras de México, aparece la siguiente información: “En la historia de la minería mundial no ha habido una sola mina con la ley de Sinaloa.” Y luego aclara: “sé que esta bonanza legendaria pertenece al pasado, pero ¿por qué no recordar que en El Rosario, sobre una tonelada de mineral, ¡400 kilos eran de oro!?

A finales de los años veinte y principios de la siguiente década, los laberínticos túneles que cruzaban el pueblo a través del subsuelo provocaron que varias calles se hundieran, con el consiguiente deterioro de la mayoría de los edificios importantes. Esto hizo necesario demolerlos. De esta manera, paulatinamente fueron desapareciendo edificios como la Plazuela Hidalgo, la Casa Consistorial, el Palacio Municipal, así como gran parte de los bellos edificios coloniales de cantera rosa. Hoy todavía podemos ver el antiguo cementerio español, que alberga tumbas de finales del siglo XVIII y del XIX.

La bellísima parroquia, cuya versión original fue terminada en 1759, es una verdadera joya colonial de estilo barroco. Su retablo tiene una interesante mezcla de estilos: grecorromano, barroco y churriguresco. Lamentablemente, en 1934 tuvo que ser demolida por los motivos antes mencionados. Entonces todos los habitantes, movidos por la fe y por el hecho de saber que lo único que garantizaba la supervivencia del pueblo era la existencia de su parroquia, iniciaron la titánica labor de traspasar la iglesia, piedra por piedra, a un nuevo lugar no lejos de allí. La tarea no fue fácil, pues pasaron 20 años antes de que la iglesia fuera completamente terminada.

En 1954 los lugareños pudieron asistir a la primera ceremonia en la “nueva” parroquia de la Virgen del Rosario. Los rosarenses de hoy han volteado hacia los enormes esteros que bañan toda la región y que son el inicio de la zona más extensa de esteros en todo el país: marismas nacionales, la pesca está muy desarrollada y la variedad de especies es rica y abundante: lisa, róbalo, pargo, curbina, entre otros. Los esteros de Agua Verde, Chametla y la laguna El Caimanero están conectados entre sí. Aquí los proyectos de acuacultura son visibles; encontramos granjas y laboratorio de poslarva de camarón. La pesca de este marisco es de gran importancia.

Un ejemplo de esto lo tenemos en la bellísima laguna El Caimanero, donde la producción de camarón es una de las más destacadas del estado. En la región también existen granjas de avestruces, que tienen gran demanda en el mercado norteamericano. El Rosario de hoy es un apacible poblado y su gente es cordial y alegre. Desde la laguna se puede disfrutar de una hermosa vista: se ve la loma de Santiago con sus socavones abiertos y parte de la fachada de lo que fuera la antigua parroquia. Frente a la actual iglesia se encuentra una hermosa plaza con su kiosco y un momento en memoria de la cantante Lola Beltrán, una de las hijas predilectas de El Rosario; sus restos descansan en el cementerio del lugar. El Rosario se localiza a 76 km al sureste de Mazatlán y constituye, definitivamente, uno de los principales atractivos del estado de Sinaloa. 

SI USTED VA A EL ROSARIO 

De Mazatlán tome la autopista núm. 15 en dirección a Villa Unión, al llegar a esta ciudad continúe por la carretera federal hacia el sur; 45 km adelante encontrará la población de El Rosario.

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