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La mariposa Cuatro Espejos

Al hablar de insectos nocturnos, lo primero que nos viene a la mente es el sonido que emiten los grillos con sus patas posteriores al caer la noche, o la brillante luz de las luciérnagas que vemos en un bosque oscuro.

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Pero casi nadie piensa en las mariposas nocturnas, como comúnmente se les llama a esos impresionantes papalotes de colores café y negro que a menudo encontramos pegados en alguna pared al prender la luz del garaje, o proyectando una gran sombra alada al revolotear en algún farol.

Estas mariposas nocturnas se diferencian de las diurnas en que sus orugas tejen capullos para protegerse de algunos depredadores y de las inclemencias del tiempo al cambiar a crisálidas; en que al encontrarse en reposo, mantienen las alas abiertas y extendidas, mientras que las diurnas las mantienen unidas y verticales; en que los colores son más oscuros y discretos y los cuerpos más robustos; y en que, como su nombre lo indica, sólo vuelan cuando el Sol se esconde.

Aunque estas mariposas nocturnas no han sido estudiadas con mucha profundidad en México, se dice que existen alrededor de 35 mil especies. Una de las familias más hermosas es la de las satúrnidas (pertenecientes al orden de los lepidópteros —alas de escamas—, y a la clase de los insectos). Las satúrnidas son mariposas de grandes dimensiones que poseen alas decoradas con dibujos simétricos; en México su principal representante es la mariposa cuatro espejos (Rothschildia Orizaba) Westwood. Culturas precortesianas, como la azteca, ya la conocían y la llamaban en náhuatlizpapálotlo mariposa navajas de obsidiana, nombrada así tal vez por los dibujos que presenta en las alas.

La vida de esta mariposa nocturna consta de cuatro etapas: huevo, oruga, crisálida y mariposa. Comienza cuando los blanquecinos huevecillos hacen eclosión y de ellos salen unos diminutos gusanos con cabeza y mandíbulas desproporcionalmente grandes, cuya función es abrir un agujero en la cáscara del huevo y alimentarse de los elementos nutritivos contenidos en el mismo. Estos gusanillos van poblando poco a poco los árboles donde el huevo fue puesto, principalmente pirules, escogidos por las mariposas hembras debido a las sustancias químicas que poseen. Desde que dejan el huevo, se alimentan de cualquier hoja hallada en su camino, por lo que son considerados peligrosos defoliadores. Al principio son muy vulnerables; mientras más rápido se alimenten y comiencen a crecer, más oportunidades tienen de sobrevivir.

Con el paso del tiempo, estos gusanillos crecen y cambian de piel. Debajo de la piel vieja existe una nueva y más amplia que les permite alargarse. A causa de la actividad que desarrollan, necesitan mucho alimento y oxígeno en grandes cantidades, el cual pasa a los fluidos del cuerpo por unos orificios respiratorios que se encuentran en la piel del gusano. Poco después de la última muda ya son orugas rechonchas de color verde brillante con líneas amarillas que dividen los segmentos de sus cuerpos, los cuales tienen hileras de puntos anaranjados de donde brotan pequeñas vellosidades negras. La mitad inferior de la oruga es verde con pelillos blancos; éstos le dan un tono grisáceo, y están separados de la mitad superior por una franja color crema. Aquí se encuentran cinco pares de propatas, también llamadas patas toráxicas (apéndices abdominales muy fuertes que les sirven para caminar y sostenerse). El último par es el más vigoroso, y si se le observa con detenimiento, se localizarán unas rayitas negras en los costados. La oruga se desplaza manejando su presión sanguínea para mover las propatas seleccionadas en la dirección deseada; su cuerpo está formado por un tejido muy flexible y puede encorvarse y torcerse hacia cualquier dirección.

En los adultos, la cabeza es pequeña en relación con el resto del cuerpo; en ella se encuentran los órganos sensoriales: dos semicírculos formados por ocelos sensibles a la luz, los cuales permiten a la oruga saber lo que ocurre en su entorno; también ahí se encuentran los órganos masticadores y la glándula serígena, productora de seda. El sistema nervioso de la oruga es muy primitivo; cuenta solamente con un ganglio que funciona como cerebro.

Aunque sean relativamente grandes y posean colores vistosos, no es fácil localizarlas ya que se confunden con las ramas y se necesita observar con atención para localizarlas; una vez que se les conoce, no es raro encontrar hasta veinte individuos en un pirul de tamaño mediano.

En las épocas más calurosas del año, cuando la oruga ya está preparada para pasar del estado larvario al de transición —esto es, cuando posee en su cuerpo todas las células necesarias para convertirse en mariposa—, comienza a alimentarse en mayores cantidades. Consume principalmente tallos, debido a que todas las reservas de proteínas y energía que necesitará durante el resto de su vida deben ser almacenadas en este periodo. Después de consumir suficiente alimento, la oruga comienza a formar un capullo de forma irregular para disimular la silueta de la crisálida e imitar una hoja muerta. Lo primero que la oruga hace es asegurar perfectamente la rama que la sostendrá forrándola desde la base con seda blanca y resistente producida por la glándula serígena; posteriormente, en un lapso de 24 horas, se va encerrando con gran paciencia y cuidado mientras hila a su alrededor un capullo de la misma seda, fuertemente adherido a las hojas de la rama previamente asegurada. Dentro de este capullo protector y sin aberturas aparentes se da la magia de la metamorfosis: la oruga se convierte en una crisálida o ninfa. A simple vista parece encontrarse en estado inerte, pero dentro de la cubierta tiene lugar un proceso inimaginable; hay una reorganización impresionante de tejidos controlada por hormonas: se pierden las propatas y surgen tres pares de patas compuestas y con articulaciones; se adquieren las majestuosas alas; los órganos bucales pasan de masticadores a succionadores; los órganos reproductores se desarrollan al máximo y aparecen las divisiones del cuerpo como en todos los insectos, entre muchas otras cosas que sólo pueden ser creadas por la sabia madre naturaleza.

La mayor parte de las orugas pasan por todas las etapas y llegan a ser mariposas sin problema alguno, pero otras, al convertirse en crisálidas, son invadidas por insectos parásitos, como pequeñas arañas y moscas, que se las ingenias para encontrar una abertura en el capullo y depositar dentro sus huevecillos con el fin de que sus larvas se alimenten de la inofensiva crisálida; así la destruyen completamente.

Las crisálidas que se salvan, de vez en cuando se mueven intermitentemente, lo cual demuestran que aún se encuentran vivas.

Cuando ha pasado el tiempo suficiente y los procesos de metamorfosis se han completado, la crisálida ya convertida en mariposa bombea fluidos corporales hacia la cabeza, sale por la boca y disuelve la seda del capullo en los puntos más débiles. Así abre un orificio por donde saldrá con ayuda de sus nuevas patas. Al abandonar por completo el capullo, la mariposa expulsa aún más líquido, almacenado durante su etapa de crisálida. Al principio tendrá las alas flácidas y débiles, unidas al cuerpo por placas quitinosas, pero en cuestión de minutos la presión sanguínea y la contracción muscular hacen que éstas se desplieguen y poco a poco vayan adquiriendo su forma normal, además de ayudar a regular la temperatura del cuerpo del insecto absorbiendo o desprendiendo calor, según sea el caso. También el exoesqueleto del insecto es blando; si la mariposa sufre algún daño o caída, corre el riesgo de quedar deforme.

Es increíble observar, cuando la gran mariposa cuatro espejos sale del capullo, cómo las alas membranosas y recubiertas de escamas van adquiriendo por ambos lados tonos café y oro. Dichas alas tienen dibujos simétricos que las ayudan a confundirse con el medio, además de presentar un triángulo sin escamas que refleja la luz como un espejo; de ahí seguramente el nombre de mariposa cuatro espejos.

El abdomen está segmentado, es de color café claro y está dividido transversalmente por una franja blanca. De éste salen seis fuertes y velludas patas. La cabeza de la mariposa es pequeña y está dispuesta hacia abajo; aquí se encuentra el órgano bucal llamado espiritrompa o probosa: es una trompa chupadora que posee la característica, única en los insectos, de enrollarse y desenrollarse y sirve para succionar néctar y agua, lo único que incluyen en su dieta durante esta etapa de su vida.

Tanto la hembra como el macho de esta especie se especializan en la reproducción: se aparean tan pronto como pueden después de salir del capullo. El dimorfismo sexual (diferencia entre macho y hembra), a simple vista no es muy marcado; el macho es un poco más pequeño y el cuerpo es menos robusto; además de que las antenas son plumosas y se encuentran muy desarrolladas, éstas le sirven para detectar el olor de la hembra (feromonas), producido por un aparato que consta de una glándula sexual odorífera localizada en la punta del abdomen.

Los machos están condicionados para reconocer este olor; lo pueden distinguir a una distancia hasta de 10 km; vuelan hacia él en línea recta contra el viento y si por algún motivo no encuentran a la hembra, realizan un lento zig-zag de búsqueda; si tampoco la hallan, dan vuelta y regresan al lugar donde lo percibieron por primera vez. Debido a que las búsquedas del macho son muy prolongadas y fatigosas, las alas comienzan a presentar desperfectos y poco a poco pierden la capacidad de volar. Las hembras, más lentas y sedentarias, evitan el vuelo, ya que las agota, por lo que la preservación de la especie depende en gran parte del macho más apto para localizar a la hembra; ella, mientras espera ser fecundada, adopta una posición conocida como “de llamada”.

Cuando por fin el macho la encuentra, se acerca a ella, y después del cortejo, unen las puntas de ambos abdómenes y permanecen inmóviles por algunas horas para que los huevos sean fecundados; después el macho emprende el vuelo en busca de otras hembras, mientras que la recién fecundada guarda los huevos en su vientre por algunos días para después depositarlos en el árbol más adecuado para su protección. Ahí esperarán el tiempo de su eclosión y el reinicio del ciclo.

Debemos proteger y cuidar a la mariposa cuatro espejos, esta especie mexicana, como si se tratara de una tortuga de carey o una ballena azul. Es mucho mejor verlas volar libres en el campo, cumpliendo con su función en la vida, que tenerlas clavadas con alfileres, muertas, en una colección que sólo sirve para lucirla, y que en poco tiempo quedará olvidada y cubierta de polvo, como todas las pertenecientes a esos seudoaficionados que cazan insectos sin pensar en las consecuencias para el ecosistema en que vivimos.

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