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La mayólica de Guanajuato, imaginaria del arte popular

Cuando el hombre del México antiguo dejó la vida nómada, y de cazador y recolector se convirtió en agricultor sedentario, se hizo alfarero.

17-08-2010, 10:39:43 AM
La mayólica de Guanajuato, imaginaria del arte popular
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Es innegable que el arte de la cerámica floreció en México. En cuanto a los estilos propios de cada región, son tan diversos y difieren tanto unos de otros que de ellos podría decirse que constituyen una de las anarquías estéticas más bellas de Mesoamérica.  La cerámica que podríamos llamar mestiza, resultado de la fusión indígena y española, hizo su primera aparición en Puebla y de allí se extendió a Tlaxcala, Oaxaca, Pátzcuaro, Guadalajara, Sayula, Aguascalientes y Guanajuato, adoptando en cada uno de estos lugares un sello distintivo. Alta manifestación de cultura artística, la loza de barro lleva consigo, en su forma y dibujo ornamental, influencias indígenas, hispanas, italianas, chinas y, por supuesto, mexicanas. 

La industria del vidriado y esmaltado del barro cocido pasó de España a México en la segunda mitad del siglo XVI. Durante la época de la Colonia, la producción de cerámica llegó a ser muy abundante y cada locero fabricaba sus piezas a capricho, sin más normas que las que imponían su propio gusto y la costumbre del lugar. A mediados del siglo XVII había tal cantidad de ceramistas que el virrey se vio en la necesidad de crear el gremio de loceros y reglamentar su oficio. El 1653 se redactan en Puebla las ordenanzas que fijaron las condiciones requeridas para ser maestro del oficio, entre ellas la separación de la loza en tres géneros: fina, común y amarilla, las proporciones en que debían ser mezclados los barros para producir piezas de buena calidad, las normas a seguir para el decorado, en las que se establecía que en la loza fina la pintura debía ir guarnecida de negro para realzar su hermosura; además se especificaban cualidades y detalles de fabricación. 

Poco ha variado el procedimiento de elaboración de la loza, Fueron las formas y el decorado los que sufrieron una gran transformación, debido a influencias estilísticas de diferentes épocas.  La alfarería tradicional de Guanajuato tiene su origen en una loza cubierta por un esmalte grueso, blanco y brillante, traído a México por los españoles en el siglo XVI, y que se conoce con el nombre de Mayólica, a diferencia de la producción de Puebla, que la llaman Talavera.

En ambas ciudades son decoraciones de colores muy vivos pero muy diferentes. Durante la Colonia, Guanajuato era un centro minero de gran importancia, y el auge económico que trajo contribuyó al florecimiento de los talleres de cerámica que se dedicaban a producir loza fina para la aristocracia y loza común para el resto de la población. Platos, ollas, barriles, tazones, frascos de farmacia, jarras, macetas, todo tipo de artículos de uso cotidiano para satisfacer las necesidades de sus habitantes y las de las poblaciones vecinas. La decoración consistía, como en la actualidad, en animales, plantas y figuras humanas de tipo popular e histórico, rayas, grecas, volutas, escenas de la guerra de Independencia y muchos elementos más.

Algunos diseños fueron copiados de piezas españolas, pero los alfareros mexicanos los fueron adaptando a su gusto, imprimiéndoles su propia sensibilidad y creando un estilo distinto, fresco y espontáneo.  La técnica de su elaboración, las formas tan antiguas empleadas, el tipo de decoración y en general, todo el proceso manual, convierten a esta cerámica en la única artesanía que desapareció y ha vuelto a rescatarse con todas sus características que le dieron vida siglos atrás.  Actualmente en Guanajuato existen varios talleres importantes que producen, exportan y ganan premios en ferias y exposiciones nacionales y en el extranjero.  Uno de estos talleres es el de Gorky González, artista laureado con el Premio Nacional de Artes Populares, que cuenta con 40 años de experiencia, dedicados al rescate de la mayólica tradicional guanajuatense y a la reproducción de piezas maestras del siglo XIX. 

Otro taller de renombre es el del arquitecto Javier de Jesús Hernández, llamado “Capelo” por sus amigos, y cuyo trabajo es conocido como Mayólica de Capelo. Sus temas favoritos son los paisajes, bodegones, frutas, flores y ángeles. Su obra muestra influencias renacentistas italianas y españolas. Cerramos el capítulo con la Alfarería Aguilera, Cerámica de Santa Rosa. Sus motivos decorativos son tradicionales y producen objetos de uso cotidiano para el comedor y el hogar.  

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