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La porcelana de Compañía de Indias

Cuando en 1573 se establece el comercio directo entre Manila y la Nueva España, por medio de la Nao de China, comienzan a llegar a nuestro país –además de las valoradas especias– una gran diversidad de objetos suntuarios procedentes de Oriente como alhajas, abanicos, lacas, papel tapiz pintado a mano, marfiles mantones, muebles, juguetes y todo género de telas de seda y algodón, objetos todos que cautivaban por sus vistosidad y rareza. Uno de ellos destacó de manera notable sobre los demás: la exquisita porcelana china.

21-07-2010, 11:44:12 AM
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Las primeras porcelanas llegadas a la Nueva España fueron las azul y blanco con decoración y formas plenamente orientales; sin embargo, a partir del siglo XVIII se incorporan a este comercio piezas policromadas, entre ellas las del estilo que hoy conocemos como Porcelana de Compañía de Indias, la cual toma su nombre de las Compañías de Indias Orientales –empresas marítimas europeas– que fueron las primeras en transportarla y venderla en Europa mediante un sistema de muestrarios.

La particularidad de esta porcelana radica en que sus formas están inspiradas en la cerámica y la orfebrería occidental y en su decoración se entremezclan los motivos chinos y los occidentales, dado que fue especialmente diseñada, moldeada y decorada por encargo para satisfacer así al exigente gusto europeo y americano.

En su mayoría, la Porcelana de Compañía de Indias fue realizada en la ciudad de Jingdezhen, que era el principal centro ceramista de China; de ahí, llevada hasta Cantón, en donde la variedad de piezas eran turnadas a los talleres que recibían las porcelanas en blanco, o bien parcialmente decoradas, para que en ellos se les agregara el escudo o las iniciales de los futuros propietarios conforme llegaran los pedidos.

Por otro lado, las compañías marítimas tenían en sus almacenes cientos de piezas ya decoradas con los diseños más comunes, lo que explica el porqué solemos encontrar modelos prácticamente idénticos en colecciones mexicanas y extranjeras.

Fue a mediados del siglo XVIII cuando las élites novohispanas siguieron la moda implantada por el gusto europeo de adquirir dicha porcelana e iniciaron sus pedidos, pero por una vía distinta a la de las Compañías de Indias. Como la Nueva España no contaba con una compañía marítima establecida directamente en Cantón, la comercialización de la Porcelana de Compañía de Indias mas bien se llevó a cabo por intervención de los agentes comerciales novohispanos –radicados en Manila– o de sus socios filipinos, quienes solicitaban las diversas piezas de porcelana blasonada a los comerciantes chinos que arribaban a ese puerto.

Posteriormente, al estar listos los pedidos, eran embarcados hacia costas novohispanas. Ya aquí, los grandes almaceneros recibían la mercancía y se encargaban de su comercialización, ya fuera vendiéndola en las tiendas o distribuyéndola a través de casas comerciales que las hacían llegar a los particulares o a las instituciones que habían mandado a hacer sus vajillas por encargo especial.

Algunas otras porcelanas llegaron incluso como regalo. Platos, platones, soperas, salseras, jarras, bacías, palanganas, perfumeros y escupideras, son algunos de los objeto de uso cotidiano, destinados a la mesa, al aseo y, a veces, al ornato, que los chinos tuvieron que adaptar de sus tradicionales diseños para satisfacer la demanda de porcelana en Occidente.

Especialmente para el mercado novohispano se hizo una serie de objetos como las mancerinas –usadas junto con un pocillo para tomar el popular chocolate– y una serie de servicios de mesa, cuya decoración principal consistía en el escudo familiar o institucional al centro de las piezas que la componían.

Tal es el caso de las famosas Vajillas de Proclamación que tenían una función más conmemorativa que utilitaria y fueron encargadas a China para después ser distribuidas entre los hombres más connotados de la localidad como recuerdo de la proclamación de Carlos IV al trono de España. Así, los Ayuntamientos de México, Puebla de los Ángeles, Valladolid (hoy Morelia), San Miguel El Grande (hoy de Allende), el Consulado de México, el Real Tribunal y la Real y Pontificia Universidad mandaron a hacer estos juegos como una parte más de las fastuosas celebraciones de aquella sociedad barroca.

Los escudos que en ellas aparecen representados fueron tomados de los diseños para las medallas conmemorativas realizados por el célebre grabador Gerónimo Antonio Gil, Tallador Mayor de la Real Casa de Moneda y primer director de la Real Academia de San Carlos, quien realizó varios modelos de medallas entre 1789 y 1791 para algunos tribunales, cabildos y ayuntamientos, también como recuerdo del acontecimiento. La fidelidad con que los chinos copiaron sus modelos es notable, pues incluso reprodujeron hasta la firma de Gil en los escudos que decoran los objetos.

En México subsisten hoy en día algunas de estas porcelanas, tanto en colecciones privadas, como en museos, entre ellos el Museo Nacional del Virreinato o el Franz Mayer que exhibe por lo menos seis sobresalientes ejemplos de platos que en su época formaron parte de las Vajillas de Proclamación. Generalmente, las piezas fueron hechas de una pasta corriente que da como resultado una textura que asemeja la piel de naranja; sin embargo, apreciamos en ellas el cuidado para delinear hasta los más mínimos detalles en el esmaltado.

Estos esmaltes fueron realizados con óxidos metálicos de todos colores, aunque predominan los azules, rojos, verdes, rosas y el oro. A la mayor parte de las piezas se les ornamentó con una franja de color, un lustre de oro y una particular cenefa conocida como “Punta de Lanza”, es decir, una estilización o interpretación de la flor de lis y que junto con la textura rugosa son indicativos de que se trata de una Porcelana de Compañía de Indias.

En una época en que las élites tenían una rica, variada y agitada vida social que implicaba fiestas y tertulias y en las que se manifestaban públicamente el lujo, tanto en el vestir, como en la vivienda, esta porcelana ocupó un lugar destacado en el ajuar de palacios y casonas, compartiendo el espacio con cuberterías mexicanas de plata, cristales de Bohemia y elaborada mantelería con encajes de Flandes.

Desafortunadamente, la producción de la Porcelana de Compañía de Indias decayó a partir de que los europeos fueron perfeccionando el arte de la porcelana –la más fina de las cerámicas–,pero es indudable que este arte suntuario procedente de China influyó notablemente en el gusto de la sociedad mexicana de aquel momento y ello se ve reflejado en la producción local de cerámica, sobre todo la de Talavera poblana, tanto en sus formas, como en los motivos decorativos.

Fuente: México en el Tiempo No. 25 Julio / Agosto 1998

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