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Las pilastras policromadas de Chichen-Itza (Yucatán)

Cuando oímos hablar de la zona arqueológica de Chichen Itzá, las primeras imágenes que acuden a nuestra mente son: El Castillo, el Cenote Sagrado, o el Patio de las Mil Columnas, enmarcados por un cielo azul y un sol que cae a plomo.

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Estas imágenes nos trasladan al sitio, y ya ahí nos asalta un sentimiento de nostalgia al pensar, que prácticamente, por diversas circunstancias, es imposible recuperar gran cantidad de estructuras y pintura mural, al igual que llegar a conocerlas y entenderlas a fondo. Aunque entendemos parcialmente su sistema constructivo-las expresiones artísticas y el manejo que los constructores tenían de diferentes materiales-, este conocimiento aún es limitado, pues según el desarrollo de las ciencias que apoyan a la arqueología y a la conservación, hemos podido percatarnos de detalles y datos que fueron ignorados o prescindibles para la investigación en cierta época. 

Afortunadamente, la huella dejada por tan grandes creadores aún pervive, brindándonos la oportunidad de conocer un poco más su técnica y calidad artística.  Es el caso de las pilastras recientemente descubiertas en la Subestructura del Templo de las Grandes Mesas, en donde se manifiesta de forma por demás estupenda la calidad y el conocimiento pleno que de los materiales tenías los artistas itzáes.  Cuando se me encomendó ir aeste sitio arqueológico, para aplicar a las pilastras los procesos de conservación pertinentes, nunca imaginé ver una obra que, por su estado de conservación, parecía tener muchos menos años de los que sabemos lleva a cuestas: sigue ahí con todo su colorido y esplendor. Mi trabajo inició con la observación detenida, registrando en mi mente hasta el más mínimo detalle relacionado con la técnica de manufactura y el estado de conservación. Este análisis ayuda mucho a conocer la obra en la que se va a trabajar, pues permite distinguir desde las pinceladas y el sentido del artista al aplicar el color, la técnica empleada para obtener determinados tonos, hasta algunas irregularidades hechas sobre la superficie para conseguir ciertos volúmenes (en la cara, las mejillas, los brazos). 

Aunque las pilastras contienen algunos motivos que las unifican, los guerreros representados en los cuatro lados que fueron totalmente liberados (lados sur y oeste de la pilastra norte y lados norte y oeste de la pilastra sur) tienen distintos atributos. Muestra de ello es el personaje deI lado oeste de Ia pilastra sur que aparece “pintado” con color negro. Así mismo existen diferencias entre Ias vestimentas que portan Ios cuatro guerreros: el que se ubica en Ia pilastra norte deI lado sur, por ejemplo, viste una especie de túnica, cuya parte superior de color azul está decorada con motivos amarillos, mientras que en Ia inferior se encuentra un faldellín de serpientes de cascabel color ocre, enmarcadas Ia cabeza y Ia Iengua en un tono marrón, y el resto deI cuerpo, en color negro.  En cuanto inicié Ios procesos de Iimpieza y consolidación, tuve Ia oportunidad de sentir Ia textura de Ia vestimenta de este personaje acentuada por el color azul. Muchos adjetivos vinieron entonces a mi mente, que ahora resumo en dos: una textura muy sedosa y tersa, nada del otro mundo con los recursos técnicos actuales, pero excepcional en aquélla época.

Como especialista en conservación, pienso que dicha textura se debe en gran medida a los aglutinantes empleados, es decir, a la técnica pictórica utilizada.  Conforme me integré física y mentalmente a trabajo de limpieza, fui percatándome de la forma de trabajar del artista.  La paleta utilizada en las pilastras está integrada básicamente por los colores negro, rojo óxido, amarillo, ocre, rosa, verde, azul maya y blanco, que pueden considerarse básicos. Los diferentes tonos se obtuvieron combinando los colores base a través de veladuras (aplicando primero un color oscuro y después uno más claro, casi transparente) mediante rayas oscuras muy delgadas, sobre los colores más claros o aprovechando las sombras producidas por el mismo altorrelieve. Otro recurso fueron Ias conchas de río, aplicadas sobre Ias áreas de Ias unas. Desafortunadamente son pocas Ias que se encontraron, pero es evidente su importancia en estas pilastras, ya que Ia semejanza que guardan con Ias unas otorgan al personaje representado un mayor realismo. 

Con respecto a su conservación, fueron determinantes Ias condiciones climáticas y el hecho de haber permanecido en el anonimato durante largo tiempo, pero sobre todo, el cuidado y esmero con que fueron cubiertas para dar paso a una segunda construcción (el TempIo de Ias Grandes Mesas). Así mismo cabe mencionar, que el o los artistas que realizaron esta obra tuvieron un conocimiento total y pleno de la técnica y materiales empleados.  Como Ias pilastras se encontraron en buen estado de conservación al ser descubiertas, me imagino que el lector en general ha de preguntarse: “¿por qué entonces fue necesaria una intervención de conservación?” Pues bien, después de tantos años de estar cubiertas (enterradas), Ias pilastras alcanzaron un determinado equilibrio físico-químico, es decir, poco a poco fueron acostumbrándose a cierto grado de humedad y temperatura, al igual que a Ia oscuridad.

Pero en el momento en que fueron liberadas, se expusieron a condiciones ambientales muy distintas. De ahí Ia importancia de Ia conservación, para “ayudarles” a acoplarse a Ias nuevas condiciones geoclimáticas. Hagamos un ejercicio mental: imaginemos que ocupamos el sitio de Ias pilastras; hemos estado enterrados poco más de mil años; nuestra casa ha sido el sascab y Ia piedra caliza; nuestros compañeros de “habitación “, Ias raíces de Ias plantas y cierto tipo de roedores; el agua de lluvia alcanza a filtrarse; nos encontramos rodeados por una oscuridad casi total y no estamos expuestos a ningún tipo de agresión. Sin embargo, repentinamente, comienzan a quitarnos ese “abrigo” protector. ¿Qué pasa entonces? Sentimos demasiado calor, tenemos sed, y Ia luz nos hiere: no podemos aclimatarnos tan fácilmente a Ias nuevas condiciones. Necesitamos ayuda para acoplarnos paulatinamente a nuestra nueva situación.  Precisamente Ia función deI conservador es dar medidas preventivas a Ia obra para que en el momento de ser expuesta a condiciones tan diferentes no contraiga alguna “enfermedad” y logre sobrevivir. 

Lo primero que hice fue un análisis deI estado de conservación de Ias pilastras para después efectuar una Iimpieza que consistió en eliminar Ias acumulaciones calcáreas y el sascab aglomerado en Ias zonas bajas deI relieve (además de quitar raíces y excreciones de sales solubles) que impedían una “lectura” clara.  EI proceso de conservación en obras recientemente liberadas es muy interesante y estimulante, pues se van descubriendo detalles que en un inicio no podían observarse. En mi caso, este tipo de proceso me permitió entablar una “relación más personal” con Ias pilastras, al conocer sus detalles más imperceptibles y minuciosos.  Por otra parte, este proceso es lento y requiere además no sólo de paciencia para realizarlo, sino de cariño y conocimiento, este último muy importante para discernir qué puede agredir en determina do momento a Ia obra. Igualmente fundamental es conocer a fondo Ios materiales que Ia conforman.  Otro proceso de conservación no fácilmente observable pero también esencial es Ia consolidación, que consiste en la aplicación de determinados materiales para brindar cierta protección y estabilidad -tanto física como química- a Ia obra. En el caso de Ias pilastras, están constituidas por piedra caliza Iabrada y tallada, cal apagada, pigmentos (tierra) y conchas de río. 

Con el consolidante busqué proteger al pigmento, pues es común que éste se vuelva “pulverulento” ante cambios bruscos de temperatura y humedad. De no haberse detenido este proceso, en un plazo muy corto podría haberse perdido en su totalidad. En este caso particular recurrí al empleo de Ia cal, uno de los materiales utilizados en Ias pilastras.  Finalmente hice resanes y “ribetes” (también con cal) en Ias áreas de los aplanados donde había pérdidas (pequeñas en realidad). Estas partes estaban expuestas a Ia intemperie, y de no haberse aplicado los resanes, en poco tiempo Ia pérdida hubiera sido mucho mayor. 

Es fundamental el conocimiento de los materiales que empleamos; de no ser así, podemos provocar reacciones que en lugar de beneficiar deterioren nuestros bienes culturales. De ahí que se haya optado por utilizar materiales de naturaleza similar.  Una vez concluidos los procesos de conservación pertinentes me dediqué a analizar Ia reacción de Ias pilastras, y a partir de Ia imagen deI primer instante en que Ias tuve ante mí, obtener de una manera objetiva una respuesta a Ias preguntas que en ese momento me hice: ¿habré realizado los esfuerzos suficientes para protegerIas?, ¿llegaremos realmente a comprender lo que ellos, Ios creadores, buscaron expresar a través de su arte? No han terminado Ios procesos de conservación; es necesario seguir vigilando cómo reaccionan Ias pilastras ante su nueva situación: puede haber variaciones climáticas muy diferentes a Ias que existían en eI momento en que fueron liberadas, por ejemplo.

Ahora nos corresponde investigar en el laboratorio Ios materiales utilizados para Ia realización de esta obra. Ante lo primero, sólo nos resta esperar que Ios tratamientos proporcionados hayan sido suficientes y reaccionen favorablemente. Con respecto a los análisis, los resultados, sean cuales fueren, nos servirán para “reforzar” Ia acción deI material aglutinante.  De Ias observaciones que hace un conservador de los bienes fruto de Ias excavaciones, que de alguna manera sustentan Ias investigaciones de orden arqueológico, pueden obtenerse datos de gran importancia para el conocimiento cabal de las manifestaciones culturales, al igual que para esclarecer Ia forma como interactuaron los pobladores con su medio.   

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