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Libaneses en México, una historia de amistad

Desde la llegada de los primeros libaneses a México el diálogo cultural no ha cesado. Te contamos la historia.

16-07-2019, 10:00:12 AM
Libaneses en México, una historia de amistad
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Filósofo por formación. Contempla el alma e imaginación de México.

En la entrada se percibe un intenso olor a incienso y tamales. El interior de la Catedral de Porta Coeli —en el Centro Histórico de la CDMX— se encuentra abarrotado de peregrinos que visitan al Señor del Veneno y a San Charbel.

Las paredes lucen mosaicos bizantinos que contrastan con la Virgen de Guadalupe. Es la Iglesia greco-melquita, uno de los centros espirituales de los libaneses mexicanos.

Sin embargo, estas iglesias también son objeto de veneración de mexicanos y representan, además, la profunda amistad entre México y Líbano.

San Chárbel Makhlouf, un santo libanés muy popular entre la población mexicana.

De acuerdo a Rebeca Inclán, los primeros libaneses comenzaron a llegar a México durante la segunda mitad del siglo XIX. En ese entonces el Monte Líbano formaba parte del Imperio Otomano y la población cristiana era marginal. Debido a ello, la migración comenzó a ser un movimiento cada vez más frecuente. La comunidad maronita buscaba alternativas a la economía neofeudalista que les imponían los drusos, en ese entonces representantes del gobierno musulmán.

Podemos decir que el elemento principal que permitió una buena integración de la comunidad libanesa en México fue la religión; pese a la diferencia de ritos, la mayoría de los libaneses son católicos en comunión con Roma. Prueba de ello fue el bajo flujo de inmigrantes libaneses de religión musulmana.

Como consecuencia, durante el periodo de 1860-1914 más de un millón de libaneses emprendieron el éxodo al continente americano. Durante esa época, México acogió cerca de 20,000 libaneses, principalmente provenientes del sector agrícola y comercial.

La comunidad libanesa, una red de solidaridad

A diferencia de otros inmigrantes en México, la comunidad libanesa tuvo como característica la construcción de redes que los comunicaron activamente con sus parientes en Líbano. Por ello, la identidad de los libaneses no fue disuelta en la identidad mexicana, por el contrario se reforzó y dialogó con la cultura nacionalista.

Los tacos al pastor son un sincretismo gastronómico entre el shawarma libanés y el taco mexicano

Durante la segunda década del siglo XX el movimiento migratorio de Líbano disminuyó. Tanto la ocupación francesa que desplazó el gobierno otomano, como el florecimiento económico y unificación del Líbano fueron las principales causas del cese migratorio.

Después de la independencia de Líbano en 1943, la migración se convirtió en un fenómeno individual y esporádico. En su segundo momento, el flujo migratorio dependió en gran medida de las redes familiares ya establecidas en México. La segunda oleada migratoria se dio durante las visitas a familiares, relaciones de trabajo y finalmente por el estallido del conflicto en Medio Oriente en 1974.

El ascenso de los libaneses en México

Ya en México, la comunidad libanesa se conformó como la conocemos en la década de los setentas. Un ejemplo de la concreción de la identidad mexicana-libanesa fue el Primer Congreso Mundial de la Unión Maronita en 1979, donde además se expuso con claridad la red económica y familiar de alcance internacional.

La recepción de libaneses se dio bajo las políticas de migración europea por parte del gobierno de Díaz. Bajo la bandera del liberalismo y la xenofilia, el Porfiriato buscó generar cruzas raciales y culturales, para ello promocionó la migración. En muchos casos la base de la población comenzó a ser afectada por las políticas, con lo cual se gestó un resentimiento contra el extranjero.

El magnate Carlos Slim también es de origen libanés

Sumado a ello, los libaneses se encontraban inscritos en la identidad del turco y el árabe, que en el imaginario mexicano eran visualizados como mercaderes o estafadores. Sin embargo, el carácter mediterráneo del libanés tuvo buena recepción entre los mexicanos.

Uno de los principales puntos de residencia de los libaneses mexicanos fue la ciudad de Puebla. Debido a que la mayoría de los libaneses ingresaron por el puerto de Veracruz, en su camino hacia el entonces D.F. muchos terminaron por radicar en esta próspera ciudad.

De extranjeros a “mexicanos libaneses”

En muchos casos los libaneses convivieron con las clases sociales más bajas, de las que fueron ascendiendo gracias a su fuerte red de apoyo. Inicialmente los libaneses se dedicaron a actividades comerciales, innovando con el sistema de abonos y acompañando a los indígenas en el comercio ambulante. Otro de los factores que influyó en el refuerzo de la identidad libanesa fue la endogamia (que solo que relacionan entre paisanos), lo cual favoreció la formación de una comunidad cerrada con una intensa lealtad al interior.

Con el estallido de la Revolución Mexicana la población libanesa se enfrentó al reto de la inestabilidad económica y la delincuencia. Sin embargo, la situación de los libaneses fue relativamente buena, ya que las redes de ayuda en muchos casos se extendió a otros grupos de extranjeros. Ejemplo de ello fueron los créditos hechos por los franceses.

Por otra parte, los libaneses comenzaron a invertir sus riquezas en oro, lo cual fue una inversión exitosa a largo plazo. Su fama como comerciantes también les aseguró la lealtad de su clientela, lo cual permitió que pasaran de los pequeños comercios de mercería a la industria textil masiva.

El presidente Plutarco Elías Calles tenía origen libanés

Con las reformas migratorias de 1940 y 1934, los libaneses comenzaron a naturalizarse como mexicanos, con lo cual el rastro de la migración fue borrado. Sin embargo, al interior de la comunidad se conserva una fuerte identidad y preservación de los valores del Líbano. No obstante, los libaneses nacidos en México han generado un fuerte arraigo por la identidad local, en la que también se inscriben.

Hoy los libaneses representan un ejemplo de comunidad exitosa en México, sin que ello los desvincule del resto de la sociedad.

Quien no tenga un amigo libanés, que se lo busque.”

Adolfo López Mateos

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