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Los chipes migratorios neotropicales (Chiapas)

El día anhelado por nosotros por fin había llegado. Esa madrugada de octubre una densa neblina se cernía sobre el parque central de San Cristóbal de las Casas, en Chiapas. Aunque no podíamos verlos, nuestra intuición y algunos sonidos reconocibles nos acercaban al umbral de nuestro encuentro con los pequeños grandes viajeros: las aves migratorias neotropicales.

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El día anhelado por nosotros por fin había llegado. Esa madrugada de octubre una densa neblina se cernía sobre el parque central de San Cristóbal de las Casas, en Chiapas. Aunque no podíamos verlos, nuestra intuición y algunos sonidos reconocibles nos acercaban al umbral de nuestro encuentro con los pequeños grandes viajeros: las aves migratorias neotropicales.

La niebla se disipaba rápidamente y las pequeñas siluetas tomaban forma y color a través de nuestros binoculares. Los pequeños migrantes habían llegado durante la madrugada muy cansados y hambrientos. Ávidamente buscaban y devoraban insectos entre las hojas y ramas de los árboles: la vegetación urbana les proporcionaba el alimento necesario para una rápida recuperación. Mientras tanto, nosotros disfrutábamos al ver sus coloridos plumajes, así como sus graciosos y rápidos movimientos.

La migración es un aspecto relevante en la vida de muchos organismos vivos, aun para el ser humano. Algunos científicos intrépidos han mencionado que los seres vivos nacemos y morimos. Las aves componen el grupo que más especies migratorias tiene y del que hay más conocimiento -aún incompleto-. Quizás una décima parte de las aves de todo el mundo, aproximadamente unas mil especies, realiza algún tipo de migración. Ésta se ha definido como el desplazamiento periódico y cíclico de poblaciones de pájaros u otros animales, entre sus lugares de reproducción y no reproducción, y el regreso a estos mismos sitios. Tal comportamiento migratorio ha evolucionado en respuesta a diferentes presiones de índole ecológico, como la búsqueda de alimento y de un ambiente más apropiado para la reproducción, así como de condiciones climáticas más favorables en ciertas temporadas del año.

Según la dirección, de norte a sur, de arriba abajo o de este a oeste, las migraciones se agrupan en tres tipos: latitudinales, altitudinales o longitudinales. El tipo de migración que más se conoce es la latitudinal (de norte-sur).

Los desplazamientos latitudinales de aves en Europa y Asia involucran a unas 200 especies, que viajan desde sus áreas de anidación, en el norte de estos continentes, hacia sus áreas de residencia tropical en África. En el continente americano, aproximadamente 340 especies de aves migran desde Norteamérica a sus áreas de residencia tropical en Centro y Sudamérica. A estas últimas especies se les ha denominado aves migratorias neotropicales, y el grupo incluye desde zopilotes, gavilanes, garzas y playeritos, hasta colibríes, mosqueros, reinitas y chipes.

Del total de la familia de aves migratorias neotropicales, cerca del 60% son especies pequeñas que habitan en los bosques. Estos viajeros son tan diminutos que algunos pesan 4 g, como los colibries. Los papamosacas (mosqueros), saltaparedes, zorzales y vireos, hasta los chipes o reinitas, pesan alrededor de 15 g, y las tangarás y calandrias llegan a pesar hasta 40 g. Por lo general estas especies se alimentan de insectos y frutos, pero el grupo sobresaliente de las aves migratorias neotropicales, tanto por el número de especies como por su abundancia en individuos, son los chipes.

El día era espléndido para ver aves en el paruqe, y entre la vegetación los chipes sobresalían por sus colores amarillos, blancos y grises. Uno de corona negra (Wilsonia pusilla, Wilson’s Warbler) buscaba pequeños insectos entre las hojas, mientras que el chipe peregrino (Vermivora peregrina, Tennessee Warbler) no decidía aún dónde buscar el alimento. En el suelo, el chipe vientre canela (Dendroica pensylvanica, Chesnut-sided Warbler) atrapaba una mariposa nocturna y después volaba con ella en el pico.

En el parque también nos percatamos del inicio del diario movimiento de la ciudad. La gente, curiosa, se acercaba a nosotros para cerciorarse de lo que estábamos haciendo. Quizá muchos asiduos visitantes al parque no le han dado mayor importancia a la llegada de los pequeños viajeros, pero ésta refleja la dinámica cambiante de la riqueza biológica en los hábitats urbanos.

Durante el año hay dos periodos migratorios: el otoño y la primavera. En la estación otoñal, entre 5 y 8 mil millones de aves cruzan los cielos de América viajando miles de kilómetros; durante esa temporada podemos ver a algunas aves viajeras sólo por pocos días, cuando descienden para alimentarse y descansar. Posteriormente prosiguen su viaje más al sur. Sin embargo, otras especies -la mayoría- permanecen en México toda la temporada de residencia tropical, y después de estar entre 6 y 8 meses en nuestro país, se desplazan a sus áreas de reproducción en Norteamérica entre los meses de febrero y abril, para regresar nuevamente al año siguiente.

Ciertas condiciones internas en la aves las predisponen a iniciar la migración, aunque también existen otros factores que estimulan este comportamiento. El balance hídrico y la grasa juegan un papel importante como fuente de energía o combustible. Por tal motivo, antes de emprender el largo viaje los pequeños grandes viajeros deben alimentarse los suficiente. En muchas ocasiones algunas especies pueden llegar al punto de la obesidad, ya que consumen enormes cantidades de alimentos ricos en energéticos. Por ejemplo, si los chipes tienen un peso promedio de 11 g, pueden alcanzar los 21 g, y así como rápidamente acumulan grasa, pueden perder entre el 2.6 o 4.4% de su peso en una hora de vuelo.

Al llegar el momento de dejar sus sitios de nacimiento, las aves se tiene que enfrentar a diferentes situaciones: elegir el tiempo idóneo de partida, la ruta migratoria y seleccionar hábitats apropiados durante su largo recorrido para descansar y restablecer su energía. Algunas especies migran durante el día y otras durante la noche, aunque otras pueden hacerlo indistintamente. Asimismo, la migración también es estimulada por condiciones ambientales favorables como la dirección de los vientos del norte. Los chipes prefieren viajar durante la noche, ya que el aire es más estable y pueden evitar a depredadores como gavilanes y gaviotas. Algunos chipes vuelan cientos de kilómetros y hacen una pausa de uno a tres días para abastecerse de alimento; otros vuelan varias noches sin parar hasta que sus reservas de energía están exhaustas.

El tiempo en que ocurre la migración puede diferir no sólo entre las especies de aves, también varía con el sexo y la edad, y subordinados a estos últimos aspectos pueden cambiar sus zonas de residencia tropical. Por ejemplo, en algunos grupos sólo migran la mitad de los machos o las dos terceras partes de las hembras, o algunos pueden migrar un año y no hacerlo al año siguiente; y en otras familias de aves pueden regresar primero los machos, y después las hembras y los más jóvenes.

Ciertas especies pueden viajar juntas, y migran en bandadas o parvadas mixtas. Se cree que este comportamiento está asociado al tipo de alimentación o puede ser una estrategia que les ayuda a evitar ciertos depredadores.

Estos diminutos viajeros pueden permanecer juntos en parvadas mixtas en las zonas de residencia tropical, y/o unirse con otras especies de aves residentes permanentes. Las parvadas mixtas están altamente estructuradas, y los individuos que la componen cumplen diferentes roles, como la defensa de territorios de alimentación, la búsqueda de alimento y la comunicación de los encontrado.

Las aves migratorias pueden volar a diferentes velocidades, y el tiempo que invierten para migrar depende de la distancia que deben recorrer. Algunas especies vuelan a 48 km/h, hay colibríes que desarrollan una velocidad de 40 km/h, y otras especies pueden volar durante 48 horas sin descanso hasta llegar a sus sitios de residencia tropical. Por ejemplo, el chipe coronado (Dendroica coronata, Yellow-rumped Warbler) cubre una distancia de migración de 725 km, y el recorrido de un día puede ser de 362 km. Esto significa que realiza su recorrido migratorio en dos días. La golondrina de mar (Sterna paradisea, Artic Tern), que hace uno de los vuelos migratorios más extensos, recorre 14 km en 114 días y es considerada como la reina de la migración. El vuelo migratorio puede hacerse muy cerca de la tierra o hasta los 6 400 m de altitud; esta última se ha reportado en algunos chipes.

Además del tiempo, la velocidad y la distancia que cubren las aves migratorias, ellas también tienden a seguir ciertas rutas específicas con distancias considerables. En Norteamérica se han descrito cuatro vías migratorias principales: la del Atlántico, la del Mississippi, la ruta centro (cubre la Sierra Madre Oriental y Occidental), y la ruta del Pacífico, que cubre orillas costeras y ríos.

Por su posición geográfica en el continente, México alberga más especies migratorias latitudinales que cualquier otro país de Latinoamérica, pues del total (340) que migran de Norteamérica hacia el sur, incluidos Centro y Sudamérica, 313 especies se encuentran en México. Muchas de éstas permanecen todo el periodo no reproductivo en nuestro país, aunque otras sólo pasan por México, utilizan sitios para descansar y alimentarse, y así poder continuar su largo viaje hacia Centro o Sudamérica.

Existen varias teorías que tratan de explicar cómo es que las aves se orientan y encuentran el camino por el cual deben viajar y así llegar a su destino. Una de éstas plantea que principalmente aquellas que migran durante la noche se guían por las estrellas. Otra teoría se basa en la posición del sol, la cual orienta a las especies que vuelan durante el día; quizás utilicen la dirección de los vientos, o posiblemente usen el campo magnético de la Tierra, como si tuvieran una brújula y un mapa, o un sentido de orientación innato.

Los beneficios de la migración deben ser sustanciales, ya que este proceso es altamente costoso. Además del gran gasto de energía, se ha estimado que más de la mitad de las aves que dejan cada años sus lugares de nacimiento nunca regresan nuevamente a estos sitios. Durante la migración, éstas tienen que evadir diferentes obstáculos y peligros: factores de origen humano (antenas, edificios, ventanas) y climáticos, como huracanes y tormentas. Las ventanas, por ejemplo, con el reflejo del sol funcionan como espejos, señalándoles una ruta engañosa que las hace colisionar, provocándoles la muerte. Asimismo, en sus residencias tropicales o de estancia reproductiva, el hábitat que necesitan para vivir ha venido disminuyendo drásticamente, se ha fragmentado o ha desaparecido por completo.

Los felinos domésticos son también otra gran amenaza para las aves. En Norteamérica se ha estimado que cerca de 2 millones de aves al día son cazadas por gatos. Debido a esto, se ha impulsado la campaña: “mantén tu gato adentro de la casa”.

Además de las amenazas mencionadas el factor más importante que ha afectado a muchas de estas poblaciones ha sido la disminución o fragmentación de los bosques. La conversión de bosques en campos de cultivo, áreas de pastizales y zonas urbanas ha sido muy intensa y extensa, y junto con los incendios son las principales causas de mortalidad en estas especies. Se ha reportado que cerca de un tercio de las aves migratorias neotropicales (109 especies), han mostrado recientemente declinaciones significativas en el número de individuos en sus poblaciones. Debido a su comportamiento migratorio y a las amenazas que enfrentan, estas aves son vulnerables, y muchas especies están amenazadas de extinción. Ellas ocupan una gran variedad de hábitats y dependen de diversas localidades geográficas a través de diferentes temporadas del año.

Evolutivamente ¿van las aves al norte para evitar un estrés reproductivo y a su vez aprovechan las bondades climáticas y de alimento de las zonas templadas, o vienen a los trópicos evitando las inclemencias y la reducción drástica de alimento en el norte? Estas preguntas no son fáciles de responder. Pero es indudable que las aves tienen importantes papeles dentro de sus comunidades templadas y tropicales. Sus hogares reproductivo y tropical lo han sido por millones de años y, actualmente, en menos de un cuarto de milenio han sido divididos geográficamente por el hombre.

Cerca del medio día nuestras observaciones habían terminado. Muchas preguntas continúan en nuestras mentes, pro las aves y su diversidad nos han sensibilizado con el peligro de su supervivencia. Esa supervivencia que, a la larga, también será la muestra. Te invitamos, pues, a conocer a los pequeños grandes viajeros de tu parque y a sus aves residentes, y a disfrutar de esa otra parte de México (aún) desconocido.

Falta todavía mucho por saber acerca de este impresionante y extraordinario fenómeno llamado migración. Hasta ahora, sigue siendo un misterio cómo estas aves se desplazan miles y miles de kilómetros y regresan al mismo lugar en los años siguientes. Es como si estos incansables viajeros tuvieran un mágico detector de luz y bienestar.

Fuente: México desconocido No. 264 / febrero 1999

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