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Los paseos coloniales de Manuel Toussaint

En el año 1939, Ia Universidad Nacional de México publicó el libro titulado Paseos coloniales, escrito por el primer gran especialista deI arte colonial, Manuel Toussaint, fundador de Ia cátedra de arte colonial en México y deI Instituto de Investigaciones Estéticas de Ia UNAM, deI que fue director durante muchos años.

Foto: Archivo Fotográfico Manuel Toussaint
México Desconocido

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El libro es un « ...mosaico de artículos escritos en más de veinte años de trabajo...», según palabras deI propio autor. EI volumen consta de diecinueve artículos que se ofrecen al lector como «...guía o cicerone...» para «... visitar un monumento, una ciudad, un recuerdo histórico...», desde Ia comodidad de su casa o biblioteca. No tiene esta obra el rigor académico de sus trabajos Arte colonial o Pintura colonial en México, obras señeras deI mismo autor. Tiene en cambio el interés y el encanto de los « descubrimientos » ; de un dar a conocer, lleno de emotividad y entusiasmo juveniles.

La erudición y el rigor de los análisis artísticos se mezcla con incontenibles frases de admiración exaltada ante los monumentos arquitectónicos y pictóricos y ante Ia naturaleza. Cosa que no es de extrañar ya que durante esos viajes largos y lentos Manuel Toussaint iba inmerso en los paisajes. Sin embargo, hay un intento de método en tanto que, en cada artículo, después de hablar deI viaje y de Ias bellezas naturales, se describen puntual y científicamente los elementos arquitectónicos y decorativos deI monumento que se estudia y se inserta Ia información documental bibliográfica y de archivos que fue posible reunir. Además, casi en todos los casos se proporciona información acerca de Ia manera de llegar a los sitios.

Para hacer esos trabajos de campo, don Manuel tuvo que padecer Ias dificultades de Ias malas y escasas comunicaciones que había en México a principios de este siglo. Recorrió grandes distancias a pie, cabalgó fatigosamente por horas y horas, cruzó rios y lagos, escaló barrancos y soportó el tedio de los eternos viajes en ferrocarril y los malos caminos para el automóvil. Durmió en cualquier lugar y comió cualquier cosa; todo con tal de encontrarse con los tesoros deI arte novohispano, por ir tras ellos a los lugares más remotos.

El autor dejó escrito que no quiso quitar «Ias frases románticas» usadas en los primeros artículos, porque prefirió conservar Ia espontaneidad de su lenguaje. Tuvo razón, pues una de Ias principales características de esta obra es eso: su Ienguaje espontáneo, personal, emotivo y apasionado por Ios temas. AI hablar, por ejemplo, de una casa deI siglo XVI, Toussaint se entusiasma y no sólo hace un trabajo académico sino que, puede decirse, escribe una «evocación». Se transporta al México de 1595. Describe en detalle Ia fachada, como si él mismo estuviera de pie frente a ella, viéndola, y Iuego entra a la casa y lleva al Iector a Ios diferentes aposentos seíialando Ias formas deI mobiliario, Ia manera de guardar Ias ropas dentro de Ios cofres y describe Ias ropas mismas por sus géneros y texturas; presentando así una imagen global integrada de una casa y su menaje, gracias a sus conocimientos de las artes suntuarias.

Este libro tiene el mérito de que en él se incluyeron los primeros artículos de importancia académica sobre algunos de los grandes monasterios del siglo XVI; los conventos franciscanos de Zacatlán de las Manzanas y de Tepeaca; las fundaciones dominicas de Coixtlahuaca, Teposcolula y Yanhuitlán y el edificio agustino de Yecapixtla. Vale la pena referirse siquiera a uno de esos heroicos viajes por Ias montañas de Oaxaca que acometió Manuel Toussaint en plena juventud, más o menos entre los 25 y los 30 años.

Para llegar a Yanhuitlán en 1922 o 1923 (el artículo está firmado en septiembre de 1923), tomó el ferrocarril Mexicano apeándose en Ia estación deI Parián y siguió ¡47 kilómetros a caballo! Iba acompañado solamente de un indio que obviamente le sirvió de guía. Pasó una mala noche en el pueblo de Huauclilla y a Ias cuatro de Ia mañana emprendió de nuevo el viaje, pero hubo necesidad de hacer un rodeo para buscar otro caballo, porque «...al mío con el día le entró una pereza mortal». Con esa dificultad, no fue sino hasta Ias diez de Ia mañana cuando pudo entrar a Nochistlán, «...con hambre de vestiglo y curiosidad de mujer» .Allí vio Ia sencilla iglesia típicamente oaxaqueña, de proporciones bajas a causa de estar en territorio telúrico. De Nochistlán a Yanhuitlán aún tuvo que cabalgar por tres horas más, «...sobre camino llano» .Finalmente, al salir deI pueblito de Yocucuí, vio Yanhuitlán «...en el fondo de un valle... y ya no se le pierde Ia vista y, mientras más caminamos, más se aleja... y este ofrecerse sin entregarse, nos acompaña hora y media».

Después de esa introducción tan vívida deI viaje, el autor hace Ia historia y descripción deI monumento, cumpliendo con registrar todo lo que de valor encontró. Por ejemplo, es precisamente en estos artículos sobre los conventos oaxaqueños que casi nadie conocía en ese entonces- donde se registraron Ias primeras opiniones sobre los lienzos deI famoso pintor Andrés de Concha, artista español de primera importancia a quien actualmente se le han dedicado varios magníficos estudios. El material gráfico que acompaña Ios textos: planos, croquis, dibujos y fotografías -estas últimas tomadas en su mayor parte por el autor- son parte muy valiosa de Ia obra. Hay algunas ilustraciones que ya son documentos deI pasado o fotografías imposibles de repetir. Destacan, por ejemplo, Ia magnífica lámina de Ia basílica franciscana de Zacatlán de Ias Manzanas, que luce todo su conjunto arquitectónico dentro de una límpida perspectiva que hoy en día sería imposible de lograr dada Ia aglomeración de automóviles y seres humanos que Ia rodean. Por otra parte, tanto el retrato deI padre Betanzos como Ia fotografia de un púlpito deI más exuberante diseño barroco, que poseía el templo de Teposcolula, constituyen inapreciables documentos ya que actualmente Ias dos piezas han desaparecido de sus respectivos lugares.

Por supuesto, y como era de esperarse, a Ia fecha, después de por lo menos sesenta años más de investigaciones sobre arte colonial, los alumnos deI maestro Toussaint y Ios alumnos de esos alumnos y muchos otros investigadores de diferentes medios culturales, han superado Ios conocimientos acerca de Ios temas tratados en Paseos coloniales. El mismo Toussaint dedicó gran parte de sus estudios a elaborar Ia primera investigación importante sobre Ia Catedral Metropolitana, Ia cual, en años recientes se enriqueció con Ia publicación de un Catálogo comentado, elaborado por varios autores.

Pero a pesar de los años transcurridos, Paseos Coloniales constituye un libro clásico muy ameno que todo historiador deI arte novohispano debe conocer, porque, en mi opinión, Ia obra tiene Ia enorme cualidad de ser el producto de una época sin contaminar. Toussaint vio, contempló, estudió y gozó los monumentos en su atmósfera original, prácticamente intocada aunque algunos de esos monumentos estuvieran ruinosos- y legó una visión prístina de esas obras de arte y de los paisajes que Ias rodeaban.

Se comprende que su sensibilidad fina y exaltada haya disfrutado enormemente deI paisaje impoluto que le tocó conocer, como queda patente en los párrafos que le dedicó, haciendo gala de buena pluma, como en el siguiente texto con el que puede cerrarse esta corta nota: « i Qué delicia de tarde -exclamó-este sendero tortuoso que desciende hasta el agua, cruza el arroyo repetidas veces, trepa a uña de caballo por Ia enriscada pendiente, para volver a descender y subir! Las yerbas aromáticas -estas infinitas yerbas aromáticas de Ia Mixteca- quieren entregarnos en su aroma su espíritu, y Ios arbustos se cruzan para detener nuestra prisa. iTienen razón! Aspiremos a todo cuerpo el espectáculo de esta naturaleza orgullosa. AI buscar Ias obras de Ios hombres, escondidas en el riñón de esta tierra, sepamos también gozar de Ias bellezas naturaIes...».

Fuente: México en el Tiempo No. 1 junio-julio 1994

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