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Historia

Los universitarios que en 1980 dieron su vida para poner la bandera UNAM en el Himalaya

pumas al himalaya

En 1980 seis universitarios emprendieron una escalada a una de las montañas más altas del mundo para colocar la bandera de la UNAM.

A mediados de 1980 las autoridades de la Universidad Nacional Autónoma de México recibieron un telegrama proveniente de Nepal con un lamentable contenido: dos estudiantes de un total de seis que habían subido en expedición a la cúspide de la montaña Kanchenjunga, perteneciente al Himalaya, habían perdido la vida en la proeza de colocar las banderas de nuestro país y de la UNAM en uno de los tres picos más altos del mundo

La noticia corrió veloz entre la comunidad universitaria, pero también entre periodistas y mexicanos en general, quienes sin ningún conocimiento de montañismo, empezaron a opinar,  a lanzar culpas e inquisiciones por haber lanzado a los universitarios a una casi segura muerte. Manuel Casanova, jefe de la expedición y uno de los sobrevivientes, tenía respuestas para los cuestionamientos, aunque para ello necesitaba tomarse la molestía de  regresar vivo a México con el resto de sus hombres. Aquí pausaremos, porque antes de continuar con el final deberemos narrar el inicio de esta historia. 

El inicio de la hazaña en el Himalaya de la UNAM en 1980

En 1979 la comunidad unamita estaba de vuelta loca por la celebración de los 50 años del decreto de la autonomía universitaria. El rector Guillermo Soberón Acevedo quería congelar en la historia este aniversario con la realización una hazaña cultural o deportiva, para ello lanzó una convocatoria a fin de que los estudiantes presentaran propuestas, la ganadora fue una expedición a la montaña Kanchenjunga, un coloso de 8 mil 586 metros sobre el nivel del mar que es parte de la cordillera asiática del Himalaya.

Los seis universitarios seleccionados para ir fueron Hugo Saldaña, Manuel Casanova, Hugo Delgado, Alfonso Medina, Antonio Cortés y Lucio Cárdenas, todos integrantes del equipo de Alta Montaña de la UNAM. La expedición fue nombrada como “Pumas al Himalaya”, denominación que llenó de orgullo e ilusiones a los mismos expedicionarios, académicos, estudiantes y familiares. 

Los seis universitarios que subirían al Himalaya.

Pero ya sea por la emoción o por las ganas de no echar a perder el creciente ánimo, es probable que no hablaran mucho sobre los riesgos de una expedición a aquella difícil montaña, misma que apenas había sido conquistada por primera vez 24 años antes por los británicos George y Joe Brown, esto luego de numerosos intentos de montañistas de diversas latitudes desde, al menos, 1848.  

Los “Pumas al Himalaya” se preparan para la escalada

Con toda la ilusión los alpinistas empezaron a prepararlo todo: consiguieron los permisos con el gobierno de Nepal, realizaron presupuesto para equipos, pasajes de avión y un ejército de 300 sherpas. Como parte de su entrenamiento a diario subían el Iztaccíhuatl en la madrugada para luego regresar a la universidad el mismo día y quizá en la noche ir con sus novias al cine. Cada uno fue evaluado por psicólogos para descubrir cualquier detalle que hiciera fallar la expedición, etcétera.   

El 3 de febrero de 1980 los seis alpinistas universitarios partieron rumbo a la ciudad de Katmandú con 20 toneladas de equipo, las banderas y una cápsula metálica que dejarían en la cima con documentos que harían constar la presencia de la UNAM en la cúspide del Kanchenjunga. Una vez en la capital nepalí comenzaron los retos mayúsculos: parte del material llegó en desorden y destrozado (incluyendo tanques de oxígeno), ahí se enteraron que una expedición de alemanes se aproximaba para realizar el ascenso a la montaña por lo que tuvieron que contratar con mucha prisa a los 300 sherpas.

Los 300 sherpas contratados entran en huelga y otras dificultades

Una vez resueltos los conflictos iniciaron la caminata hacia el campamento base, trayecto que les tomó 28 días. Ahí instalaron sus tiendas para descansar y reorganizarse para lo que faltaba de la escalada, pero se les presentó un nuevo conflicto: los 300 sherpas entraron en huelga amenazando con dejar la expedición. Estaban inconformes con el sueldo prometido. Tras un pleito verbal en un idioma que apenas entendían, los mexicanos pudieron convencer a los trabajadores de continuar laborando.  

Los siguientes días serían decisivos para lograr el ascenso al primero, segundo y tercer campamento sin morir por congelamiento o mal de montaña. La estrategia era dejar sherpas y equipo en cada uno de los tres establecimientos a fin de ascender y descender en cada uno de ellos según las necesidades.

Expedición al Himalaya.

Montañistas alemanes hacen menos a los mexicanos de la UNAM

Durante la ingrata escalada se toparon con cuerdas mal colocadas y en consecuencia peligrosas que habían sido instaladas por los alemanes, metros arriba los mexicanos se encontraron con los germanos entablando una pelea con ellos por ponerlos en peligro con las escaleras y amarres defectuosos que iban abandonando en el trayecto. Con aire de superioridad los alpinistas teutones les propusieron a los unamitas que abandonaran la misión porque a su parecer no tenían posibilidades de llegar a la cima e incluso les propusieron que les regalaran el equipo que llevaban. La propuesta indignó a nuestros connacionales y por supuesto la rechazaron, cada escuadrón de montañistas se fue refunfuñando por su respectivo camino. 

Cuando al fin instalaron el tercer y penúltimo campamento, ubicado a 7300 metros sobre el nivel del mar,  Manuel Casanova, líder del equipo, empezó a sentir fatiga, náuseas, mareos y dolor de cabeza, en resumen le dio mal de montaña, por lo que tuvo que ser bajado al campamento dos quedando descartado para subir a la fase final, es decir al cuarto campamento y de ahí a la punta del Kanchenjunga.

Empieza el ascenso a la última parte para llegar a la cima del Kanchenjunga

Así que los elegidos para hacer el último ascenso fueron Hugo Saldaña, Alfonso Mediana y el sherpa especializado Chog Ringe. Con una cámara fotográfica provista de un potente lente los universitarios que se quedaron en el campamento tres fueron siguiendo la escalada de sus compañeros  rumbo al cuarto campamento hasta perderlos de vista. 

Por muchas horas esperaron alguna comunicación de Saldaña, Medina y el sherpa, pero nunca llegó ni siquiera la más difusa voz. Empezaron a temer lo peor.  Lucio Cárdenas salió en busca de sus amigos topándose solo con el sherpa quien descendió porque presentaba congelamiento en brazos y piernas. 

El sherpa le informó a Lucio que Hugo Saldaña y Alfonso Medina se le adelantaron para llegar a la cima, que él no pudo seguirlos porque empezaba a tener fuertes malestares de montaña, así que se estableció poco arriba del cuarto campamento para esperar a los mexicanos pero éstos no regresaron, así que el nativo tomó la decisión de bajar sin ellos para salvar su propia vida.

Sabían que casi seguramente Hugo y Alfonso habían muerto tras haber llegado a la cumbre

Al llegar el sherpa y Lucio al campamento tres, éste se comunicó por radio con Manuel Casanova para pedirle autorización e ir en busca de los universitarios desaparecidos, con mucha resistencia Manuel aceptó. Lucio llegó más arriba del campamento cuatro, desde ahí tenía una vista clara de la cima del Kanchenjunga, pero no vio ni rastro de sus compañeros, así que regresó al campamento tres con toda la tristeza encima sabiendo que muy probablemente sus amigos ya estaban muertos.

Al enterarse Manuel hizo cálculos, supo que casi era seguro que Hugo y Alfonso hubieran muerto, probablemente porque se perdieron de regreso. Tomó la difícil decisión de no mandar a más gente en busca de los universitarios desaparecidos en la cima, decidió iniciar el descenso antes de que hubiera más pérdidas de vidas humanas

Una vez en la falda de la montaña, y entre llantos contenidos por días, grabaron una piedra con los nombres de los dos universitarios fallecidos en la escalada, e incluso los alemanes dieron el pésame a los mexicanos sobrevivientes. Infestados de parásitos en todo el cuerpo Manuel Casanova y su equipo mandaron un telegrama a la UNAM con la triste noticia. 

Cruces en honor de los alpinistas universitarios en el Himalaya.

Prensa mexicana enfrenta a los alpinistas sobrevivientes del Himalaya

Días después llegaron a Katmandú el hermano y la novia de Hugo y Alfonso, respectivamente, siendo ella la que mostró más enojo con los sobrevivientes, acusándolos de negligentes, de dejar a sus compañeros morir. Ante esto Manuel le entregó a la mujer los cassettes de las grabaciones de radio del momento más crítico, de esos cassettes no volvieron a saber nada. 

Ya en México la prensa se les fue encima durante una conferencia en Ciudad Universitaria donde los montañistas sobrevivientes darían respuesta a las preguntas de los reporteros. El cuestionamiento principal fue por qué no mandaron un helicóptero a rescatar a Hugo y Alfonso. Los inexpertos periodistas no sabían que no puede haber rescates aéreos más allá de los 8000 mil metros sobre el nivel del mar.

Un viejo montañista que estaba escuchando las preguntas y las respuestas levantó la voz, les dijo a los comunicadores que no entendían nada de alpinismo, dicho esto les mostró sus propias manos con los dedos mutilados tras una escalada hecha hacía varios años, los reporteros se callaron y no hicieron más preguntas.  

Por el testimonios del sherpa sobreviviente es de suponerse que Hugo y Alfonso sí colocaron las banderas de México y la UNAM en la cima del Kanchenjunga, así como la cápsula metálica que llevaban consigo para celebrar los 50 años de la autonomía universitaria. 

Referencias:

Entrevista 40 aniversario ascenso al Kanchenjunga

autor Viajero que además de experiencias por la vida anda tras el click.
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