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Madame Calderón de la Barca

Nacida Frances Erskine Inglis y después casada con Don Angel Calderón de la Barca, se hizo célebre después de haber adoptado el apellido de su marido, el primer ministro plenipotenciario de España en México, y de haber viajado a nuestro país. Nació en Edimburgo, Escocia, pero desde muy joven se estableció con su familia en la ciudad de Boston, en Estados Unidos, donde hizo amistad con el historiador Guillermo H. Prescott y el hispanista George Ticknor. Fue en aquella ciudad en la que se casó con Calderón de la Barca.

27-07-2010, 4:17:15 PM
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Conoce México, sus tradiciones y costumbres, pueblos mágicos, zonas arqueológicas, playas y hasta la comida mexicana.

Nacida Frances Erskine Inglis y después casada con Don Angel Calderón de la Barca, se hizo célebre después de haber adoptado el apellido de su marido, el primer ministro plenipotenciario de España en México, y de haber viajado a nuestro país. Nació en Edimburgo, Escocia, pero desde muy joven se estableció con su familia en la ciudad de Boston, en Estados Unidos, donde hizo amistad con el historiador Guillermo H. Prescott y el hispanista George Ticknor. Fue en aquella ciudad en la que se casó con Calderón de la Barca.

Con él llegó a México a fines de diciembre de 1839 y permaneció en el país hasta enero de 1842. Durante ese tiempo, Madame Calderón de la Barca sostuvo una copiosa correspondencia con su familia, lo cual le sirvió para publicar un libro notable, compuesto de cincuenta y cuatro cartas, que llevó por títuloLife in Mexico during a residence of two years in that country, que también se publicó en Londres con un breve prefacio de Prescott.

Este libro ocupa un lugar sobresaliente en la extensa nómina de libros que hemos dado en llamar “viajes” o “de viajeros en México” y que entran en el marco de los libros de escritores extranjeros aparecidos entre 1844 y 1860. Está titulado, por supuesto,La vida en México durante una residencia de dos años en ese país.

El mérito de haber sido el primero en presentar a Madame Calderón a los hispanoparlantes corresponde a don Manuel Romero de Terreros, marqués de San Francisco, él publicó y estuvo al frente de la primera traducción al español deLa vida en México…, hecha por don Enrique Martínez Sobral, de la Real Academia Española en 1920. Antes de la traducción y después de ella, muchos pensadores, críticos y personajes mexicanos opinaron sobre su obra de buena o mala manera. A Don Manuel Toussaint, por ejemplo, el libro le pareció “la descripción más detallada y sugestiva de nuestro país”; Manuel Payno opina que sus cartas no son más que “sátiras” y Altamirano, apasionado, escribe que “Después (de Humboldt) casi todos los escritores nos han calumniado, desde Löwerstern y la señora Calderón de la Barca, hasta los escritores y escritoras de la corte de Maximiliano”.

Sin embargo, los apuntes sobre su persona son pocos, a excepción del que hizo de ella un yucateco notable, Justo Sierra O’Reilly, que escribe en suDiario, durante una estadía en Washington, una de la pocas escenas que hay registradas sobre ella : “En la primera visita que tuve el honor de hacerle a don Angel, me presentó a la señora Calderón, su esposa. Madama Calderón me era ya conocida como escritora, pues había leído un libro suyo sobre México, escrito con bastante talento y gracia, si bien algunas de sus opiniones no me parecían muy justas. Madama Calderón me recibió con la cortesía y amabilidad que le son características y hacen agradable su trato social. (…) Muy reciente era su enlace cuando don Angel fue trasladado a México en su calidad de ministro plenipotenciario y Madama Calderón se hallaba en aptitud de dar algunos tintes subidos al cuadro que se propuso trazar de aquellas impresiones. No sé yo si se habrá arrepentido de ciertos golpes dados en ese cuadro de México; lo que puedo afirmar es que no le gusta mucho que se hagan alusiones a su libro, y evita la ocasión de hablar de él. Madama Calderón pertenece a la comunión episcopal; y aunque la discreción y prudencia de su esposo jamás le permitieron dirigirle sobre esto la más pequeña observación, ni aun cuando don Angel pasaba por elamargo trance(son literales sus palabras) de acompañarla los domingos hasta la puerta de la iglesia protestante, y luego dirigirse él a la católica; con todo la buena señora se convenció sin duda de las verdades católicas, pues poco antes de mi llegada a Washington había aceptado la comunión romana. El señor Calderón de la Barca me refería este suceso con un entusiasmo tan sincero, que hacía mucho honor a su corazón y probaba su verdadero catolicismo. Madame Calderón habla con soltura los principales idiomas modernos; es de una instrucción exquisita, y era el alma de la brillante sociedad que en su casa se reunía.”

Respecto a su físico, nadie dice una palabra, aunque todos ponderan su genio, su inteligencia y su exquisita educación. El único retrato de ella es el que ilustra ésta página, fotografía tomada en plena madurez, con una cara, sin duda, muy escocesa.

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