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Meseta de Cacaxtla: naturaleza y cultura en un solo destino

En Sinaloa también hay un lugar llamado así. Aquí encontrarás más de 300 especies de plantas y más de 500
de 500 de aves, mamíferos, anfibios y reptiles.

La primavera trae días cálidos y sorprendentes amaneceres con neblina que cubre extensas porciones costeras al norte de Mazatlán, y a las 8 de la mañana, ya había desaparecido. En cuestión de minutos, el calor se tornó insoportable, de poco servía la sombra de la selva baja que, en esta época de sequía pierde casi todo su follaje. Caminamos por una angosta vereda rodeada por arbustos de acacia, capomo, vara blanca, guapilla y cardones; iniciamos  en el kilómetro 30 de la autopista Mazatlán-Culiacán; pasamos por la comunidad de Guillermo Prieto, donde admiramos varias aves como bolseros de intenso color naranja y más adelante, en árboles de tepehuaje, media docena de charas azules saltando en las ramas más altas.

A menos de 2 kilómetros, nos internamos en el cauce seco del arroyo La Chicayota; el contraste fue notable, la vegetación que nos rodeaba era de árboles altos y frondosos: higueras, capomos, papelillos, bebelamas y otros más, porque la presencia de agua favorece que alcancen más de 30 metros de altura. Durante largos trechos nos acompañaron escandalosos grupos de urracas cara negra, las aves más grandes de la región, son inconfundibles cuando vuelan. Durante el recorrido también vimos a la extraña chalangantina y parejas de pericos de frente naranja; por trechos escuchamos el golpeteo incesante de los pájaros carpinteros.

La ruta que seguimos está formada por enormes rocas, son parte del cauce del arroyo; conforme avanzábamos, nos topamos algunas charcas y pozas, en las más profundas hallamos charales y ranas. Alrededor del agua, la vida florece esplendorosa y torna fresco al ambiente. La orilla lodosa resguarda pequeñas tortugas llamadas galápagos, en el mismo suelo húmedo se nota la impresión de huellas de felinos; según nuestro guía el “Flaco” Marco González, pueden ser de jaguar y por ello se ha implementado un programa de monitoreo con foto-trampas, para corroborar la presencia de este mítico animal. En otros puntos observamos rastros de mapaches, jabalíes, venados cola blanca y armadillos.

COSTA PROTEGIDA Y ECOTURISMO

Por la tarde, aprovechamos para recorrer la costa, salpicada de amplias bahías, playas arenosas y acantilados. Aquí uno de los mayores poblados es Barra de Piaxtla, con un faro que desde el siglo pasado orienta a las embarcaciones. Antaño era el puerto de salida de productos mineros, pues desde el siglo XVI, la actividad minera de oro y plata en el municipio de San Ignacio, era importante e incluso una leyenda habla sobre la existencia de un gran tesoro enterrado por piratas. No obstante, ahora sólo existe matorral xerófilo, con cactus de pocos centímetros con flores coloridas y enormes cardones de varios metros. En otros puntos dominan el mangle de los esteros, y hacia tierra firme está la selva baja y los arroyos con selva mediana subcaducifolia.

Para conocer mejor el área, visitamos la zona costera de San Ignacio, donde tres poblados llevan a cabo actividades productivas y formaron la Red Ecoturística de la Meseta de Cacaxtla: Barras de Piaxtla, La Chicayota y El Pozole. Escogimos el primero para realizar un paseo en lancha por la costa, llegamos hasta la oquedad de la Ventana o el Arco, para admirar enormes acantilados bañados por el oleaje; estas oscuras paredes verticales son hogar de cientos de pájaros bobos patas azules, cormoranes y pelícanos. Otra opción es nadar y esnorquelear cerca del pueblo, disfrutar de la pesca deportiva o simplemente sumergirse en las cálidas aguas cálidas que bañan playas doradas de arena fina.

En El Pozole paseamos por senderos que llegan hasta un estero habitado por cocodrilos y aves como chorlitos y picolargos, así como patos, garzas y fragatas. Para aprender más sobre la fauna, el Centro de Interpretación Ambiental y Ecoturismo Rural (CIAER), cuenta con espacios para incubación de huevos de tortugas marinas. Al final del día disfrutamos platillos de pescado   y camarón en el restaurante local.

LAS LABRADAS, PETROGLIFOS Y SIMBOLISMO

Lo mejor y más conocido del área lo dejamos para el día siguiente. A media mañana llegamos a La Chicayota, que cuenta con un agradable restaurante  típico, donde señoras del pueblo preparan exquisiteces a base de pescados y mariscos frescos. Junto está el jardín botánico y una tienda de recuerdos hechos por los lugareños. De aquí partimos para recorrer un sitio único y espectacular: la playa Las Labradas, donde se pueden admirar extraños petroglifos, y para saber más antes pasamos al Museo de Sitio ubicado cerca de la playa.

A primera vista, la playa sólo luce rocas oscuras, pero son Las Labradas, nombre derivado del labrado en las piedras: arte rupestre en la orilla del mar, que conserva el mensaje o enigma dejado en las rocas volcánicas. En 400 metros de la playa existen cerca  de 600 rocas con figuras abstractas, humanas, plantas y animales, con diseños de 10 cm hasta 1.5 metros. Son expresiones artísticas talladas en piedras sólidas, la mayoría en buen estado y bañadas por el mar durante más de 1,000 años. Según algunos investigadores, representan expresiones artísticas de pequeñas comunidades de la cultura Aztatlán, que tuvo influencia tolteca. Ellos realizaban largos viajes de cacería junto a un líder religioso, que era guardián de la tradición, el artista y quien mantenía el equilibrio social. Éste tallaba en la roca lo que veía en sus visiones. Dichos toltecas con el tiempo se mezclaron con otros pueblos y hasta la llegada de los españoles, aún existía una confederación indígena de xiximes, tepehuanes y tarahumaras cerca de Barras de Piaxtla.
Así dejamos este cálido paraíso de piedras labradas, matorrales espinosos y selvas bajas que medio año muestran tonos opacos y ramas desnudas, pero siempre el verano y las lluvias transforman todo en un vergel  coloreado del verde más intenso.

Con las cámaras-trampa se monitorea a las especies prioritarias de conservación, como el jaguar, y se identifican pumas, tigrillos, venados, jabalíes, coatíes y otros más

MESETA DE CACAXTLA

Es la mayor área natural protegida del estado de Sinaloa, y recibe su nombre por la serranía visible desde la carretera y la costa, que tiene forma semi cuadrada y se eleva casi 400 de metros sobre las planicies costeras.
Ubicada en los municipios de San Ignacio y Mazatlán, cuenta con variados ecosistemas donde se han registrado cerca de 300 especies de plantas vasculares y más de 500 especies de aves, mamíferos, reptiles y anfibios. Es un extenso corredor biológico dominado por selvas bajas caducifolias ubicado a menos de 50 km de Mazatlán.

CONTACTO
Red Ecoturística Meseta de Cacaxtla
Gabriela García Alfaro
gaby_cos08@hotmail.com

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