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Descubriendo México en bicicleta: Pedaleando por Tabasco

El viaje en bicicleta de Roberto y Annika continúa y con ello sus aventuras. Acompáñalos en su travesía en dos llantas por el enigmático estado de Tabasco.

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Conoce México, sus tradiciones y costumbres, pueblos mágicos, zonas arqueológicas, playas y hasta la comida mexicana.

Cada kilómetro que recorremos nos acerca a Cancún, el final de nuestro recorrido. Parte de mí quiere tomar un avión y regresar a Tijuana y volver a empezar el viaje. Tanto Annika como yo no queremos que el recorrido por México se acabe. 
 
El tiempo ya es un problema y aún tenemos por delante 22 días para pedalear y 1,400 kilómetros por recorrer. No es una meta imposible de cumplir. Lo podemos lograr, pero eso significaba perder días de descubrir, disfrutar y saborear el camino. Así que decidimos cortar camino.
 

 
El viaje a Villahermosa
 
Tomamos un autobús de Córdoba a Coatzacoalcos. Me tragué mi orgullo, pero hay veces que simple y sencillamente no conviene pedalear. Veracruz, tendrá que ser explorado en bicicleta en otra ocasión.
 
En Coatzacoalcos solamente llegamos a dormir. Salimos temprano para escapar un poco del calor, pero la humedad y la temperatura ya se hacía sentir desde que pisamos afuera del cuarto de nuestro motel.
 
Estábamos motivados. La carretera tenía un arcén amplio y el pavimento era de excelente calidad. Pedaleamos a un muy buen paso. Al poco tiempo vimos el letrero que decía “Bienvenidos a Tabasco”. Era la primera vez que visitaba este estado. Me da pena aceptarlo pero de Tabasco tan sólo sabía que Pemex tenía gran presencia aquí y que los Olmecas lo habitaron hace muchos años.
 
Esperaba que mi conocimiento sobre el estado cambiará en nuestro viaje. Y vaya que cambio. Justo después de cruzar la frontera vimos a un muchacho vendiendo aguas de diversos sabores de frutas embotelladas. Ofrecía coco, cebada, sandía, melón, fresa y limón. Me encantan las aguas y le compramos un par.
 
Son las pequeñas cosas de la vida que la hacen tan maravillosa. Tomarse una agua de melón fría en medio de la carretera, bajo el sol después de haber pedaleado alrededor de 40 kilómetros, no tiene precio. En ningún lugar del mundo por los que pedaleamos se puede tener acceso a tan vasta variedad de aguas frutales. En verdad es un manjar que ese día aprendí a valorar como nunca.
Roberto Gallegos
 
México lo tiene todo
 
La dulzura y el sabor del agua eran como una metáfora de lo que estábamos viviendo en nuestro país. Nos brinda todo lo que necesitamos pero con sabor y variedad en cada sorbo.
 
Seguimos pedaleando con fuerza aquél día. Nuestro celular se había quedado sin batería y quería saber cuántos kilómetros faltaban hasta llegar a la siguiente ciudad…Cárdenas.
 
Sobre la carretera vi a dos señores platicando afuera de lo que suponía era su casa. Me frené para hacer mi pregunta. Él me respondió con varias preguntas más. Nos quedamos platicando ahí como por diez minutos sin que ninguna de las preguntas que habíamos hecho inicialmente se respondieran.
 
A los pocos minutos, Annika y yo ya estábamos adentro del jardín de Don Daniel y Doña Fernanda, con las bicis estacionadas y una invitación para dormir en su casa. Don Daniel me platicó que no éramos los primeros. Que hace un par de años le había dado posada a un japonés y un tiempo después a un alemán.
 
Pasamos toda la tarde juntos platicando de todo y nada. Nos recomendaron visitar el Parque Museo la Venta. Es en donde se exhiben varias piezas arqueológicas de los Olmecas. Esa noche cenamos tamales de pichilin, una delicia que es muy conocida en la región.
 
La siguiente mañana partimos hacia Villahermosa. Casi todo el trayecto que pedaleé hasta la capital tabasqueña reflexioné sobre Don Daniel y Doña Fernanda y la generosidad que nos demostraron sin realmente conocernos. Aunque aún faltaba mucho por pedalear en Tabasco, ellos ya habían marcado la percepción tan positiva que ya tengo del estado.
 
En Villahermosa llegamos con dos amigas nuestras, Gaby y Tere. Ambas trabajan en promover la cultura y las artes desde diversos frentes. Desde una galería y otra desde el gobierno del estado. Igual que Don Daniel y Doña Fernanda nos brindaron la mejor hospitalidad que se le puede brindar a un viajero en dos llantas.
 
Roberto Gallegos
 
La vida en Tabasco
 
Tuvimos dos días enteros para poder descubrir lo que tenía que ofrecer la capital de Tabasco.
 
Le dedicamos todo un día al Parqué Museo La Venta, concebido y diseñado por el poeta tabasqueño Carlos Pellicer. El parque-museo tiene una extensión total de 8 hectáreas y se encuentra ubicado justo al lado del famoso y deslumbrante lago de las ilusiones.  
 
Dentro del parque vimos las famosas esculturas de cabezas gigantes. Sin lugar a duda mucho más impresionantes en vivo que en cualquier foto de cualquier revista o libro de historia prehispánica en  donde aparecen con frecuencia. Algunas de las cabezas llegan a pesar hasta 60 toneladas.
 
El parque-museo también cuenta con un zoológico que exhibe alrededor de 421 de especies de fauna viva (algunos de ellos en libertad total) y flora representativa de la región.
 
El segundo día lo dedicamos a caminar por el centro y a comer tacos en la compañía de Tere. Una buena manera de invertir el día de descanso.
 
Nuestro camino continuaba y nos dirigíamos hacia el norte, donde volveríamos a ver el mar. Nuestra meta era Frontera, Tabasco a tan sólo 90 km de distancia.
 
Entre Villahermosa y Frontera nos dedicamos a comer. Paramos en cuantos puestos de fruta que pudimos y nos engolosinamos con mangos, aguacates y aguas de sabor. Nos llovió varias veces durante el trayecto pero no nos importó. A cada 10 kilómetros había un puesto en donde nos podíamos sentar platicar con los locales y comer una fruta.
 
En la tarde nos paramos en un restaurante llamado Parador Osi-Cosis para comer panuchos y pescado a la plancha. Nos atendió Doña Chelo y después de que comimos nos ofreció un lugar para acampar por su restaurante.  Optamos por seguir porqué aún había sol y podíamos avanzar más.
 
Hoy me arrepiento de haberle negado su oferta. Estoy seguro que el desayuno hubiera estado increíble.
 
El día acabo cruzando el río Grijalva hacia el pequeño poblado de Frontera. Encontramos una habitación barata y el resto del día nos dedicamos a comer helado en un puesto que daba a la plaza principal. Fue bastante divertido. Había fiesta, el desfile de las candidatas a reina del pueblo.
 
Tabasco nos trató excelente. Seguro subí de peso con tanto que comí y a pesar de todo lo que pedaleé.
 
 En Tabasco no sólo salí con la panza llena, sino también con un corazón saciado de cariño. El día que sea regreso a Tabasco a pedalear.
 

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