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Milpa Alta, un bosque para descubrir en el DF

Con una superficie de más de 27,000 h, esta delegación -al sur de la Ciudad de México- es el asombroso refugio (casi desconocido) de cientos de árboles, plantas, aves ¡y hasta de animales terrestres de mediano formato!

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Agustín es oriundo de San Pablo Oztotepec, uno de los nueve pueblos que conforman Milpa Alta y donde en 1914 se acuartelaron los zapatistas en los albores de la Revolución Mexicana. Al igual que muchos otros habitantes de la región, creció de la mano del amplio bosque situado al sur de la Cuenca de México, propiedad de todos los milpaltenses. Lo conoce minuciosamente: para él, los volcanes, como el Cuauhtzin, el Tláloc y el Ocusacayo, son los puntos de referencia que utiliza para ubicarse dentro de las 27,000 hectáreas que conforman esta extensión natural y que, aunque muchos capitalinos lo desconocen, es el hogar de pinos, oyameles, pastizales, venados, linces, coyotes, mapaches, zorras, zorrillos, búhos, halcones, salamandras, así como de dos personajes exclusivos de la zona: el teporingo y el gorrión serrano, entre otras especies.

El bosque, parte de la vida diaria

Para la suya, como para otras familias milpaltenses, el monte ha sido el proveedor de abundantes materias primas y la esencia de sus costumbres y tradiciones. Cuenta que hubo un día en el que era común confeccionar la escoba de vara con las ramas del arbusto de perlilla o tetzitzi, una planta con la que también se elaboran artesanías navideñas. O bien, rellenar los aparejos con los zacates malinal y sacayemanque para proteger el lomo del animal de carga. Sin embargo, basta pasar un día con los del lugar para percatarse que aún ahora el bosque mantiene un estrecho vínculo con su vida cotidiana: una taza de té de tochel o tlaltabaquillo es una excelente compañía para amainar el frío, y no hay mejor forma de mantener frescos los cocoles que con la hoja de la jarilla; además, es el proveedor del ocote que se abrasa en el temascal y el tlecuil, y hasta es el responsable de estrechar los vínculos familiares cuando llega el día de salir a colectar los tan apreciados hongos.

Sin embargo, los beneficiarios de los servicios ambientales que presta el área no son nada más los habitantes de esta demarcación, sino todos los que ocupamos la Cuenca de México. Si consideramos que 59% de las tierras que existen en el Distrito Federal están en suelo de conservación, es decir, aquellas superficies protegidas que ayudan a disminuir la contaminación, regular el clima, recargar los acuíferos, conservar la biodiversidad y recrearnos, y en Milpa Alta están cerca de 32% de ellas, podemos darnos cuenta de cuánto dependemos de ese maravilloso patrimonio natural.

Conservación día a día

El bosque no está exento de presiones, actualmente la cacería furtiva y la tala ilegal lo están perjudicando más que las plagas, el sobrepastoreo y el cambio de uso de suelo para cultivar el tradicional nopal, el cual en ciertos casos se valora más por el subsidio que por el producto mismo, pues puede llegar a comercializarse en 10 pesos el ciento, lo que obliga a los productores a elegir que se pudra en lugar de cosecharlo.

Como consecuencia de las constantes intervenciones y para evitar la pérdida de la masa boscosa, cientos de milpaltenses están implementando varias acciones preventivas y correctivas. Divididos en brigadas e independientemente de las condiciones climáticas, hombres y mujeres suben al monte todo el año con la finalidad de cuidarlo y resguardarlo. Uno de ellos es Agustín, quien después de haber vivido nueve años en el bosque, transformó su interés de cazador por el de un empedernido conservacionista, una convicción que lo persigue hasta la fecha, y por la que actualmente se desempeña como responsable de dos brigadas con 86 personas a su cargo, de las cuales 35 son mujeres. La labor de los equipos es ardua y requiere de constancia. Todos los días parten hacia el bosque desde el amanecer, pero no tienen horario de regreso, pues dependen de los contingentes del día. Cuando se les ve trabajando en el campo se sabe que quienes forman parte de las brigadas, en su mayoría nativos de Milpa Alta, asumen las tareas más que como una obligación, como un compromiso de vida.

Don Agustín, conservacionista de Milpa Alta, DF / Claudio Contreras Koob

Las actividades para recibir la temporada de estiaje, y evitar y controlar los incendios, sean de origen natural o provocados, consisten en construir con antelación brechas corta fuego y líneas negras. Ambas son espacios de determinada longitud y ancho que se desarraigan para impedir que el fuego avance. También han realizado otra técnica conocida como quema controlada, la cual, como su nombre lo indica, tiene la finalidad de incendiar intencionalmente hojas, pastos y ramas para removerlos y evitar que funcionen como combustible, aunque la efectividad de ésta en el bosque de Milpa Alta ha sido cuestionada por varias instancias, porque es bastante agresiva para la piel y las vías respiratorias, ya que no cuentan con el equipo adecuado.

La época de lluvias es más benévola, pues se enfocan en reforestar el bosque con especies nativas exclusivamente y cuidar las pequeñas plantas que brotan.

Hasta la fecha estas acciones han contribuido a controlar los incendios. A juicio de Agustín, a pesar de que la pasada temporada de secas fue una de las más calientes, tan solo se perdieron 250 hectáreas, menos de lo que solía suceder antes de implementarlas y mucho menos que las 3,000 que en un año desafortunado se dañaron. Para el siguiente ciclo ya se están preparando: hasta ahora llevan 25 km de líneas negras y 300 hectáreas de quemas controladas, además de que han retirado toneladas de ramas y troncos secos que se quedaron tirados después de los vientos de febrero de 2010 y que arrasaron con más de 40,000 árboles en la zona.

Han hecho un gran esfuerzo por difundir esta riqueza natural. Lo que empezó como un susurro en el bosque se ha convertido en una voz inquieta que pide se transmita la herencia natural de esta área bajo la premisa de que sólo conociendo se puede conservar. Y es que para cada comunero representa aire y agua limpios, pero fundamentalmente es su tierra, el símbolo de su identidad.

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