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Muyil y Chunyaxché: las lagunas de Sian Ka’an

Sian Ka’an, que en maya significa “puerta del cielo”, fue declarada reserva de la biosfera en enero de 1986. Después se le sumaron dos áreas protegidas más, y ahora ocupa una superficie de 617 mil 265 hectáreas, que representa casi el 15 por ciento de la extensión total de Quintana Roo.

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La reserva se localiza en el centro-oriente del estado y cuenta con la misma proporción de selvas tropicales, pantanos y ambientes costeros, incluyendo arrecifes de coral. En 1987 fue declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Hay en el norte de Sian Ka’an un sistema de agua dulce, muy limpia y potable, formado por dos lagunas y varios canales. Estas lagunas son Muyil y Chunyaché.

LOS CAYOS

En Sian Ka’an los cayos son canales que comunican a las lagunas entre sí. Se atribuye su construcción a los mayas, que a través de ellos enlazaban sus centros de tierra adentro con la costa.

Muy a tiempo llegamos al cayo Maya que une a Muyil con Chunyaxché, pues se había desatado una ventisca que de habernos sorprendido en medio de cualquiera de las lagunas nos habría causado grandes problemas. Después de un rato, la lluvia amainó y pudimos avanzar dentro de Chunyaxché hasta llegar a un petén.

PETENES: RIQUEZA BIOLÓGICA Y FENÓMENO INSULAR

Tan sólo en las penínsulas de Yucatán y Florida hay petenes, que son formaciones de vegetación aisladas y separadas por pantanos o por agua. Algunos tienen sólo, pocas especies de plantas. Mientras que otros son asociaciones complejas tipo selva mediana perennifolia. En ellos se da una versión reducida del fenómeno insular, es decir que entre dos petenes vecinos puede haber una gran diferencia entre su flora y fauna.

Al llegar al petén buscamos dónde instalar el campamento; en la limpieza del área tuvimos mucho cuidado de no importunar alguna serpiente, ya que abundan las cascabeles, los coralillos y sobre todo las nauyacas.

LOS PELIGROS DE SIAN KA’AN

Se cree que el peor peligro de la selva y los pantanos son los grandes depredadores, como los jaguares, pero en realidad lo son los animales pequeños: serpientes, alacranes y, principalmente, mosquitos y moscas hematófagos. Estas últimas causan la mayoría de las enfermedades al transmitir paludismo, leishmaniasis y dengue, entre otras. Las serpientes sólo son peligrosas parael viajero descuidado o imprudente, ya que el 80 por ciento de las mordeduras en México ocurren al intentar matarlas.

Otro peligro es el chechem(Metopium browneii),ya que este árbol libera una resma que causa graves lesiones en la piel y en las mucosas si uno entra en contacto con ella. Hay diferencias en la susceptibilidad individual a esta resina, pero es mejor no ponerse a prueba y evitar lesiones que tardan 1.5 días en sanar. El árbol es fácilmente reconocible por el borde ondulado de sus hojas.

Después de comer y de instalar el campamento era hora de dormir, cosa que no nos costó ningún trabajo por lo cansados que estábamos: sin embargo, el sueño fue intranquilo: a la media noche. un viento furioso azotó la laguna, las olas crecían y el agua se colaba en la casa de campaña. La lluvia continuó con gran fuerza por horas, junto con una tormenta eléctrica más ensordecedora que peligrosa. A eso de las tres de la mañana la lluvia cesó, pero volver a dormir en un piso mojado y con la casa llena de moscos –pues hubo que salir a afianzar el equipo- fue realmente difícil.

Al día siguiente realizamos la rutina que sería la base de nuestra estancia en el petén: levantarnos, desayunar, lavar trastes y ropa, bañarnos y finalmente salir de exploración para tomar fotografías. Entre las tres y cuatro de la tarde comíamos el último alimento del día y, después de lavar, teníamos un tiempo libre que empleábamos en nadar, leer, escribir o alguna otra actividad.

La comida fue muy monótona, pues se limitó a raciones de supervivencia. La otrora buena pesca de estas lagunas ha diezmado y sólo muerden el anzuelo ejemplares pequeños, los cuales hay que devolverlos al agua pues no son aptos para consumo. La causa de esta declinación puede ser atribuida al huracán Roxanne, que paso por Quintana Roo, en 1995.

SEGUNDO CAMPAMENTO

Al dejar el primer petén nos invadió un sentimiento de nostalgia porque fueron muy buenos los días que allí pasamos. Pero había que continuar el viaje, y después de recorrer rumbo al norte la orilla noroccidental de Chunyaxché, llegamos a otro petén que sería nuestro segundo hogar en la expedición.

Como era de esperarse, este nuevo petén presentaba grandes diferencias con el anterior: en el nuevo abundaban los cangrejos y no había chechem. Era mucho más intrincado que el otro y nos costó trabajo montar el campamento; después de hacerlo nos dimos un festín con los icacos que crecían en la orilla. Chunyaxché cuenta con un canal interno, de difícil acceso, que corre paralelo a su orilla sureste y que mide alrededor de 7 km.

Una reserva de la biosfera se divide en dos áreas básicas: las zonas núcleo, reservorio intocable e inaccesible, y las zonas de amortiguamiento, donde se pueden aprovechar los recursos de la región, de modo que no se excluye la explotación de éstos si se hace de manera racional. La presencia humana es una necesidad: los habitantes que aprovechan los recursos se convierten en su mejor protección.

CAYO VENADO

Dejamos el segundo campamento y nos dirigimos a Cayo Venado, que es un canal de poco más de 10 km que desemboca en Campechén, un cuerpo de agua adyacente al mar. Cerca de la entrada se encuentra la ruina llamada Xlahpak o “el observatorio”. Tuvimos que guardar precauciones al explorar la ruina, ya que en su interior había una nauyaca, que por cierto no nos prestó la menor atención. Diversos animales usan este y otros monumentos similares como refugio, por lo que no es raro encontrar murciélagos, ratones y otros animales pequeños.

Al día siguiente salimos temprano para nadar a lo largo del cayo y llegar a la costa. Fue fácil avanzar en el cayo, ya que tiene una buena corriente, aunque al final es menos intensa. La profundidad del cayo va de 40 centímetros a 2 metros y medio, y el fondo de muy fangoso a francamente pedregoso.

Del cayo seguimos hasta la laguna Boca Paila, y atravesarla nadando nos llevó una hora y media. En total, ese día nadamos ocho horas y media, pero no habíamos llegado al final del recorrido. Saliendo del agua, hubo que desinflar las lanchas, reintegrar las mochilas -porque llevábamos parte de las cosas en las manos, sobre todo las cámaras- y vestimos para el trayecto que faltaba. Aunque eran poco más de tres kilómetros resultó extraordinariamente difícil completarlo: estábamos desacostumbrados, ya que no habíamos cargado el equipo en todo el viaje, y como las mochilas pesaban en promedio 30 kg cada una, y con el equipaje de mano que no pudimos meter en las mochilas, el esfuerzo físico fue enorme. Por si eso fuera poco, los moscos de la zona costera se abatieron implacablemente sobre nosotros.

Llegamos ya de noche a Boca Paila, donde desembocan las lagunas costeras en el mar. Estábamos tan cansados que instalar el campamento nos llevó dos horas y al final ni dormir bien pudimos, no sólo por la excitación de los logros del día, sino porque nuestra casa fue invadida por chaquistes, unos moscos de medio milímetro que ningún mosquitero normal puede detener.

El viaje se aproximaba a su fin y hubo que aprovechar los últimos días. Así que entramos a bucear en el arrecife cercano a nuestro campamento. Sian Ka’an tiene la segunda barrera arrecifal más grande del mundo, pero algunas partes están subdesarrolladas, como esta que exploramos.

CONCLUSIÓN

Por sus características tan especiales, Sian Ka’an es un lugar lleno de aventuras. A lo largo del viaje dimos lo mejor de nosotros y logramos todo lo que nos habíamos propuesto. Los constantes retos hacen que cada día se aprenda algo nuevo en ese mágico lugar, y se repite lo ya conocido: todo el que entre en la reserva pasa a ser, irremediablemente, arte de Sian Ka’an.

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