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Octava de Corpus de Cortázar: fiesta de los cirios majestuosos

La celebración inicia la víspera el Jueves de Corpus, según el calendario católico, y se prolonga los siguientes nueve días. En cada uno se efectúa una procesión en la que se llevan estas enormes velas de poco más de dos metros de altura.

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La elaboración de enormes cirios de cera para la celebración de la fiesta religiosa llamada la Octava de Corpus, en la ciudad de Cortázar, data del sigloXVIII. Esta actividad artesanal se remonta a la llegada de los primeros misioneros franciscanos en 1721, quienes introdujeron la abeja europea y les enseñaron a los lugareños a trabajar la cera con que las abejas construyen su panal.  Cortázar se localiza a quince minutos de la ciudad de Celaya rumbo a Salamanca, en el estado de Guanajuato.

Esta ciudad, hoy cabecera municipal, está asentada en lo que fuera la antigua aldea ñahñú (otomí) Iah-hiu. En su éxodo hacia el Valle de México, las tribus nahuas pasaron por ese lugar, lo que propició el comercio entre los dos pueblos de una planta de las zaponarias (especie de raíz de jabón), que cultivaban los ñahñúes; por ello, los mexicas le cambiaron el nombre al lugar por el de Amolles, que quiere decir “pueblo de raíz de jabón”.  Más tarde, los primeros españoles que llegaron a esta población la bautizaron como Degno (se pronunciadeñó), que significa “pueblo digno”; nombre que por sí solo describe a sus antiguos moradores. Posteriormente, los franciscanos le llamaron San José de los Amolles y construyeron sobre el centro ceremonial otomí una primera iglesia dedicada a San José, el santo patrono. El actual templo se erigió en el sigloXIX. 

El 16 de marzo de 1821 el general Luis Cortázar y Rábago promulga la independencia de México en este lugar. Años después, la ciudad se llamó Cortázar en homenaje a dicho general; este hombre se ha mantenido desde 1857 hasta nuestros días.  Los franciscanos enseñaron el cultivo de las abejas y a trabajar la cera, ya que su interés principal era la elaboración de los cirios necesarios para realizar los actos litúrgicos y para iluminar el templo católico. Así, los indígenas empezaron a hacer los cirios y velas para todos los templos de la zona.  Si bien es cierto que el arte de trabajar la cera se transmitía de padres a hijos, hoy tiende a desaparecer este oficio, ya que sólo son seis familias las que aún la trabajan. En sus talleres vemos a todo el grupo familiar cumpliendo alguna tarea. Para los jefes de familia es parte de un ritual que aprendieron desde su infancia, por ello intentan enseñar a sus hijos y están preocupados porque la tradición no se pierda, ya que sin las enormes velas la fiesta y la procesión perderían su glorioso sentido.   

La Octava de Corpus es una celebración donde se fusionan elementos de la religión católica con elementos paganos, lo que contribuye a que sea una alegre fiesta en la que familiares y amigos conviven al son de la música. La celebración inicia la víspera al Jueves de Corpus, según el calendario católico, y se prolonga los siguientes nueve días. en cada uno, durante la procesión, se llevan estas enormes velas de poco más de dos metros de altura.  Para darle un mayor atractivo a la fiesta, los participantes se dividieron por gremios para rendir sus ofrendas. Así, el primer día le toca al gremio de los campesinos; el segundo a los albañiles; el tercero a los carpinteros y herreros; el cuarto a los panaderos, zapateros y estibadores; el quinto a los arrieros y estableros; el sexto a los choferes; el séptimo a los comerciantes y tablajeros; el octavo a los empleados, y el noveno a los jitomateros.

Originalmente eran sólo ocho días, pero en una época en que los productores el jitomate eran un gremio muy fuerte, se le agregó un día más a la celebración. En un principio las ofrendas sólo eran cirios, los cuales se utilizaban todo el año en la iglesia de San José. Con el tiempo, los artesanos les fueron agregando elementos decorativos a las velas, dándoles así un carácter de artesanía auténticamente mexicana. Aunque son recreaciones de los símbolos cristianos, en los últimos años han incorporado elementos y figuras relacionadas a cada gremio. Además de las ofrendas en cirios, aún se hacen donaciones en especie relativas a una necesidad específica de algún templo; por ejemplo, bancas para una pequeña iglesia, imágenes de la virgen y santos para otra en construcción; un camión de arena o de cemento para obras de sitios religiosos; una casulla blanca con ricos bordados para el sacerdote; en fin, un sinnúmero de objetos que le regalan a la iglesia. 

Es un pueblo muy dedicado al trabajo, por ello, la procesión se lleva a cabo en las noches. Una vez que ha terminado sus labores, alrededor de las seis de la tarde, se organiza la procesión de ese día. Cuando todavía iluminan los últimos rayos de sol, los habitantes llegan al punto de reunión en camionetas, camiones y a pie, con esas magníficas esculturas de cera que han encargado a los artesanos con varias semanas de anticipación. La calle se va llenando de cruces enormes, santísimos, el cáliz y diferentes figuras según el gremio, que sorprenden por la maestría que han logrado en el trabajo de la cera.  Por un momento las bandas dejan de tocar y los cirios de múltiples figuras son tomadas en andas, algunos niños tratan de convencer a sus padres para ser ellos quienes los carguen, ya que es un gran orgullo llevarlos al templo. Al mismo tiempo, las innumerables bandas van tomando sus lugares.  Al frente de la procesión se ubican los tres mayordomos responsables de ese día, quienes además dan la orden de inicio. Delante de ellos van el lanzador de cohetes y sus ayudantes, los que durante todo el trayecto hacen tronar el cielo.

 Después de los mayordomos, se encuentra una banda que, sin interrupción, estremece con música la calle y los corazones de los cientos de personas que abarrotan la calzada celebrando emocionados el paso de la procesión.  En seguida unas jóvenes portan el estandarte del gremio que desfila ese día; atrás, traen un cáliz de oro, ofrenda especial donada por los choferes de una empresa refresquera, y otras cinco piezas de plata que se utilizan para celebrar la misa. Finalmente, la interminable fila de imágenes religiosas de gran tamaño, todas iluminadas con ingeniosos focos conectados a baterías de automóviles. El resplandor de las velas ilumina la noche, la fila es larguísima, las bandas no dejan de tocar ni un instante. Cuando los últimos están aún en las afueras de la ciudad -desde donde salió la procesión. los primeros ya van llegando a la plaza mayor. La procesión avanza lenta y solemne, rodea la plaza y empiezan a entrar a la iglesia; en ese momento se escucha el repicar de las campanas de todas las iglesias de Cortázar. El tañer dura largo rato y sus vibraciones surcan los aires tranquilos del lugar. 

En el interior de la iglesia están todos los sacerdotes del pueblo, encabezados por el párroco del templo de San José. Entran los mayordomos quienes permanecen de pie hasta adelante; en frene se coloca el estandarte, y el párroco va recibiendo las ofrendas. Los feligreses entran con los enormes cirios y velas, mientras el público espera afuera hasta el final de la caravana para intentar entrar a la iglesia y escuchar la misa que viene después; la mayoría, consciente de la imposibilidad de entrar, busca un asiento en la plaza o en los portales. 

Para concluir el día, en el centro de la plaza, en el quiosco, inician lastipas, otra de las tradiciones de esta fiesta que consiste en que una banda ejecuta una pieza musical y luego otra le contesta tocando una mejor y así va subiendo la calidad de la interpretación musical; se escuchan desde piezas populares hasta clásicas. Las familias se deleitan con la música, y los niños juegan por todas partes. Las bandas no dejan de tocar y la competencia dura un par de horas. Ya pasada la medianoche, todos los habitantes van a descansar, pues el día siguiente les espera una jornada de trabajo. Este 18 de mayo de nueva cuenta inicia la celebración de la fiesta de Cortázar: la de los cirios majestuosos.   

Fuente:   México desconocido No. 243 / mayo 1997 

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