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Ocumicho, Michoacán, donde al Diablo se le moldea

Descubre, en Ocumicho, Michoacán, una de las expresiones artesanales más famosas de los purépechas: los diablos, que, en poses traviesas, son parte del imaginario modelado en barro.

02-09-2010, 12:46:27 PM
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Conoce México, sus tradiciones y costumbres, pueblos mágicos, zonas arqueológicas, playas y hasta la comida mexicana.

La habilidad e imaginación de la alfarería de los michoacanos no es novedad. Bastante conocidas son las piñas producidas en Patamban o en San José de Gracia, éstas han aportado un estilo muy particular que las distingue de la cerámica de otras latitudes del país. Pero sin duda una de las creaciones más fantásticas son las que se moldean en Ocumicho, aquí cada diablo es único, cada figura tiene un estilo propio dado por el artesano que los crea con sus manos expertas, acostumbradas a manipular el barro sin la utilización de moldes.

Orígenes del diablo

Se cuentan varias historias acerca del origen de esta tradicional manifestación artística. Del recuento de mitos están aquellos donde se dice que el diablo “recorría Ocumicho y molestaba a todos, se metía en los árboles y los mataba. Entraba en los perros y no hacía más que agitarse y gritar. Luego persiguió a la gente, que se enfermaba y enloquecía. A alguien se le ocurrió que había que darle lugares donde pudiera vivir sin molestar a nadie”. Esta es una de las causas por la que los pobladores comenzaron a hacer los diablos.

Otra historia es la que cuenta la mayoría de los lugareños. En ella se hace referencia a un joven de nombre Marcelino, quien gustaba de hacer figuras de barro, lo cual, en su tiempo, era considerado una actividad propia de las mujeres. Según dicen, fue él quien realizó las primeras figurillas después de que el diablo se le apareció en una barranca. También hacía vírgenes, sirenas y “huarecitas”, todas, figuras tradicionalmente hechas en la región. Sus diablos eran las mejores efigies, “nadie las ha superado”, comenta Rutilio Pascual Zacarías, uno de los artesanos de Ocumicho. Sin embargo, el propio Rutilio cuenta otra historia: “Quien hizo el primer diablito fue mi abuela: Guadalupe Margarito Linares”. Narra que doña Guadalupe asistió a una feria en Cherán para vender sus productos. Entre las figuras de barro, hechas con molde, llevaba un diablito elaborado a mano.

Él no sabe por qué su abuela decidió darle tal forma, pero en dicha ocasión un señor se interesó por la pieza, la adquirió y en otro momento le llevó a Guadalupe un catálogo con varios diseños de diablos que le pidió elaborara. A la abuela de Rutilio no le interesó el pedido, sin embargo le dio las imágenes a otra familia de la comunidad para que las confeccionara: los Martínez, quienes con el tiempo se convirtieron en los principales impulsores de la nueva artesanía. “Trabajaron muy duro, llenaban camiones”, recuerda Rutilio, quien ahora es también uno de los más importantes artesanos del pueblo.

En Ocumicho se cuentan estas historias, tal vez haya otras. Sin embargo la tradición popular también nos da respuestas del origen de la idea del diablo entre los pobladores y su materialización en barro.

Misticismo e imaginación

Muchas son las explicaciones que se han vertido sobre el origen de estas obras artesanales; las hay de todos tipos, desde las más convincentes hasta las más inverosímiles. Posiblemente otro de los elementos que ha ayudado a crear un ambiente místico alrededor de tales figuras y el pueblo, es la comentada por Juan Pascual González, músico egresado del Conservatorio de las Rosas en Morelia e hijo de Rutilio Pascual. Juan relata que en lengua purépecha el nombre del pueblo es Kumichucuaro. Si se fragmenta la palabra se tienen dos significados: kumu que significa Topo y chukuaro, región. A ello podría darse por nombre “la región de los topos” y de tal designación se pueden desprender muchas relaciones con la tierra, el inframundo y demás asociaciones, que sin lugar a dudas, despertarían la imaginación de los turistas, viajeros e incluso investigadores, creando un halo de misticismo.

No obstante los diablos son producto del imaginario popular, en primer término, aunque debe resaltarse que las figuras moldeadas hace ya varias décadas en mucho varían con las actuales, pues se han ido modificando producto de la comercialización y la incursión de programas gubernamentales que introdujeron nuevas técnicas para hacerlas mas atractivos y fomentar así su venta, además del turismo mismo. Hoy en día las figuras de Ocumicho gozan de buena fama, sus diablos se conocen por todo el mundo y sus creadores se vinculan con nacionales y extranjeros que les facilitan la salida de sus productos.  A pesar de que actualmente la producción está dirigida por el consumo, los artesanos se dan su tiempo para imaginar nuevas creaciones, moldeando en barro al diablo para mantenerlo ahí y que no salga a hacer más travesuras

CÓMO LLEGAR

Desde Zamora hay que tomar la carretera federal 15 hacia Carapan, y en su entronque con Tangancicuaro tomar la desviación a Ocumicho. Procure dormir en Tangancicuaro o Zamora donde encontrará todos los servicios necesarios.

¿Conoces Ocumicho? ¿Has visto uno de estos simpáticos diablitos hechos arte popular?

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