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Para subir a El Cielo… de Tamaulipas

Su cercanía con el mar, su relieve montañoso y la coincidencia de diferentes climas, hacen de esta reserva natural un espacio único y muy atractivo para aquellos que buscan nuevas experiencias de turismo. ¡Descúbrela con nosotros!

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Conoce México, sus tradiciones y costumbres, pueblos mágicos, zonas arqueológicas, playas y hasta la comida mexicana.


El Cielo es el área protegida del noreste mexicano más importante en cuanto a biodiversidad. Reserva de la Biósfera desde 1985, es manejada por el gobierno de Tamaulipas. Cuenta con una superficie de 144,530 hectáreas y abarca parte de los municipios de Gómez Farías, Jaumave, Llera y Ocampo.

Una probadita de cielo

El recorrido puede empezar al pie de la Sierra, en el municipio Gómez Farías, donde se encuentra La Florida. En este lugar de manantiales cristalinos es posible encontrar muchas de las 650 especies de mariposas que hay en el noreste mexicano. La selva media de esta zona es el hogar de estos insectos de coloridas alas que revolotean junto a los cuerpos de agua.

Es posible contratar el servicio de camionetas 4×4, ya que los caminos en la Reserva son difíciles para otro tipo de vehículos. Adentrándose unos 10 kilómetros, subiendo por un camino flanqueado por árboles de hasta 30 metros de altura, se llega a Alta Cima.

Este pequeño poblado cuenta con una comunidad organizada y preparada para recibir grupos pequeños de visitantes. Hay facilidades de hospedaje en un pequeño y rústico hotel y un restaurante administrado por una cooperativa de mujeres, donde se preparan deliciosos platillos con productos de la región. Esta comunidad, como todas en la Reserva, utiliza energía solar cotidianamente y tiene conocimiento del entorno natural y de la necesidad de conservarlo. Muchos de los pobladores ofrecen sus servicios como guías.

En Alta Cima se encuentran dos senderos que dan muestra de la biodiversidad, los hermosos paisajes y de su pasado acuático, pues los fósiles se encuentran por doquier. Como todo el noreste mexicano, estuvo bajo el mar en dos ocasiones, hace alrededor de 540 millones de años la primera vez; y 135, la segunda. La evidencia del pasado acuático del territorio que hoy ocupa El Cielo son los abundantes fósiles de algunos de los organismos que habitaron aquellos mares de tiempos lejanos.

Debido a su origen marino, su suelo  es kárstico o calizo, por lo que es poroso y casi toda el agua que descargan las nubes que llegan desde el Golfo de México se cuela hacia el subsuelo. La ligera acidez natural del agua ayuda a disolver la roca caliza, entonces penetra hasta el suelo profundo por filtración. A través de cauces subterráneos, el líquido viaja desde lo alto de las montañas y aflora en forma de manantiales al pie de la Sierra y alimenta la Cuenca Guayalejo-Tamesí, hasta la región Tampico-Madero.

Valle del Ovni

A pocos kilómetros de Alta Cima, está Rancho Viejo, también conocido como “Valle del Ovni”. Los lugareños aseguran que años atrás se posó un objeto volador no identificado y de ahí su nombre. En este tranquilo lugar también hay disponibilidad de cabañas rústicas con todos los servicios. Durante el trayecto hay dos paradas obligadas, una en el Cerro de la Campana y otra en la Roca del Elefante.

A esta altura del recorrido, el bosque tropical ya dio paso al de niebla. Las burseras, los ficus y sus lianas son sustituidos por los liquidámbares, encinos, capulines y pomarosas.

El Cielo fue una zona de explotación maderera hasta 1985, cuando el gobierno del Estado de Tamaulipas lo declaró Reserva de la Biósfera, y en el siguiente poblado del recorrido se encontraba el aserradero donde se procesaba la madera. Ese poblado es San José, ubicado en un pequeño valle rodeado de encinos bañados de heno y liquidámbares, árboles característicos del bosque de niebla.

Al centro del caserío crece, magnífica, una magnolia, especie endémica de la región. Los habitantes de esta comunidad también ofrecen facilidades para el hospedaje de los paseantes. El camino continúa y más adelante se encuentran los pueblos La Gloria, Joya de Manantiales –donde la vegetación es dominada por los encinos y los pinos–, bosques que se han ido recuperando de la fuerte presión a la que fueron sometidos décadas atrás.

Ayeres místicos y religiosos

El sótano de El Cielo está lleno de pasadizos y cuevas que en el pasado sirvieron a los antiguos habitantes del área como refugios, sitios funerarios y de arte rupestre, lugares para efectuar ritos de iniciación y ceremonias mágico-religiosas. Asimismo, eran lugares de abastecimiento de agua, a través de las dolinas, y fuentes de arcilla y calcita para la fabricación de la cerámica.

Como puede ver, esta región tamaulipeca no es exclusiva para los científicos, ya que todos los amantes de la naturaleza y de los deportes de aventura son bienvenidos en cualquier fecha del año. Apta para los que gustan practicar el ecoturismo y el campismo, con servicios básicos.

Su futuro

Visitar El Cielo es visualizar el futuro, un futuro en el que las comunidades tenderán a ser más autosuficientes, más equitativas y más participativas, conviviendo y aprovechando los servicios ambientales naturales. En 2007 se puso en marcha un proyecto llamado: Parque Emblemático El Cielo, impulsado por el gobierno de Tamaulipas, con el que se intenta integrar a las comunidades al trabajo a partir de fuentes de trabajo alternativas y acordes con la idea de conservación de la zona.

La base es el turismo responsable, con el que se impulsan actividades como la observación de aves y mariposas, el recorrido de trayectos a pie o en kayaks, la práctica de rappel, tirolesa, bici de montaña, paseos a caballo y turismo científico.

El proyecto también contempla la reactivación de senderos donde los visitantes podrán observar la flora y fauna representativas. Existirá señalización, miradores, jardines de mariposas y orquídeas, así como un Centro Interpretativo Ecológico (cie) que ya se está edificando cerca al principal acceso a la Reserva.

Contará además con biblioteca, librería, cafetería, auditorio y un centro de ayuda comunitaria. En el área de exposición se presentará, a partir de una audaz museografía, la historia de la región, su biodiversidad y su funcionamiento.

¡De todo!

El Área cuenta con 21 especies de anfibios, 60 de reptiles, 40 de murciélagos, 255 de aves residentes y 175 de migratorias formando parte de bosques tropical subcaducifolio, de niebla, de encino-pino y de matorral xerófilo. Además, se ha reportado una larga lista de especies en peligro o raras, y en él habitan las seis de felinos registrados para México: ocelote, puma, tigrillo, jaguar, jaguarundi y gato montés. Los árboles del bosque de niebla son sustrato de gran variedad de orquídeas, bromelias, hongos y helechos.

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