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Quioscos y bandas

Explosión de alegria popular Las bandas, casi olvidadas en la ciudad de méxico, siguen escuchándose, por fortuna, en los quioscos de ciudades y pueblos de provincia.

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Conoce México, sus tradiciones y costumbres, pueblos mágicos, zonas arqueológicas, playas y hasta la comida mexicana.


El quiosco es un elemento de equipamiento urbano desconocido en México hasta el siglo XIX. Los primeros de que se tiene noticia aparecen en la segunda mitad de ese siglo y son importados de Europa. Posteriormente, durante el segundo imperio y la República Restaurada, el quiosco toma carta de naturalización en México y empiezan a surgir magníficos ejemplos hechos con materiales regionales, que pronto son utilizados como punto focal de las reuniones que se llevan a cabo en las plazas públicas, como expresión dinámica de la apertura entre las diversas clases sociales que transitan del esquema centrípeto colonial al centrífugo producto de la nueva concepción científica e industrial del mundo.

Hasta los albores de la segunda mitad del siglo XVIII las clases sociales mexicanas de medio y alto nivel practicaban una vida introvertida, y sólo compartían con el pueblo el templo, en aposentos reservados, y ocasionalmente ostentaban sus privilegios en la plaza. Sólo a partir de la independencia se gestan los cimientos de un nuevo esquema de intercambio social. En la ciudad de México destaca el quiosco de la Alameda Central, que data de 1869; aunque originalmente fue destinado a audiciones musicales, también fue escenario de un sinnúmero de arengas políticas. Un bello y ostentoso quiosco de marcada influencia mozárabe, el de Santa María la Ribera, en el D.F., fue utilizado como pabellón de México en la exposición internacional de Nueva Orleáns, E.U.A.

La perfección del arreglo de una ciudad conforme a una plaza central no la alcanzan ni algunas de las grandes capitales europeas. Ciudades las nuestras, que comenzaron por poseer, desde que fueron aldeas, el gran cuadro normativo de la plaza principal a cuyo alrededor se levanta la casa del ayuntamiento de un lado, y del otro la iglesia parroquial, o la catedral, y en los costados galerías con soportales para el paseo y los comercios, y en el otro segmento del cuadrángulo el cuartel militar. La arquitectura, como las plantas y los hombres, se aclimata y cambia. En nuestro país el quiosco cumple importantes funciones sociales: es foro abierto de arte, recinto de bandas musicales, espacio político, referencia urbana, punto de partida y símbolo convocatorio de reuniones y de eventos trascendentales; centro del cuadrángulo cívico y recreativo, y ornato en parques públicos y jardines.

El verdadero papel de las plazas ha sido el de reunir a los vecinos de los barrios. Es justamente en los barrios y en las plazas donde se fomenta el orgullo de la ciudadanía que por fortuna aún existe entre los mexicanos. 

BANDAS Y AIRES MARCIALES  

Según dice James Wilde en un reportaje publicado por la revista Time, desde el siglo XIII la banda militar turca Mehter ha hecho latir con miedo los corazones de los enemigos de su país. “Marchando durante las batallas entre los lamentos de los oboes, el clamor iracundo de las trompetas y el estruendo de los tambores, la banda militar Mehter aterrorizó a los cruzados, derrumbó los muros de Constantinopla y estremeció a la población de Viena. Cuando la banda desfila y alcanza el registro del apogeo en sus interpretaciones, su potencia acústica hace estallar al cerebro humano al conjuro de la estridencia de sus alientos y de sus percusiones”.

Las marchas turcas, como la música guerrera de los genízaros, irrumpió en Europa a finales del siglo XVII y principios del XVIII, inspirando obras tan famosas y seductoras como el Rapto del Serrallo de Mozart, pletórica de pasajes a la turca, o como los finales de la Tercera y Novena sinfonías de Beethoven (esta última incluye una marcha turca). Con la introducción del oboe, la banda Mehter fue la precursora de las bandas militares en todo el mundo. En los países donde existen grandes conjuntos sinfónicos, las bandas tienen gran arraigo y desarrollo. La tradición de bandas de música constituye un auténtico semillero de instrumentistas que mediante un proceso decantador de selección llegan, desde las bandas juveniles o profesionales, a las filas de los conjuntos sinfónicos, ofreciendo su experiencia y preparación basadas en fuertes tradiciones, depurada escuela nacional y rica vida de bandas.

En Inglaterra y Alemania las actividades de las bandas son de un vigor inusitado y la calidad de las mismas es el pilar de sus actividades sinfónicas en materia de instrumentos de viento. Estados Unidos, un paraíso sinfónico donde hay más orquestas que en toda Europa junta, de las cuales la inmensa mayoría son de una calidad que en Europa sólo se ve en los más grandes conjuntos, tiene una riquísima vida de bandas. Militares, profesionales y estudiantiles, todas poseen una elevada calidad y algunas son realmente sorprendentes.

En la historia y la geografía musical de México aparecen dos vertientes, ambas brillantes: las bandas en la ciudad de México y las de provincia. Con sede en la capital de la República son famosas la del Estado Mayor Presidencial, la de la Secretaría de Marina, la de Zapadores y la de Policía.  El más afamado director de bandas mexicanas fue el duranguense Velino M. Preza, quien compartió glorias y honores como compositor, director y arreglista de banda con su contemporáneo, el también genial John Souza.

Ambos se conocieron y admiraron recíprocamente, y viajaron por Europa, donde obtuvieron reconocimiento internacional por sus excepcionales talentos musicales. Fue la época del gran auge de las bandas en la ciudad de México, hoy virtualmente olvidadas; por fortuna, como muchas tradiciones comunitarias y otros rasgos de identidad, en provincia las bandas siguen vigentes, y jueves y sábados, en los quioscos de las plazas de armas, siguen ofreciendo sus serenatas para el disfrute de una sociedad cultural igualitaria. ¡Quioscos, bandas y marchas! Trípode que sostiene el coloquio musical en espacios abiertos e informales. ¡Quioscos, bandas y marchas! Cuyos antecedentes orientales han quedado constatados en las tradiciones, en la investigación y en el escenario cultural contemporáneo. ¡Quioscos, bandas y marchas! Cuyo estruendo forjado en los instrumentos de viento y en las percusiones son difundidos por quioscos (¡virtuales altavoces!) y expresan una estética de excelencia desde la que comunican las artes musical y arquitectónica a grandes auditorios sin plateas ni palcos, en escenarios circundantes y circulares donde hay intercambio de sitios sin distinción, ni privilegios ni reservaciones. 

EL ORIGEN DE LOS NOMBRES Y SU CONTEXTO 

Quiosco, nos dice el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, proviene del árabe kûsk y del persa kü’sk (palacio, pabellón): “Templete o pabellón de estilo oriental y generalmente abierto por todos lados, que se construye en azoteas, jardines, etc., para descansar, tomar el fresco, recrear la vista y otros usos. Pabellón o edificio pequeño y generalmente circular u ochavado, que se construye en plazas u otros parajes públicos para vender periódicos, fósforos, flores y otros artículos de poco precio”. Banda, Del gót. bandi, lazo: “Cuerpo de músicos militares que tocan juntos. Por ext., se da también este nombre a otros”. 

LOS QUIOSCOS Y EL EQUIPAMENTO URBANO

La idea de equipar, amueblar y decorar las calles y parques públicos nace con la revolución industrial (Inglaterra, siglo XVIII), cuando se empiezan a producir obras y muebles de ornato, hechos de materiales pesados como el hierro, para colocarlas en los exteriores de las casas (jardineras y faroles), en las calles públicas (relojes, basureros, buzones, señalamiento de calles, rutas o caminos y faroles), en plazas o parques (bombas de agua, fuentes, faroles, bancas, pérgolas para publicaciones y baños públicos). Además de adornos para edificios y monumentos (balconería, verjas, cornisas y toldos). 

Fuente: México desconocido No. 271 / septiembre 1999

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