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Recorrido a caballo por las haciendas de Lagos de Moreno

Constanza Posada y Jesús Cornejo, #ViajerosExpertosMD, se lanzaron a este Pueblo Mágico de Jalisco para descubrir (y recorrer) tres hermosas haciendas “a lomo de caballo”.

24-08-2016, 7:50:00 AM

De entre las nubes de tierra aparecieron dos hombres a caballo. La polvareda se dispersó y surgieron los primeros vaqueros que bajaban del cerro. Poco a poco, descubrimos a los demás: ocho hombres y dos mujeres ataviados con botas y chaparreras que iban peinando el monte en busca de unas vacas salvajes. La arreada había empezado temprano pero los escurridizos animales no se dejaban atrapar. Los vaqueros tenían toda una estrategia de batalla: a lo lejos se oían gritos, silbidos e instrucciones de bajar, subir, callarse y cerrarles el paso. Pasaban las horas y la arreada o herradero no acababa pero ellos no se rendían. A mí me venció el sol, así que a pie dejé el monte y regresé a la Hacienda San Cayetano. Se estaba fraguando una experiencia inolvidable.

¡Arreeeeee! Empieza la aventura

San Cayetano tiene un casco rosa pálido y en la entrada unos toros de lidia que asustan y encantan al mismo tiempo. Paseando la vista entre toros y caballos -en su mayoría especímenes cuarto de milla, puesto que Lagos de Moreno es la capital nacional de esta raza- esperaba el regreso de estos domadores del campo.

Se acercaba la hora de la comida y pensé que no tardarían en darse por vencidos. ¡Ingenua! Aquí, en los Altos de Jalisco, los hombres no se rinden. No existe hambre, lluvia, frío ni espina que los distraiga de su objetivo -excepto, quizá, una buena mujer o una cabalgata bajo la luna, porque los alteños, altivos como son, traen el orgullo por su gente y un irremediable romanticismo en su código genético-. Antes de perder (yo) toda esperanza, gritos triunfales se escucharon a lo lejos y una tormenta de polvo anunció la entrada de las vacas al corral y, también, que ya era hora de comer. ¡Nunca antes supieron tan bien unos tacos de carnitas! Allí, entre vaqueros y con el fresco de la tarde ambientando la tradición de compartir una comida después de la arreada, disfrutamos de una rica plática, unos tacos y, por supuesto, un brindis con tequila.

La luna como farola

Desde la terraza de San Cayetano vimos cómo se asomó la descarada y anaranjada luna entre los montes. Como si eso fuera un guiño irresistible, Pepe, un verdadero enamorado de la charrería, los caballos y de Lagos de Moreno, soltó con una sonrisota un “vámonos a caballo”. A estas alturas de la tarde-noche no me sorprendió que mientras la luna subía en el cielo, los vaqueros ensillaban a los animales. Abrigados y ensombrerados, se subió cada quien a su caballo. Alejandro, charro de hueso colorado, tomó al caballo más brioso y empezó a andar. Lo siguió don Ray, el mayor de los vaqueros, y luego Nicolle, una francesa que estaba en México aprendiendo sobre la escuela vaquera. Al final, íbamos Pepe (le tocó pastorearme) y yo, una novata en eso de las cabalgatas. Así, todos juntos nos encaminamos tierra adentro. Canciones de amor y otras de orgullo por la tierra salían del ronco pecho de estos personajes mientras recorríamos la campiña rumbo a la Hacienda Sepúlveda.

 Jesús Cornejo

Andar a caballo acompañado por vaqueros y con la luna como farola es una de las experiencias más genuinas que se pueden vivir en Lagos de Moreno. La sensación de libertad, el resplandor de las estrellas y los olores del terruño se graban por siempre en la memoria. Lo mejor es que para vivir esto no importa si se tiene nivel cero de experiencia montando, pues el nivel de confianza será diez porque estos hombres de a caballo, si algo saben, es hacer sentir al invitado seguro y cómodo, como parte de la tropa.

Las increíbles aventuras a caballo, la calidez de la gente y lo genuino de cada experiencia, hacen de las haciendas de Lagos de Moreno una de las mejores escapadas.

La vida a caballo

Las distancias y los tiempos se miden en hora a caballo. Aquí, estos fantásticos animales marcan el ritmo de la vida… y también de la historia de Jorge y Lena. Él es mexicano; ella, suiza, y se conocieron en Wyoming, Estados Unidos. Por supuesto, fue su amor por los caballos lo que los llevó allá y también lo que los trajo de regreso. Ahora, en la Hacienda San Cirilo dan clases para aprender a montar o, si ya eres experto, para dominar la escuela vaquera mexicana y recorrer los increíbles campos de la región.

Los tabiques rojos de la hacienda la delatan como una construcción relativamente joven: 1865. Sin embargo, el tiempo fue implacable y destruyó algunos de los cuartos, así que Jorge y Lena la han ido reconstruyendo poco a poco, con la gran ventaja de aportar personalidad y estilo a cada una de las habitaciones que cuentan con vista a las caballerizas. “No creo en el aislamiento ni en eso de tener al caballo lejos. El animal y la persona necesitan compartir, así es más fácil aprender a montar”, me explica Jorge mientras al asomarme por la ventana del cuarto de Los Apaches, veo a los caballos, y pienso en lo mágico de despertar con el relinchar de Marianca, El Coronel o Juan Colorado.

En San Cirilo, cuando vienes a pasar unos días para aprender sobre la escuela vaquera te toca convivir con la familia y conocer la vida agreste (además de usar el divino comedor antiguo que Jorge y Lena tienen en la cocina que ellos mismos restauraron respetando el estilo original de la hacienda). Aquí siempre hay algo que hacer y entre las actividades que más le gustan a Lena, está la talabartería. En su taller trabaja pacientemente la piel para hacer lindísimas artesanías que se convierten en monturas, bolsas para mujer, fundas para el teléfono o cinturones.

Jesús Cornejo

De leyendas y placeres

Doña Bárbara en realidad no se llamaba así, pero era tan liberada para su época, natural y de carácter fuerte, que siempre le decían “ay, ¡qué bárbara!”, hasta que se le quedó, y en honor a ella, Doña Bárbara es el nombre de una habitación. Miles de historias como esta se cuentan en la Hacienda Sepúlveda. El nombre es una pista para adivinar la historia de los cuartos. Las Vírgenes, por ejemplo, tiene distintos cuadros antiguos de… sí, vírgenes, pero se le llamó así porque era en donde dormían las “señoritas” de la familia. Otros se nombran bajo el guiño del humor: Pendejaus o Contenta Maridos, y las antiguas escaleras que se esconden bajo una gran buganvilia llevan a Chula Vista, una habitación con un delicioso balcón que ofrece la posibilidad de mirar el lago, las caballerizas y a los pavo reales, patos y gallos que se pasean libremente por la hacienda.

Más de 300 años lleva esta hacienda de resguardar historias y secretos, por eso, algunas paredes conservan los adobes ahumados que son testigos desde 1684 de las leyendas que cuentan que por ahí pasó Miguel Hidalgo y todavía, en uno de los cuartos frente a la alberca, hay una ventanilla que antiguamente escondían tras un ropero y que servía para asomarse a ver el trajín de los ejércitos durante la guerra de Independencia.

Andar por pasillos tan antiguos o comer unas deliciosas pacholas en el restaurante bajo la inmensa bóveda que antes era la troje (el lugar en el que guardaban los granos), es como un viaje en el tiempo. Cada rincón de esta hacienda-hotel tiene detalles con carácter como los roperos o muebles antiguos que permiten imaginar cómo era la vida hace siglos mientras se disfruta de las ventajas de servicios modernos y se olvida del estrés cotidiano.

Sueños del granero

El otrora aventadero, lugar al que antiguamente lanzaban desde la azotea los granos secados al sol, es ahora el spa, un sitio con vibra serena y jacuzzis tenuemente iluminados para tomar un té después de consentirse con un masaje ya sea holístico, de relajación o alguna de las propuestas únicas que Hacienda Sepúlveda tiene como “Las delicias del sentir”, un masaje con texturas, semillas y calor. Definitivamente es una delicia terminar el día en el spa después de recorrer los terrenos de la hacienda a caballo en compañía de Alfredo, el amabilísimo caballerango, o de haber disfrutado una cata de quesos (hay que recordar que Lagos es una importante cuenca lechera) y tequilas en el área para picnic en donde la mesa está hecha de un gigantesco fresno que al caerse no quisieron convertir en leña decidieron homenajear convirtiéndolo en la mesa y las bancas del jardín.

Cuando viajo duermo con las cortinas abiertas y a veces con alguna ventana para ver cómo cambian los colores de la noche al día y dejar que entren los sonidos -siempre tan únicos- del amanecer. Así que desde la cama, cubierta con un blanquísimo edredón, veía cómo cambiaban los colores del cielo y esperé a que cantara el gallo mientras recordaba a los vaqueros desafiando al monte durante el día y esa foto mental que tomé de su silueta cortando el horizonte por la noche; recordé también la cremosidad de los quesos que comí sobre un fresno, el acueducto que recorrimos a caballo y las hermosas vistas que la región ofrece a quien se adentra en la magia de las haciendas de Lagos de Moreno.

Jesús Cornejo

Cabalgar para descubrir

Aprovechar una escapada a las haciendas de Lagos de Moreno te permite conocer la historia de México y las tradiciones actuales con un sentido especial de aventura y compañerismo. Este plan no se trata de ser experto a caballo, sino de conocer nuevos amigos que te comparten el orgullo por la tradición charra y vaquera de la región. Además, puedes encontrar opciones familiares, otras para venir en plan romántico y otras para ir a la aventura.

A que no sabías

Los “caballitos” toman su nombre de las cañas ahuecadas que los jimadores amarraban a la pata del caballo y que usaban como vaso para tomarse un trago de tequila durante la faena.

Cinco sentidos

  • Qué ver: Los paisajes, los cielos y los montes del centro del país.
  • Qué probar: Las pacholas son una delicia local. Finísimos bisteces que se forman de carne molida en metate.
  • Qué oler: El campo. A los citadinos se nos olvida a qué huele el pasto húmedo y ese olor a animal y a naturaleza, tan característico del campo.
  • Qué sentir: El pelaje de los caballos. Los aceites y olores del spa en Hacienda Sepúlveda.
  • Qué escuchar: El cacareo de los gallos y el relinchar de los caballos al amanecer.

Contactos

Hacienda Sepúlveda Hotel-Spa
Km 4.5 Carretera Lagos-El Puesto
T. 01474 746 5401/6402
haciendasepulveda.com.mx
Facebook: Hacienda Sepúlveda Hotel & Spa

Hacienda San Cirilo
Centro ecuestre y escuela vaquera con hospedaje
Km 13.2 Carretera Lagos de Moreno-San Luis Potosí
Tel. 01474 738 8488
info@haciendasancirilo.com

Hacienda San Cayetano
Cabalgatas y equinoterapia
Km 3 Carretera Lagos-El Puesto
Tel. 01474 729 9466
haciendasancayetano.com.mx

¡Escucha canciones de José Alfredo Jiménez para montar a caballo!

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