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Refugio de una arquitectura autodidacta (Zacatecas / Aguascalientes)

La arquitectura tiene que ver con el entorno, identidad, tradición, herencia, influencias, referencias y formas históricas nuevas y espontáneas; características que sintetizadas generan armonía.

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Tal se percibe en una casa o templo construido por Refugio Reyes, zacatecano del siglo XIX, autodidacta que “representa la continuidad de la tradición arquitectónica mexicana, recreada por su genio y enriquecida con su heterodoxo repertorio”. Hay quienes afirman que la obra de Refugio Reyes es perfectamente conocida por sus paisanos, quienes la distinguen y reconocen; algunos repiten las anécdotas del arquitecto sin título don Cuco, como le decían de cariño. Pero más allá de la polémica que provoca lo ecléctico de su obra, salta a la vista su maestría en el uso de la cantera, los vitrales y portones en sus construcciones en Zacatecas, Jalisco y Aguascalientes. 

Reyes desarrolló una actitud estética e interpretó la vida de provincia en su quehacer artístico. Basándose en una metodología propia, en el aprendizaje práctico y en los libros que tuvo oportunidad de revisar, principalmente de grabados y fotografías, imprimió su genialidad en todo lo que creó. Podríamos aplicarle la frase de que lo que tocaba lo convertía en oro.  Nació en septiembre de 1862 en Sauceda, Zacatecas, durante la intervención francesa, momento de cambios políticos y geográficos en la estructura de los estados de Zacatecas, Aguascalientes y Guadalajara. La familla se instaló en Guadalupe, poblado zacatecano que entonces era un importante centro religloso-cultural en la zona norte del país, por ser sede del convento de propaganda de la fe de los franciscanos; él estudió hasta la primarla y a los 16 años comenzó a trabajar como peón y ayudante de cantero en los decorados de la capilla de Nápoles, obra neobarroca e icono artístico realizada durante el siglo XIX, que cambió el concepto de la forma de los estilos arquitectónicos al incorporar elementos no utilizados hasta entonces. Fue su primera escuela práctica y antecedente definitivo en su formación.

UN PROCESO DE CRECIMIENTO

También por esa época laboró en la construcción de la casa del padre Sánchez y en el ferrocarril de Zacatecas, donde aprendió a escribir mejor, cálculo y resistencia de materiales; conoció obras de arte que mostraron los ingenieros constructores de la línea ferroviaria, además de explicarle, por su insistencia, el uso de los rieles de diferentes dimensiones y peraltes, que más adelante preferiría en todas sus obras. Tiene acceso a la literatura de la época en las bibliotecas de sus clientes y en la suya personal, en las que mediante las imágenes de los libros conoce la arquitectura que se hacía en Europa, así como varios tratados de arquitectura, incluido el de Glacomo Vignola. Basándose en el trabajo práctico, Refugio Reyes aprendió trabajando con los antiguos maestros que manejaban los niveles, las estructuras por proporción, la geometría y el trazo de las piedras para corte, quien independientemente del uso ornamental o estructural; lo que hoy se conoce como geometría descriptiva. Comenzó como ayudante siguiendo el procedimiento de la época medieval que perdura hasta la actualidad, según el cual los trabajadores van subiendo de escalafón en dependencia del aprendizaje práctico, la inteligencia y la habilidad; después pasó a la categoría de aprendiz, luego a media cuchara, más tarde fue maestro y finalmente maestro mayor.  

INNOVACIÓN Y FUNCIONALIDAD

Por sus habilidades le encargan la torre del reloj de la iglesia del convento franciscano de Guadalupe, su obra primigenia, que realiza en 1886 según sus anotaciones. La torre es una especie de minarete que nada tiene que ver con la construcción barroca ni con la capilla de Nápoles, pero resulta una edificación audaz y moderna. Más tarde le asignan la construcción del Mercado de Zacatecas, donde amalgama varios estilos y materiales: su principal ensayo arquitectónico. En 1890 comienza el santuario de la virgen de Guadalupe en la misma ciudad, al cual le llama el santuario del padre Díaz de Zacatecas. Para nuestra suerte, hoy día queda mucho en p le de la obra de este gran arquitecto en su estado de origen, Aguascalientes y Jalisco.  Llegó a ser secretario de Obras Públicas del municipio de Aguascalientes. Estuvo encargado del trazado de las calzadas, construyó los hoteles Washington, Francia y París, el Hospital Hidalgo; transformó la parroquia de la plaza principal en catedral al agregarle dos torres; realizó puentes, edificios públicos y religiosos, así como casas particulares. Aguascalientes no tenía la presencia de una ciudad capital estatal, lo cual ocurre cuando llega Reyes y construye los edificios que le proporcionaron esa imagen y la dotaron de una identidad propia. Su obra se ha estudiado desde los puntos de vista estético y tecnológico considerando los cambios y transformaciones en la arquitectura a partir de las técnicas que implantó; pero lo más tangible para la mayoría es la imagen que adquirió la ciudad después de sus edificaciones. Este arquitecto autodidacta innovó y encontró soluciones constructivas y funcionales; fue el primero en emplear el concreto y revolucionó el uso de la tecnología, manejó estructuras de madera y metálicas de manera utilitaria y ornamental.  

UN ENTORNO DE CAMBIOS

Reyes vivía aislado de la sociedad, dedicado a su trabajo. A partir de 1920 va cambiando el concepto arquitectónico de la época, pero él ya no se apresura tanto en actualizarse, conserva su estilo y no evoluciona; tampoco construía por padecer de una enfermedad muy larga, de modo que sólo daba indicaciones a los maestros canteros que realizaban sus obras, para supervisar lo cual viajaba en tren entre Aguascalientes, Zacatecas y Guadalajara. Siempre se sintió menos por no tener un título, afirman algunos de sus estudiosos.  Era una persona sencilla y humilde, sus compadres podrían ser su campero o su ebanista, no se codeaba con los círculos de la elite intelectual o política y su transformación social hacia la pequeña burguesía fue discreta.  Refugio Reyes fue un peón que llegó a ser un genial arquitecto, tal vez su formación autodidacta propició su amplia producción artística. Además de manejar la piedra magistralmente, sabía proyectar conservando la tradición arquitectónica virreinal, ya en el olvido en nuestros días, a la cual supo sacarle el mejor provecho. A pocos años de su muerte, según sus anotaciones de 1939 y 1940, realizó algunas obras en Aguascalientes y Zacatecas. Falleció en 1945.

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