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Historia de la restauración del convento de Santo Domingo en Oaxaca

La construcción del convento de Santo Domingo se inició en 1551, año en el que el Municipio de Oaxaca concedió a los frailes dominicos el solar para que lo edificaran en un plazo no menos de 20 años.

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En 1572, no sólo no se había concluido el convento sino que las obras se hallaban bastante atrasadas. El Municipio y la orden dominicana llegaron al acuerdo de prorrogar 30 años más el plazo a cambio de la ayuda de los frailes en los trabajos de conducción de agua para la ciudad.Durante estas tres décadas las obras tuvieron altibajos debido a la falta de recursos y en 1608, aún sin terminar la nueva edificación, los dominicos tuvieron que mudarse ahí porque el convento de San Pablo, donde habían vivido mientras se construía el nuevo templo, había sido arruinado por los terremotos de 1603 y 1604. Según fray Antonio de Burgoa, cronista de la orden, los arquitectos del convento fueron fray Francisco Torantos, fray Antonio de Barbosa, fray Agustín de Salazar, Diego López, Juan Rogel y fray Hernando Cabareos. En 1666 se dieron por terminadas las obras del convento iniciándose otras como la Capilla del Rosario que se inauguró en 1731. Fue así como durante todo el siglo XVIII, Santo Domingo creció y se enriqueció con infinidad de obras de arte, hasta convertirse en la magna obra representativa de los tres siglos del virreinato en Oaxaca.

Con el siglo XIX se inició su destrucción. A partir de 1812 fue ocupado sucesivamente por tropas de los diversos bandos en conflicto, derivados de las guerras ocurridas desde la Independencia hasta el Porfiriato. En 1869, con la demolición de los catorce retablos, autorizada por el general Félix Díaz desaparecieron multitud de obras de arte, valiosas pinturas, esculturas y objetos de plata labrada.

Veinte años después el arzobispo de Oaxaca, doctor Eulogio Gillow, realizó gestiones ante el gobierno de Porfirio Díaz para recuperar el templo, iniciándose su restauración con la ayuda de los ilustres oaxaqueños don Andrés Portillo y el doctor Ángel Vasconcelos.

Los dominicos volvieron hasta el año de 1939. Para entonces, el uso como cuartel había afectado su estructura y modificado la organización de los espacios internos, además, se había perdido gran parte de la ornamentación pictórica y escultórica del claustro original. Sin embargo, la ocupación militar, que duró 182 años, evitó que durante la guerra de la Reforma el convento fuera vendido y fraccionado.

El templo volvió a su uso original en las postrimerías del siglo XIX, y en 1939 los dominicos recuperaron una parte del convento. En 1962 se realizaron obras para convertir la zona aledaña al claustro principal en museo, los trabajos concluyeron en 1974 con el rescate de la superficie total del antiguo atrio.

La exploración arqueológica permitió determinar con seguridad cómo se resolvieron las cubiertas del monumento; precisar los niveles de. los pisos durante las sucesivas ocupaciones; conocer los elementos arquitectónicos auténticos, y formar una importante colección de cerámica elaborada entre los siglos XVI y XIX. En la restauración se optó por utilizar los sistemas constructivos originales y se incorporó a un gran número de trabajadores del propio estado. De esta forma, se rescataron oficios que estaban en el olvido, tales como la forja de hierro, la carpintería en maderas duras, la fabricación de ladrillos, y otras actividades que los artesanos oaxaqueños realizaron de manera magistral.

Se adoptó el criterio del máximo respeto a la obra construida: no se tocaría ningún muro o elemento arquitectónico original y se modificaría el proyecto para adecuarlo siempre a los hallazgos que se fueran presentando. De este modo se encontraron varios originales que habían sido cubiertos y se repusieron muros que habían desaparecido.

El conjunto, que ha recuperado buena parte de su antiguo esplendor, está construido con muros de mampostería de piedra recubierta con sillares de cantera verde. Sólo en el segundo piso hay algunos muros de ladrillo. Las cubiertas originales que se conservan y las que han sido repuestas, son todas bóvedas de ladrillo de diversos tipos: las hay de cañón con arco de medio punto; otras cuya directriz es de arco con tres centros; encontramos también bóvedas esféricas y elípticas; bóvedas de arista en el cruce de dos bóvedas de cañón y, excepcionalmente, bóvedas de crucería de piedra. La restauración fue revelando que en alguna época se habían destruido las bóvedas faltantes y en pocos casos habían sido sustituidas por vigas de madera. Esto se comprobó al hacer las calas que evidenciaron las cicatrices ubicadas en lo alto de los muros de donde partían las bóvedas originales.

Se hizo, además, la investigación histórica documental y se encontró que el cronista de la orden dominica, fray Francisco de Burgoa, al hacer la descripción del convento en el año de 1676, después apunta: “Es el dormitorio después de la clausura incomunicable, de un cañón de bóveda, y por uno, y por otro lado, con otras hileras de celdas, y cada una es una hornacina de bóveda de ocho varas de capacidad en proporción; y cada una con ventana de reja iguales, al oriente y al poniente otras.

Kubler menciona, en suHistoria de la Arquitectura del siglo XVI,lo siguiente: “Cuando los dominicos de Oaxaca ocupan su nuevo edificio en el siglo XVII, los cuartos abovedados tenían todavía el maderamen de la cimbra, tal vez por el largo tiempo que tomaba en fraguar la argamasa.”

Respecto a la huerta conventual, se ha planteado restaurarla como jardín histórico etnobotánico, con una muestra de la biodiversidad de Oaxaca, y restablecer el jardín de plantas medicinales que existió en el convento. La exploración arqueológica ha dado notables resultados, ya que se han descubierto los antiguos drenajes, partes del. sistema de riego a base de canales, caminos y algunas dependencias, como los lavaderos.

El visitante a la ciudad de Oaxaca tiene ahora la oportunidad de incluir en su itinerario la visita al monumento histórico más relevante del estado.

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