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Rovirosa, un sabio naturalista del siglo XIX

José Narciso Rovirosa Andrade nació en 1849 en Macuspana, Tabasco. En 1871 se graduó como ingeniero agrimensor en el Instituto Campechano y posteriormente residió en Chiapas, San Juan Bautista y la ciudad de México, donde murió en 1901. Viajero y explorador infatigable realizó numerosas investigaciones sobre la flora y fauna del sureste mexicano. Fue miembro distinguido de diversas instituciones científicas, funcionario público, y representó a México en la Exposición de Paris de 1889 y en la Exposición Universal Colombiana en Chicago, EU, de 1893.

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José Narciso Rovirosa Andrade nació en 1849 en Macuspana, Tabasco. En 1871 se graduó como ingeniero agrimensor en el Instituto Campechano y posteriormente residió en Chiapas, San Juan Bautista y la ciudad de México, donde murió en 1901. Viajero y explorador infatigable realizó numerosas investigaciones sobre la flora y fauna del sureste mexicano. Fue miembro distinguido de diversas instituciones científicas, funcionario público, y representó a México en la Exposición de Paris de 1889 y en la Exposición Universal Colombiana en Chicago, EU, de 1893.

El 16 de julio de 1890 José N. Rovirosa salió de San Juan Bautista, hoy Villahermosa, con dirección a Teapa y el propósito de enriquecer sus conocimientos sobre la flora alpina del sur de México. Atravesar las extensas llanuras, ríos, vados y lagunas le tomaron todo el día y al atardecer llegó a los pies de la sierra.

Desde la parte más elevada del camino, a 640 msnm, se descubre el profundo río Teapa, y a lo lejos los cerros del Escobal, la Eminencia, Buenos Aires e Iztapangajoya, ligados por una especie de istmo orográfico. En Iztapangajoya, tan luego se supo la misión que me llevaba a Teapa, algunas personas se acercaron para interrogarme sobre las propiedades de las plantas. No me parecía extraña esa curiosidad; una larga experiencia me ha enseñado que la población no ilustrada de la América antes española, considera sin objeto el estudio de los vegetales,si no va encaminado a proporcionar nuevos elementos a la terapéutica, señala Rovirosa.

El 20 de julio Rovirosa se encuentra con Rómulo Calzada, descubridor de la gruta de Coconá y acepta explorarla en compañía de un grupo de sus alumnos del Instituto Juárez. Equipados con cuerdas y una escalera de cáñamo, instrumentos de medición y un arrojo sin límites, los hombres ingresan a la caverna alumbrándose con antorchas y velas. La expedición dura cuatro horas y da como resultado que la gruta mide 492 m divididos en ocho salones principales.

Pasé varios días en la ciudad de Teapa, colmado de las atenciones de algunas personas que constituyen lo más selecto de la sociedad. Tenía un alojamiento cómodo, criados para el servicio, personas que se brindaban para acompañarme en mis excursiones a los bosques, todo sin estipendio alguno.

Después de pasar casi todo el día en el campo, me ocupaba en la tarde en anotar en mi diario lo más interesante de mis correrías y en secar plantas para mi herbario. La primera región que exploré fue el río por ambas márgenes (…) después visité las faldas del Coconá y los cerros escarpados de la margen derecha del Puyacatengo. En ambos lugares la vegetación es selvática y abunda en tipos singulares por sus formas, por la eleganciay perfume de sus flores, por las virtudes medicinales que se les atribuyeno por sus aplicaciones ala economía y las artes, menciona el naturalista.

Los metales extraídos en la Mina de Santa Fe, oro, plata y cobre, expresan la riqueza sepultada en las montañas.

Las minas pertenecena una compañía inglesa. Una vía de herradura facilita la conducción de los metales concentradosal río Teapa, donde son embarcados en un vapory transportados al puerto de Frontera.

Explorador experto, José N. Rovirosa no deja-ba nada al azar: Un viajero previsor jamás puede desconocer las ventajas de una expedición meditada, ni olvidar que su éxito depende de los elementos disponibles, esto es, de los recursos científicos y de los que tienen por objeto conservar la salud y la vida; se debe ir provisto de vestidos adecuados al clima, una hamaca de viaje con mosquitero, una capa de hule, una escopeta o pistola y un machete son armas necesarias. Tampo-co debe faltar un pequeño botiquín, un barómetro de la fábrica Negretti y Zambra de Londres, un termómetro y un pluviómetro portátil.

Los guías también desempeñan un importante papel. Aconsejado por la experiencia, prefiero en mis viajes al indio, porque es un compañero sufrido, dócil, amante de la vida en las selvas, servicial,inteligente y apto, como ningún otro ser, para es-calar los riscos de las montañas y descender a las barrancas (… ) Posee gran conocimiento de su localidad y siempre está presto para advertir a su superior el peligro quele puede amenazar.

Aunque las plantas ocupan su atención, es la selva la que despierta el asombro de Rovirosa. Cuando se observan los confines de las selvas de Tabasco, es difícil concebir ideas acerca de aquellas agrupaciones de plantas que han presenciado la sucesión de tantos siglos (…) Se necesita penetrar en su interior para contemplar sus maravillas, para apreciar en los colosos del mundo vegetal la grandeza y poderío de las fuerzas orgánicas (…) Unas veces el silencio y la calma imprimen austeridad imponente a aquellos retiros; otras, la majestad de la selva se traduce en el sordo susurrar del viento, en el eco sonoro que repite, ya el formidable martilleo del pájaro carpintero, ya el canto de las aves, ya, en fin, el estentóreo aullido de los monos.

Si bien las fieras y las serpientes son una amenaza potencial, no hay enemigo pequeño. En la llanura son los mosquitos los que pican, pero en la sierra los jejenes colorados, rodadores y chaquistes cubren las manos y la cara de las personas para chuparles la sangre.

Añadía Rovirosa: Los chaquistes penetran entre los cabellos, causando una irritación tal, tan desesperante, que la atmósfera se siente más sofocante de lo que es en realidad.

Después de obtener una abundante colección de especies, Rovirosa cotinúa su viaje hacia tierras más altas. El ascenso era cada vez más difícil por lo escarpado de la montañay la impresión del frío se acentuaba. Dos cosas llamaban mi atención en el camino ascendente que hacíamos; la resistencia del indio para conducir pesados fardos en un terreno escabrosísimo, y el intinto maravilloso de las mulas. Es necesario haber viajado largo tiempo sobre los lomos de estos animales para comprender el grado de educación de que son susceptibles.

En la mesa de San Bartolo la vegetación cambia y da lugar a especies distintas, entre ellas una Convolvulácea de la que Rovirosa dice: Se le llama Almorrana,por las propiedades medicinales que se le atribuyen. Asegúrase que con sólo el hecho de portar en el bolsillo unas semillas, se consigue el alivio de este mal.

Después de dos semanas de arduo trabajo y hacer acopio de una vasta colección de plantas cuya existencia era ignorada por los botánicos, el ingeniero Rovirosa concluye su expedición. Cuyo fin loable es ofrecer al mundo científico los dones derramados por la naturaleza en esta hermosa porción del territorio mexicano.

Fuente: México desconocido No. 337 / marzo 2005

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