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Ruta de los conventos en el estado de Guanajuato

Los misioneros fueron los primeros españoles que arribaron al nuevo territorio con el fin de evangelizar. En lo que es hoy Guanajuato se conserva un rico acervo arquitectónico producto de su labor.

Luego de la conquista de México, ocurrida hacia la segunda década del siglo XVI, algunos de los primeros españoles que arribaron al nuevo territorio fueron los misioneros de las diferentes órdenes religiosas, los cuales, con la cruz en una mano y la espada en la otra, vinieron con el propósito de convertir al cristianismo a los miles de indígenas que poblaban la tierra recién conquistada. Entre las primeras órdenes que llegaron a lo que ahora conocemos como México se encontraban la de los franciscanos (1523), la de los dominicos (1526) y la de los agustinos (1533).

Así, en la segunda mitad del siglo XVI, con la anuencia del rey de España y del papa en turno, los misioneros se dieron a la tarea de levantar, siempre con la “gratuita” mano de obra indígena, una gran cantidad de conventos, templos y haciendas que con el paso del tiempo y luego de un sinnúmero de vicisitudes se fueron convirtiendo en el rico acervo arquitectónico de nuestro México actual.

Este tipo de construcciones se generalizaron a todo lo largo y ancho de la Nueva España, y el estado de Guanajuato no podía ser la excepción, así que en este legendario territorio todavía es posible admirar hermosos conjuntos conventuales que, con cimientos de eternidad, aún sorprenden a propios y extraños.

Conventos guanajuatenses

Intentando trazar una “ruta de conventos” en el actual estado de Guanajuato, podemos comenzar nuestro recorrido en la ciudad capital, Guanajuato, donde se puede visitar el templo y ex convento de la Compañía de Jesús, edificio que data de 1732 y que en 1774 fuera convertido en colegio; en la actualidad sólo conserva su templo y sus claustros bajo y alto, que albergan a la Escuela de Relaciones Exteriores de la Universidad de Guanajuato.

Hacia las afueras de la ciudad, en la vecina población de Valenciana, nos encontramos con el magnífico conjunto conventual de San Cayetano, mejor conocido simplemente como de Valenciana. De este complejo religioso es mundialmente famosa su magnífica iglesia de 1788, la cual es considerada como uno de los ejemplares más notables del churrigueresco mexicano. Su majestuosa fachada nos anuncia la suntuosidad de su interior, con tres espléndidos retablos de marcado estilo barroco.

Desafortunadamente para los aficionados a la fotografía, no está permitido tomar fotos de su interior. En cuanto al claustro contiguo, éste albergó en 1867 al colegio de Santa María, primero en América donde se enseñó simultáneamente latín, griego y hebreo. En 1962 dicho claustro pasó a manos del gobierno del estado, que lo destinó a la Universidad; restaurado por la misma, desde 1968 es sede de la Escuela de Filosofía, Letras e Historia.

De Guanajuato nos desplazamos hasta la petrolera ciudad de Salamanca, a tan sólo 66 km de distancia, para admirar el bello ex convento agustino de San Juan de Sahagún, mejor conocido como ex convento de San Agustín. Construido entre 1642 y 1700, aún conserva la casi totalidad de su conjunto original, con excepción de la fachada del templo, que fuera mutilada en décadas pasadas.

El interior de ésta es de una exquisita suntuosidad, y en sus once retablos dorados laterales se observan escenas de la vida de personajes bíblicos. Cabe mencionar que en la sacristía se conserva una gran cantidad de pinturas de los siglos XVII, XVIII y XIX, así como una singular mesa para el servicio religioso.

En cuanto a sus claustros, podemos mencionar que el menor, de estilo herreriano, es contemporáneo del templo, y que el mayor fue construido entre 1750-1761 y es de un decidido estilo barroco (véase México desconocido núm. 211).

Con el excelente bienestar que nos deja esta visita, nos dirigimos hacia la población de Yuriria, en donde visitaremos el conjunto conventual más famoso de Guanajuato, el de San Pablo de Yuririapúndaro, fundado en 1550 por los monjes agustinos. Desde el momento en que entramos al claustro bajo nos sorprende la majestuosidad de sus pasillos, decorados con bellas nervaduras góticas, y sus muros adornados con escenas bíblicas pintadas al fresco.

En la parte alta podemos recorrer una a una las celdas en las que, de pronto, sentimos que se nos va a aparecer algún monje agustino orando por su eterno descanso, junto a una de las ventanas por las que se alcanza a divisar la laguna. Todo este conjunto fue semidestruido por un voraz incendio en 1815, pero afortunadamente pudo restaurarse en el mismo siglo. Actualmente se encuentra custodiado por personal del Insituto Nacional de Antropología e Historia y funciona como museo.

De Yuriria tomamos camino hacia el sureste, hasta llegar a la ciudad de Acámbaro, en donde, entre muchas otras cosas, entraremos al conjunto franciscano de Santa María de Gracia, de estilo barroco, erigido entre los siglos XVII y XVIII. La arquería del claustro está formada por arcos de medio punto ornamentados con hermosas figuras en alto relieve que representan a diversos personajes de la Iglesia católica.

Tras haber visitado este maravilloso conjunto conventual y bien aprovisionados del famoso “pan de Acámbaro”, enfilamos nuestros pasos hacia la tierra de las guayabas, Salvatierra, donde tendremos oportunidad de conocer tres conjuntos más.

Entre sus múltiples atractivos turísticos, la ciudad de Salvatierra nos ofrece el convento de San Francisco, edificio del siglo XVII que aún posee su templo y su claustro, con un patio adornado por una fuente con una escultura de San Francisco de Asís. Aquí también es conveniente visitar el templo y convento de las Capuchinas, uno de los pocos ejemplos de arquitectura religiosa femenina en el estado. Su construcción data de finales del siglo XVIII y su imagen exterior se asemeja a una pequeña fortaleza.

Por último, nos dirigimos hacia el templo y convento del Carmen, que fuera levantado en el siglo XVII y cuyo claustro ha sido mutilado y construido, en su lugar, un centro comercial.

Otro lugar en donde podemos encontrar varios conjuntos religiosos, es la ciudad de Celaya, a escasos 37 km al norte de Salvatierra; en este lugar, famoso por sus exquisitas cajetas, se recomienda visitar el templo y convento del Carmen, obra maestra del arquitecto guanajuatense Eduardo Tresguerras, construida entre 1802 y 1807, y que hoy se constituye como una muestra neoclásica de gran sencillez y símbolo de la arquitectura celayense.

En el interior del templo también puede admirarse la obra pictórica de Tresguerras. El convento posee un patio con una fuente de cantera al centro y un perímetro adornado por arcos rebajados sobre columnas tablereadas. Aún está habitado por los sacerdotes carmelitas, quienes no permiten tomar fotografías del interior del claustro. Todo el conjunto está rodeado por una barda atrial con reja de hierro.

El templo y convento de San Francisco está localizado a un costado de la popular “bola del agua” (un enorme tanque esférico que almacena agua potable). La construcción del templo actual se inició en 1683 y su fachada fue reconstruida (junto con sus altares) por el arquitecto Tresguerras entre 1810 y 1820. La fachada del convento es de dos niveles, con pilastras decoradas con gárgolas; el patio interior está delimitado por una arquería de medio punto sobre pilastras molduradas, y las del segundo nivel están rematadas por unos rostros que sobresalen de entre follajes.

Otro conjunto que merece ser visto es el de San Agustín, cuyo templo se comenzó a construir en 1609 en un estilo plateresco con cierta reminiscencia morisca; el claustro, contemporáneo del templo, está realizado en cantera. El edificio fue sede de la cárcel municipal hasta 1961 y en la actualidad alberga a la Casa de la Cultura de Celaya.

Todavía con el dulce sabor de boca que nos dejaron la cajeta y estos magníficos conventos, nos dirigimos nuevamente hacia el norte para llegar, tras 52 km de recorrido, a la colonial ciudad de San Miguel de Allende, famosa por su singular arquitectura novohispana. El primer punto a visitar es el templo y ex convento de la Inmaculada Concepción, en cuyo templo puede admirarse una monumental colección pictórica del afamado artista Rodríguez Juárez; actualmente es la sede del Instituto Cultural “El Nigromante”, en el que se imparten clases de pintura, dibujo y escultura.

De aquí hay que dirigirse al conjunto de San Francisco, constituido por la Capilla de la Tercera Orden, el templo de San Francisco y el claustro conventual, los cuales dan forma a una concurrida plazoleta. Aunque todo este complejo arquitectónico no se construyó simultáneamente, se dice que pertenece al siglo XVIII; los arcos del claustro denotan una fuerte influencia barroca pero, desafortunadamente, éste quedó inconcluso. Puede visitarlo pidiendo autorización en la notaría del sitio.

Otro edificio que bien vale la pena conocer en San Miguel, es el del oratorio de San Felipe Neri, que aunque no es en realidad un conjunto conventual, tiene cierta semejanza con éstos. La iglesia de San Felipe Neri fue construida en 1712 por el bachiller Juan Antonio Pérez de Espinoza, y en su interior se pueden admirar bellos altares neoclásicos y pinturas de Miguel Cabrera; el exterior es de un sobrio estilo plateresco.

Con este complejo religioso damos por terminado nuestro recorrido por la “ruta de los conventos” del estado de Guanajuato, la cual nos pone de relieve la importancia que tuvo el establecimiento de las órdenes seculares en el territorio guanajuatense, y nos brinda un pretexto más para visitar este maravilloso e histórico estado mexicano, porque no hay que olvidar que Guanajuato… ¡es otra cosa!

Estructura de los conventos

Por principio de cuentas, podemos establecer que los conjuntos conventuales presentaban ciertos elementos característicos. El primero de ellos era un enorme patio llamado atrio conventual, de forma generalmente cuadrada o rectangular, con una imponente barda almenada que lo circundaba y una puerta situada en el mismo eje del acceso de la iglesia. Además de esta puerta principal, los atrios contaban con otros accesos laterales. Entre el acceso principal y el cuerpo de la iglesia estaba la cruz atrial, y en las esquinas del atrio había unas pequeñas capillas denominadas capillas posas, las cuales eran utilizadas para colocar la imagen del Santísimo durante las procesiones.

La mayoría de los conjuntos conventuales también poseían una capilla abierta, donde los sacerdotes impartían el catecismo y la celebración eucarística a los indígenas; estas capillas son consideradas como una de las aportaciones más originales del Nuevo Mundo a la arquitectura religiosa.

La parte más importante es el templo, el cual, generalmente, consta de una sola nave de planta rectangular y ábside circular o trapezoidal; sus magníficas portadas son, en muchos de los casos, el elemento principal del templo. Por lo común, al costado sur del templo se localiza el convento, propiamente dicho, cuyos claustros, siempre construidos en etapas posteriores al atrio y las capillas, constituyen la parte más evocadora de todo el conjunto.

Las arquerías, características de todos los conventos novohispanos, están conformadas por arcos de medio punto, o rebajados, y en sus acabados se nota la influencia de los estilos gótico, plateresco y, en algunos casos, mudéjar. El claustro funciona como vía de comunicación entre las diversas dependencias conventuales, como son la sala de profundis (la más espaciosa), el refectorio, la sacristía, la biblioteca, la cocina y la huerta.

Por una gran escalera se comunican el claustro bajo y el alto, donde están las pequeñas y austeras celdas de los sacerdotes, todas ellas comunicadas por un largo pasillo periférico.

En general estos son los elementos arquitectónicos que caracterizaron a aquellos voluminosos conjuntos conventuales establecidos por las órdenes religiosas para evangelizar a los indígenas mesoamericanos.

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