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Crónicas de viaje

¡Diversión al máximo! Salto en paracaídas en Cuautla, Morelos

Morelos
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La adrenalina que trae consigo la práctica de ciertos deportes te cambia la vida, aquí la crónica de un primerizo que saltó en paracaídas en Cuautla.

Saltar en paracaídas en Cuautla es uno de esos objetivos que muchos de nosotros tenemos en nuestra bucket list. “Me gustaría hacerlo algún día”, nos decimos, pero el tiempo pasa y ese día, por una u otra razón, nunca llega.

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Foto: cortesía Skydive Cuautla

Ahora o nunca: paracaídas en Cuautla

Sin embargo, el destino a veces colabora con nuestros propósitos. Aunque suene a una de esas “netas pop” que a la gente le encanta poner en Instagram acompañada de una foto mirando al horizonte, es absolutamente verdad.

En mi caso, la oportunidad de por fin saltar en paracaídas surgió por una invitación por parte de Skydive Cuautla, una de las empresas con mayor reconocimiento en el ramo en México. ¿Cómo decir no a una invitación como ésta? Después de todo, esta pandemia trajo consigo esa vibra que te hace decir “Ahora o nunca”.

Skydive Cuautla ofrece sus servicios los fines de semana, de viernes a domingo. Así las cosas, acordamos que el salto se llevara a cabo un domingo.

Foto: cortesía Skydive Cuautla

Aquel domingo que salté al paracaídas en Cuautla

Este domingo en particular es un día que se antoja ideal para llevar a cabo mi pequeña hazaña: despejado y soleado desde primera hora de la mañana. Mi cita con el destino es el Aeródromo de Cuautla Huitzililla, en el estado de Morelos.

Desde la caseta de la Autopista México-Cuernavaca en la CDMX, el trayecto es de aproximadamente una hora y media. Hay que decir que encontrar el Aeródromo de Huitzililla es bastante fácil, y con la asistencia de Waze o Google Maps es prácticamente imposible perderse.

Foto: cortesía Skydive Cuautla

La compañía

Llego allí pasado el mediodía en compañía de mi amiga Paola. A diferencia de mí, ella ya ha saltado en paracaídas antes, aunque esta vez no está segura de hacerlo. Como sea, aprecio el apoyo moral, pues no es cualquier cosa saltar desde una avioneta a 17 mil pies de altura sin alguien con quien intercambiar impresiones.

Se llega a Skydive Cuautla por medio de una pequeña desviación en la Carretera Cuautla-Huitzililla que no da la impresión de desembocar en un lugar tan amplio. Cuando llegamos, también me llama la atención que hay más gente de la que imaginaba. Las mesas que sirven al mismo tiempo como comedor y área de espera están prácticamente llenas.

Foto: cortesía Skydive Cuautla

Protocolos de salud y seguridad

Me acerco a la recepción en donde nos recibe una chica delgada y bajita de excelente trato. Lleva puesto su respectivo cubrebocas. Hay varios letreros que hacen énfasis en la necesidad de llevar el propio. También noto que los protocolos sanitarios parecen ser bastante rigurosos, pues incluso las plumas que uno usa para escribir son debidamente sanitizadas. 

Para este momento, Paola ya sintió el llamado de la adrenalina, así que también hará el salto. 

Después de que uno se registra, es necesario pasar a un pequeño auditorio en el que hay unos pupitres que le recuerdan a uno sus años escolares. El protocolo requiere que veamos un video introductorio al arte de saltar del paracaídas en Cuautla.

Foto: cortesía Skydive Cuautla

La leyenda del paracaidismo

El anfitrión del video es un hombre muy peculiar dueño de una barba como de patriarca bíblico. Se trata nada menos que de Bill Booth, una leyenda viviente del paracaidismo.

Resulta que Booth, ingeniero e inventor estadounidense, desarrolló el salto en tándem a principios de los 80, así como el sistema de triple anillo que permite a un paracaidista deshacerse en un sólo movimiento del paracaídas principal en caso de que éste falle. En otras palabras, él es uno de los responsables de que nosotros, los simples mortales, podamos experimentar las mieles adrenalínicas de este deporte antes reservado sólo para los iniciados.

Foto: cortesía Skydive Cuautla

Después de firmar la responsiva correspondiente, no hay otra cosa que hacer más que esperar. Paola y yo encontramos un lugar en la única mesa desocupada en todo el lugar.

La mesa se encuentra cerca de la zona de aterrizaje, por lo que uno puede apreciar a las tandas de paracaidistas que van descendiendo de vez en cuando. Primero descienden aquellos que hacen el salto individualmente, y después siguen aquellos que lo hacen en tándem.

No pasa mucho tiempo para que nos llamen a escena. Va a comenzar el breve entrenamiento en que nos darán las instrucciones pertinentes para realizar el salto. Es necesario deshacerse de todo lo que uno trae en los bolsillos (no te preocupes, hay una caseta especial en la que te guardan todo lo que traes en forma segura).

Justo cuando acabo de vaciar las bolsas de mis pantalones se presenta ante mí con una gran sonrisa Daniel. Él será el encargado de filmar todo lo ocurra que antes, durante y después del salto.

El registro

Es buen momento para recordar que éste es uno de los servicios que ofrece Skydive Cuautla. El paquete de grabación básico incluye un video de mano que se graba desde una GoPro que va en la muñeca del instructor. El segundo paquete incluye fotos y un video que un paracaidista profesional toma a distancia. El Paquete Gold, que fue el que me ofrecieron a mí, incluye ambas cosas: el video de mano con la GoPro, así como las fotos y el video tomado por el, llamémosle, videógrafo aéreo.

Daniel me explica todo lo que tengo que saber acerca de su labor. Hay que decir que tiene una gran actitud, es una de esas personas que se ve que realmente disfrutan de su trabajo.

No mucho después aparece “Rojo”, mi instructor. Su nombre es Héctor, pero en Skydive Cuautla todo el mundo lo conoce como Rojo. Una de las primeras cosas que me dice es que debo colocarme bien el buff que Skydive Cuautla te regala.

Después de ponerme el arnés que habrá de unirse al suyo para realizar el salto, trae una especie de patineta ancha que coloca en el suelo. Debo tenderme en ella para practicar la posición que habré de adoptar cuando nos arrojemos al vacío desde la avioneta.

Daniel, por su parte, aprovecha el momento para dar sus propias instrucciones. La idea es que uno ensaye distintas poses alocadas y divertidas, que son las mismas que uno habrá de repetir durante la caída libre. 

Foto: cortesía Skydive Cuautla

Justo como lo explica Bill Booth, uno debe ponerse en posición de arco: la cabeza se echa hacia atrás y se recarga en el hombro derecho del instructor, mientras que los pies se juntan y se echan hacia arriba, al tiempo que se arquea tanto como sea posible la espalda. Rojo me dice que cuando me dé la instrucción “¡Arco, cuélgate!”, inmediatamente debo adoptar la posición.

Antes de abordar la avioneta, Daniel me lleva junto a la pista de aterrizaje para hacerme una breve entrevista para el video que me entregarán al final.

—¿Cómo te sientes? ¿Estás nervioso?— me pregunta.

—No, estoy tranquilo. Creo que me sentía más nervioso ayer…

Ahora sí, se acerca el momento: nos llaman para montarnos en una especie de tribuna móvil que nos llevará hasta donde se encuentra la avioneta. Subo al vehículo, detrás de mí sube Rojo, y luego Paola y su instructor. No somos los únicos, en total debemos de ser unas 11 o 12 personas que habremos de subir a la avioneta. Ya al final se monta Daniel en una orilla y sin agarrarse de nada. “Estas personas definitivamente no le tienen miedo a nada…”, pienso.

Foto: cortesía Skydive Cuautla

El viaje hasta la avioneta es muy corto. Sin embargo, no podemos subir de inmediato: antes hay que pasar por un acceso, algo así como una pequeña área de espera. Me indican que tome asiento en una pequeña banca, y Rojo se sienta a mi lado. Lo veo extremadamente relajado, por lo que le hago la siguiente pregunta:

—¿Cuántos saltos llevas?

—3 mil 300— me responde sin inmutarse.

Rojo, el “Timecop” mexicano

La actitud de Rojo durante este momento previo a lanzarme del paracaídas en Cuautla me remite de inmediato a una escena de Timecop (Policía del futuro). ¿Alguien recuerda esta película? Como muchas de las cintas de Jean-Claude Van Damme, Timecop no es muy buena, pero, por alguna razón que sólo los dioses de Hollywood conocen, tiene ese no sé qué que la ha hecho alcanzar un estatus de culto.

La película trata sobre un policía que viaja en el tiempo para detener criminales que regresan al pasado para cometer fechorías. Lo de siempre, ya saben. Hacia la mitad de la película, finalmente deciden mostrarnos el mecanismo que usan para viajar en el tiempo: un vehículo montado en un riel que alcanza una gran velocidad, un poco al estilo de Volver al futuro.

Pues bien, el personaje de Van Damme debe regresar al pasado, y esta vez debe hacerlo junto con su nueva compañera de trabajo, quien se encuentra muy nerviosa por ser la primera vez que viaja en el tiempo. Durante la escena tiene lugar el siguiente diálogo:

—¿Cómo está Walker [el personaje de Van Damme]?— pregunta el jefe al encargado de monitorear los signos vitales de ambos.

—La verdad, no sé si está dormido o despierto.

Si alguien estuviera monitoreando los signos vitales de Rojo, muy probablemente tendría la misma duda. Así de impasible se ve.

La avioneta

Ahora sí, llega el momento de subir a la avioneta, no sin antes aplicarnos gel antibacterial en las manos. En Skydive Cuautla no se olvidan de las medidas sanitarias ni siquiera en estos momentos.

Nos acomodamos en el fondo de la aeronave según el orden en que habremos de saltar. A Paola y su instructor les toca al fondo, les sigue un argentino parlanchín junto con su respectivo instructor, luego Rojo y yo, Daniel y los demás paracaidistas que habrán de hacer el salto solos.

Rojo me avisa que nos tomará unos 15 minutos alcanzar la altura deseada: 17 mil pies. El despegue es todavía más suave que el de los aviones comerciales: prácticamente ni se siente. Por lo demás, el espectáculo que puede verse cuando uno se asoma por la ventanilla es maravilloso.

Foto: cortesía Skydive Cuautla

Una vez que saltan los primeros paracaidistas es momento de enganchar nuestros arneses. Rojo me hace la seña de que me siente en sus piernas y procedo a hacerlo. Me dice con la seguridad que da la experiencia de haber hecho algo 3 mil 300 veces:

“No se siente vértigo. Esto no es la feria, no es la montaña rusa. Nada más vas a sentir mucho aire en la cara, ¿de acuerdo?”

“Dame cinco”, me dice Rojo, y, así, llega el momento, la cita con el destino. Nos paramos para acercarnos a la puerta de la avioneta. Veo que Daniel también se pone en posición, pues nos va a ir acompañando todo el descenso. Rojo me da la instrucción “¡Arco, cuélgate!”, y yo adopto la posición. Comienza la adrenalina.

17 mil pies, 60 segundos de caída libre.

¿Qué se siente? Tienes que vivirlo para saberlo.

En los minutos que dura el descenso pasan muchas cosas. Cuando el instructor te da la señal con un par de palmadas en el hombro, es momento de soltar el arnés que uno tiene sujeto con las manos. Allí es cuando comienza el show para la cámara. En mi caso, debo confesar que mi show en tierra fue mucho mejor que el que pude presentar en el aire. Qué le vamos a hacer, la altura impone…

Foto: cortesía Skydive Cuautla

Después de los intensísimos 60 segundos de caída libre, el videógrafo se aleja y la copa del paracaídas comienza a abrirse. Mientras descendemos, Rojo me dice que detrás de unas montañas que se ven en el horizonte está Acapulco. También me da las indicaciones de lo que debo hacer cuando aterricemos: me toca levantar las rodillas a la altura del pecho y luego extender los pies de tal modo que no haga contacto con el suelo. Puedo lesionarme si no sigo las indicaciones al pie de la letra.

“¡Disfruta, disfruta!”, me dice Rojo, y un poco después, para que la GoPro lo grabe: “¡Estás volando!”. Y a mí no me queda sino gritar esa expresión muy mexicana que un profesor de la carrera traducía al latín como Ad ovum!!!

Foto: cortesía Skydive Cuautla

Mientras todo se va haciendo más y más grande, yo me pregunto cómo hacen los paracaidistas para orientarse, pues no tengo la menor idea de dónde se encuentra la pista de aterrizaje sino hasta que ya estamos lo suficientemente cerca como para distinguirla con la vista.

Ya cerca del suelo, Rojo me da la instrucción de levantar los pies y yo hago mi mejor esfuerzo. Felizmente, el aterrizaje transcurre sin incidentes. Detrás de nosotros aparece Daniel, quien aprovecha para tomar las últimas fotos y para preguntarme ante la cámara si lo volvería a hacer, a lo que respondo afirmativamente.

Una vez concluido el salto en paracaídas en Cuautla, sólo resta escoger las canciones con las que musicalizarán el video que te descargan en tu celular o en una USB. (Si no tienes espacio en el celular y no llevas una USB, no te preocupes: Skydive Cuautla te vende una por módicos 100 pesos).

La lista de canciones entre las que se puede escoger es bastante buena, al menos para mis gustos musicales. Me da gusto encontrar a Depeche Mode, mi banda favorita, entre las opciones. Escojo “Personal Jesus” para la parte previa al salto, y “Basket Case”, de Green Day, que se me antoja muy adecuada para el descenso.

Otra opción para la entrega del video y las fotos es que te los manden a tu correo para que descargues los archivos por medio de WeTransfer. Yo escojo esta opción, por lo que apenas al día siguiente ya tengo en mi poder el documento audiovisual que da testimonio de mi aventura dominical en Cuautla.

Debo decir que el resultado del salto en paracaídas en Cuautla es mejor de lo que esperaba. Ahora que la experiencia de saltar en paracaídas en Cuautla ha quedado atrás, me queda claro que éste no es un deporte para todo el mundo. Sin embargo, si tienes el gusanito y no tienes ningún impedimento físico, ¡hazlo! Porque aventarse en paracaídas es como una iniciación. Si la pasas, estás listo para más y mejores cosas. Que así sea.

Esta historia fue publicada en México Desconocido.

cronica
autor Edgar Harrington y Josué Huerta
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