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San Pedro Mártir y los confines del universo, en Baja California

Ubicado en el punto más alto de Baja California, el observatorio de San Pedro Mártir permite a los expertos, cada noche, descubrir las maravillas del universo. ¡Conócelo!

Aprovechando mi último viaje a Ensenada, conocí una de las regiones más bellas del país: El Parque Nacional Sierra de San Pedro Mártir. La salida fue temprano y rumbo al sur por la carretera Transpeninsular, primero pasamos por la hermosa región vinícola de Santo Tomás, más adelante San Vicente y poco más de una hora y media después, en el poblado de San Telmo de Abajo, tomamos la carretera que sube hacia la Sierra de San Pedro Mártir. Conforme ascendíamos, los chaparrales se convertían en bosques de pino piñonero, bosques mixtos de coníferas y álamos.

Verdes excepcionales y azul profundo

Un par de horas después de haber iniciado el ascenso, divisamos a lo lejos, asomado entre los pinos, el Observatorio Astronómico. El Parque Nacional, de 72,000 hectáreas, alberga una admirable riqueza biológica con pinos, abetos, cipreses, alamillos y chaparrales de manzanita, y una importante población de aves y mamíferos como el puma, borrego cimarrón, venado bura, gato montés, águila real, cóndor de California, entre otros tantos.

Dentro del parque existen unas cabañas muy cómodas donde es posible pasar la noche. Después de dejar nuestras maletas, iniciamos nuestra ruta de reconocimiento por la carretera principal hasta el Centro de Cultura para la Conservación. Más adelante está Vallecitos, una bella planicie con senderos ideales para la observación de flora y fauna, el ciclismo de montaña y el senderismo. Nos resultaron particularmente interesantes el sendero del Aguaje del Burro, el camino a la Torre de Piedra, una antigua torre de vigilancia y por supuesto, el sendero que lleva a los dos miradores, el de Altar y el de Picacho, a 300 m el uno del otro.

El panorama desde cualquiera de los miradores quita el aliento, en primer plano, el portentoso Picacho del Diablo, que es el punto más alto de la península, más adelante el infinito desierto y todavía más allá… el mar.

Ensayo cósmico

Después de semejante experiencia con la naturaleza, nos sentimos listos para el Observatorio Astronómico. Nos recibió Carlos Tejada, quien es académico y encargado del Área Óptica. Fue muy interesante platicar con él, pues nos enseñó cómo estaba balanceando un espejo de 2.1 m de radio, el área colectora del telescopio, que funciona como zoom. Mientras más grande sea el área colectora, llegan más fotones, con lo cual se pueden ver objetos más débiles, es decir, más lejanos o más atrás en el tiempo; la galaxia más cercana es Andrómeda y está a dos mil millones años luz. Nuestro anfitrión siguió mostrándonos las diferentes piezas del telescopio, mientras añadía que los astrónomos creen que el Universo tiene 15,000 millones de años luz de radio y ya hemos llegado a 8,000 millones con los telescopios más grandes.

La lista de sofisticados y sorprendentes aparatos no para: el anillo donde entra el espejo colector del telescopio de 30 toneladas, el disco para girarlo, el yugo que soporta toda la estructura, la cámara fotográfica en la parte inferior del colector que es extraordinariamente sensible, con un tanque de nitrógeno al costado para enfriar la oblea de silicio. Carlos nos habló de la precisión en fracciones de segundo de arco y de las compensaciones que hay que realizar para matizar el giro del eje de la Tierra.

Salimos del telescopio principal y nos dirigimos a los otros dos telescopios más pequeños que cumplen funciones distintas y específicas, como el de 1.5 m de radio, totalmente automatizado, cuya función es localizar los destellos de rayos gamma, en colaboración con otros países que también están atendiendo este fenómeno.

Más tarde bajamos al área de descanso de los astrónomos. Destaca el conjunto de cabañas “iglúes”, prácticamente abandonadas. A un lado está un edificio nuevo con un impecable comedor, donde compartimos alimentos con los académicos. Allí nos enteramos que los dos telescopios más pequeños se instalaron en 1970 y 1972, respectivamente, y el principal en 1979.

Fue en 1969 cuando se construyó la primera cabaña, donde pernoctaban los primeros astrónomos e investigadores que llegaron a la zona, es el lugar más privilegiado por su extraordinaria vista.

Energía galáctica

Por fin llegó la noche, el momento más esperado. Cuando pisamos el Observatorio, coincidió la apertura de la cúpula. Fue un momento espectacular. Bajamos al cuarto de observación y el astrónomo Leonel Gutiérrez comenzó a explicarnos cómo habían calibrado el telescopio, cambiado los filtros y cuadrado los tiempos de exposición, y nos habló sobre la importancia de utilizar los instrumentos más modernos para la toma de fotografías (dispositivos de carga acoplada u otros dispositivos electrónicos bidimensionales), además de filtros de colores, entre otras cosas.

Para observar una galaxia lejana se debe elegir el tiempo de integración, es decir, el lapso en que se estarán colectando fotones sobre el dispositivo electrónico (espectrógrafo, cámara, etcétera) para obtener una buena calidad de luz proveniente de la galaxia, por encima del brillo del cielo, es decir, del “ruido“.

Leonel dirigió nuestro viaje espacial a través de una de las pantallas, primero a una estrella de nuestra galaxia para terminar de calibrar y ajustar el telescopio; después a otra mucho más lejana (a miles de millones años luz), con una forma extraña que provocó su explosión y desapareció posiblemente hace ya mucho tiempo; después pudimos observar algunas emisiones de H2, que es gas ionizado, es decir, pequeñas nubes de gas que quedan como residuos de cuando explota una súper nova. Aprendimos cuáles eran los conjuntos de estrellas, los polvos cósmicos y no dejábamos de maravillarnos. La galaxia Andrómeda tiene tonos y formas espectaculares y la denominada M51 es como un punto de interrogación con mil millones de estrellas.

La pregunta que seguramente todos le hacen no tardó en salir de nuestros labios: ¿Y para llegar más allá?, a lo que respondió: “Necesitaríamos un telescopio espacial para evitar la atmósfera”. “Y… ¿más allá?, insistí. “Después del Universo no hay después, es lo único que existe, no puedes salirte de él: se comporta como un gran hoyo negro. No puedes escapar”.

De la misma forma, no pudimos escapar de este viaje que nos hizo soñar si hay verdaderamente “un más allá”.

Recomendaciones

-Para visitar el Observatorio Astronómico es indispensable realizar las gestiones en sus oficinas administrativas o directamente con el Instituto de Astronomía, en Ensenada. Tels. 01 (646) 174 4580 y 174 4593.
-La mejor época para viajar a esta región es de abril a noviembre, a partir de diciembre y hasta marzo las temperaturas son muy bajas y el acceso difícil.
-Es importante abastecerse con todo lo necesario antes de subir al parque, en el lugar no hay alimentos ni bebidas.
-En el Parque Nacional también se puede acampar.
-Es indispensable llevar calzado adecuado para el montañismo y chamarra abrigadora porque las noches son frías.

Contactos

Parque Nacional de la Sierra de San Pedro Mártir
Tels. 01 (646) 172 3000 y 172 3141.

Cabañas Parque Nacional San Pedro Mártir
Tels. 01 (646) 172 3000 y 172 3141.

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