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Santuario del Santo Niño de Atocha, Plateros, Zacatecas

El Santuario del Santo Niño de Atocha no sólo es el tercero más visitado de México, también es poseedor de un gran patrimonio artístico-religioso único en todo el país. ¡Aventúrate a conocerlo en Plateros, Zacatecas!

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Mi propia fascinación por la devoción mexicana –en su forma católica y pagana– me llevó esta vez a un pueblo en la cercanía de la capital de Zacatecas…

Plateros tiene un santuario de suma importancia para la devoción mexicana, sólo detrás de la Basílica de Guadalupe, en el Distrito Federal, y la iglesia de San Juan de los Lagos, en Jalisco. Cada año hasta ahí llegan 1.5 millones de peregrinos. El Santuario del “Niño Azul” además es visitado diariamente por otros cientos de personas de todas partes del país, sobre todo del centro y norte; y desde el suroeste de los Estados Unidos.

Un lugar con alma

La actividad principal de los habitantes de esta localidad se enfocaba tiempo atrás en la agricultura, la ganadería y las minas. Hoy en día el turismo religioso toma un lugar importante y aproximadamente 90 por ciento de los platenses están involucrados de manera directa o indirecta en el comercio religioso. Incluso los huicholes que vienen de la sierra aprovechan para vender su artesanía, representando su cosmovisión.

Alrededor de la iglesia se ven muchos comercios, unos de carácter familiar, con artículos religiosos y réplicas de la estatua original de 50 cm del Niño Santo.

Figurillas del Santo Niño de Atocha / Annick Donkers

La iglesia muestra una exquisita arquitectura barroca, con la puerta labrada en cantera rosa, típica en la región por la cercanía de minas de este valioso material. Adentro sorprenden las paredes del patio y las varias salas adyacentes cubiertas de exvotos: la constancia del agradecimiento por el milagro que se ilustra en la escena con su explicación en un breve texto. Se leen pequeñas historias de personas y testimonios vivos de la fe. Además se exhiben diversos objetos como mechas de cabellos, juguetes, ropa, fotografías, notas, cartas con carácter de petición general o en forma de anécdota, todos son regalos para el Niño milagroso de Plateros.

Santuario del Santo Niño de Atocha, Plateros, Zacatecas / Annick Donkers

La devoción que mueve a millones

El niño de Atocha es un Niño Jesús que se encuentra en los brazos de la Virgen, cuya pieza original habita en el santuario de Atocha, cerca de Madrid, España. La leyenda refiere a los años de la dominación musulmana en ese país europeo, que obligó a los fieles a enterrar, esconder y venerar de manera clandestina a sus imágenes cristianas. La historia dice que los moros tenían encarcelados a cristianos y que no permitían visitas ni de familiares ni de amigos, solamente de niños pequeños. Fue así como “el mismo Niño Jesús” decidió hacerles compañía en su tribulación, los consolaba y daba comida. Desde entonces, en las imágenes fue representado como un Niño Peregrino con huaraches, sombrero, una cesta de pan en una mano y un bastón en la otra. Cuando los españoles llegaron al Nuevo Mundo, trajeron esta devoción y los trabajadores europeos que emigraron a Plateros, por el descubrimiento de plata en esa región, no la olvidaron tampoco.

En la iglesia, originalmente dedicada al Santo Cristo de los Plateros, había también una imagen de Nuestra Señora y su Niño Divino. Cuando la original se perdió, fue reemplazada por una nueva, pero el Niño milagroso ahora luce características indígenas. La devoción fue creciendo y el santuario se convirtió en un lugar importante de peregrinación, dejando en segundo plano al Cristo de los Plateros.

Una ventana a la fe

Llegué al santuario un día normal, entre semana, y observé gran flujo de peregrinos. Comencé a platicar con ellos y encontré que provenían del Distrito Federal, San Luis Potosí, de otras partes de Zacatecas y de Durango. Después de un rato me di cuenta que la visita a la iglesia se da sobre todo en grupo, es decir, familias enteras con hijos, abuelos y bisabuelos. Todos colocan ofrendas, ya sea un retablo, una veladora u objetos personales; también son socorridas las limosnas. La gran mayoría no se retira sin comprar recuerdos en la tienda del santuario.

Entre los exvotos que más llamaron mi atención fueron unos sumamente antiguos, elaborados en láminas de cobre, muy hermosos y con mensajes muy sentidos. Los más actuales se distinguen por estar hechos con otros materiales como el barro y la madera.

Milagros a distancia

Debido a la transformación vertiginosa de nuestro planeta, el mundo religioso está para entrar a una nueva etapa. La tradición antigua de poner físicamente ex votos en la pared está dando paso a la época virtual y los peregrinos pueden hacer sus peticiones y agradecimientos sin moverse de sus casas por medio de Internet. Así, los creyentes se convierten en “peregrinos virtuales” y dejan sus oraciones y agradecimientos en Twitter, Facebook o en el blog del Niño de Atocha (santodeatocha.blogspot.mx). Pero nada se compara con una visita real al pueblo de Plateros y mirar con propios ojos la belleza del santuario, admirar de cerca cada uno de los ex votos y regalos que los fieles, de manera genuina y agradecida, han dejado al Niño Santo.

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