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Sayil, en el corazón del Puuc (Yucatán)

En plena región Puuc, al sur de Mérida y muy cerca de la sierrita de Ticul se encuentra Sayil.

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La extrema cercanía de Kabah y Labná le ha restado atracción a esta zona arqueológica y actualmente no es muy conocida por los turistas. No obstante, la arquitectura que presenta es un excelente ejemplo del estilo Puuc. El esplendor del estilo Puuc no sólo se circunscribió a Uxmal, también se encuentra en templos y palacios, en un conjunto de ciudades-estado. De Sayil generalmente sólo se menciona una estructura: el Palacio Norte, derruido parcialmente en sus tres niveles. La ciudad es muy grande, pero son pocos los espacios que se pueden visitar debido a que una tupida vegetación crece alrededor y sobre las ruinas. Incluso cuando miré por primera vez el Palacio Sur, vinieron a mi mente las escenas narradas por Stephens e ilustradas por Caterwood, con la vegetación creciendo sobre los techos e intersticios de la piedra de los edificios mayas. 

Estos insignes viajeros estuvieron aquí en el año 1842, después de visitar Uxmal y Kabah. Por entonces ya tenían referencias del sitio que los lugareños llamaban “casas viejas de piedra”. Como de costumbre, Caterwood realizó dibujos de Sayil, mientras que el doctor Samuel Cabot registró unas placas con su daguerrotipo. 

La región Puuc ya había sido visitada por fray Diego de Landa y fray Antonio de Ciudad Real, quienes llegaron a Uxmal en 1588. En 1658, fray Diego López de Cogolludo conoció esta ciudad y le dio nombre a algunas construcciones, como la Casa de las Monjas y el Palacio del Gobernador.  Después de esta visita, la zona Puuc permaneció olvidada por casi dos siglos, hasta que en 1834 el barón Jean Frederick Waldeck hizo un recorrido que le sirvió para publicar su libro Viaje Pintoresco y Arqueología en la Provincia de Yucatán, y donde la escasa información de aquél entonces propició ideas tan fuera de lugar como la supuesta relación entre los mayas y las culturas africanas.  Durante el siglo XX, la región Puuc siguió siendo visitada por los arqueólogos. En 1925, José Reygadas Vértiz hizo una descripción muy completa de Sayil. En las décadas siguientes, también hubo investigaciones pero siempre en un segundo término. En los años ochenta se realizó por fin un proyecto importante a cargo de la arqueóloga Sylviane Boucher, cuyo trabajo tuvo un fuerte sustento en las investigaciones de Antonio Benavides, Eduardo Marquina, h.e.d. Pollock, Tatiana Proskouriakof y Jeremy Sabkiff, entre otros.   

SAYIL, CARAVANA DE HORMIGAS     

“Lugar de las hormigas arrieras” significa el nombre de esta ciudad maya. Alegóricamente, se podría relacionar a estos insectos que forman largas caravanas con sus “banderolas verdes” en alto, con el gran número de trabajadores que se necesitó para cargar las piedras de las estructuras.  Durante la última etapa de trabajos arqueológicos se realizaron labores de rescate, fundamentalmente en el Palacio Norte, donde se retiró la vegetación y apuntalaron algunas partes para que pudieran ser visitadas. También se acondicionaron caminos que nos llevan a cuatro lugares: el Templo del Mirador, la Estela 9, el Templo de la Jamba Jeroglífica y el Palacio Sur. 

Los principales edificios de Sayil se distribuyen mediante un eje longitudinal que va de norte a sur. Los tres niveles de construcción del Palacio Norte y sus más de 90 habitaciones lo convierten en uno de los edificios más interesantes, pues su realización planteó diversos problemas técnicos que de alguna u otra forma fueron resueltos. Según Sylviane Boucher, la construcción del tercer piso obligó a rellenar buena parte del interior del primero y del segundo nivel, pero aún así el edificio se distingue por su gran número de aposentos distribuidos en tres alturas, algo muy raro en la arquitectura de Mesoamérica.  La bóveda maya, formada con el arco falso, es uno de los detalles arquitectónicos sobresalientes de Sayil. El primer nivel del Palacio Norte, tiene los techos derrumbados en su ala poniente, debido a la acción de las raíces de los árboles.

El segundo nivel, en cambio, luce no sólo la fachada más laboriosa y elegante del conjunto, sino que conserva en el ala poniente todos los techos originales.  El contraste con el primero y el tercer nivel, cuya decoración es bastante sencilla (aunque diferente), el segundo nivel muestra el característico “mosaico de piedras” del estilo Puuc. Este es un detalle decorativo de especial pulcritud pues cada fragmento de roca está cortado a medida y ensamblado en su lugar correspondiente.  De entrada el visitante es sorprendido con el efecto que producen los muros decorados con columnillas que resguardan los vanos de las puertas y complementan una parte del friso. Este detalle arquitectónico imprime un estilo único, no encontrado en ninguna otra región maya. El friso de este nivel es, sin duda, la parte más elaborada y significativa de la arquitectura de Sayil. En éste se alternan grandes mascarones de Chaac con algunas imágenes serpentinas. Chaac debió ser muy importante en esta zona de clima seco y con muy pocos cenotes. Para compensarlo, los mayas construyeron “chultunes”: cisternas subterráneas en donde se canalizaba y almacenaba el agua de lluvia. Otro detalle importante del friso es la imagen del dios descendente que se integra a dos serpientes estilizadas que forman al centro, un rostro. 

Del Palacio Norte, hacia el sur, parte un sacbé, camino que comunica las principales estructuras. La primera que sale al paso es el Templo del Mirador, construido sobre un basamento escalonado. El edificio está muy deteriorado, pues de sus cinco habitaciones sólo se conserva una. Por encima de la bóveda se levanta una crestería, semejante a las de la llamada Casa de las Palomas, en Uxmal. El templo también es muy semejante al Mirador de la vecina ciudad de Labná.  El mismo camino de norte a sur conduce después hacia la Estela 9. Allí se aprecia a Yum Keep, dios de la fertilidad cuyo enorme falo nos habla de su poder. El camino prosigue hacia otras estructuras señaladas en el plano de la ciudad, pero el acceso está restringido, por lo que debemos regresar casi a la altura del Palacio Norte para tomar otro camino que nos lleva hacia el Templo de la Jamba Jeroglífica y el Palacio Sur. 

A lo largo del recorrido se puede observar, de uno y otro lado, montículos que la vegetación ha ido destruyendo paulatinamente. Según Sylviane Boucher y otros arqueólogos, el sitio presenta un solo periodo de ocupación, del 800 al 1000 d.C. (Clásico Terminal), lo que resulta sorprendente por su enorme tamaño. Según cálculos de estos investigadores, la población alcanzó una cifra de 17 000 personas, incluidos algunos poblados satélites como Xcavil de Yaxché y la Gruta de Chaac. Este número rebasó el nivel crítico de suministros lo cual podría explicar el abandono de la ciudad.  El Templo de la Jamba Jeroglífica está más o menos a la mitad del recorrido. Las jambas son las columnas verticales que sostienen el dintel y forman el vano de una puerta o una ventana. El templo se encuentra en estado de abandono, si bien algunas habitaciones aún muestran sus bóvedas sin colapsar.   

Respecto a la jamba, no sólo es una sino las dos, más el dintel, las que tienen jeroglifos grabados.  El Palacio Sur es el lugar más alejado en la visita a Sayil. Para llegar se necesita cubrir aproximadamente un kilómetro a través de un camino recién acondicionado. La sombra de los árboles convierte el recorrido en un agradable paseo. Este edificio, originalmente de dos plantas, está parcialmente derruido y cubierto por la vegetación; sin embargo hay algunas partes que han sido limpiadas y se puede apreciar detalles arquitectónicos, entre ellos las columnillas que cubren los muros exteriores y los frisos.  Con esta parte de Sayil adaptada para la visita del público, es fácil imaginarla como una de las ciudades más importantes de la región Puuc. Su tamaño me-rece destinarle una temporada de restauración donde se trabajen algunas estructuras de gran tamaño o se evite el avance de la vegetación en aquellas donde ya se hayan iniciado labores. Hay todavía mucho trabajo pendiente para las hormiguitas arrieras de Sayil.   

Fuente:   México desconocido # 302 / abril 2002

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