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Conoce México Historia Cultura y artesanías

Ruta de la Independencia recorrido por Guanajuato y Querétaro

Resolvimos hacer este viaje para aprender sobre la historia de México, pues pensamos que no nos vendría mal conocer un poco más de los primeros pasos de nuestra hermosa patria hacia su Independencia.

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Conoce México, sus tradiciones y costumbres, pueblos mágicos, zonas arqueológicas, playas y hasta la comida mexicana.


Tomamos camino por la autopista 45 (México-Querétaro) y después de cuatro horas de viaje, encontramos el entronque con la carretera 110 (Silao-León) y siguiendo los señalamientos tras 368 kilómetros recorridos, estábamos ya en Guanajuato.

Elegir el hotel
Un hotel céntrico es buena opción para hospedarse en esta hermosa ciudad declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO (1988), ya que brinda la oportunidad de llegar caminado a casi todos los atractivos del lugar y vivir de cerca la tradicional “callejoneada”, que se lleva a cabo cada noche, partiendo del Jardín Unión en un recorrido por los callejones del centro de la ciudad. Pero también existen alternativas de hospedaje para quienes, como nosotros, viajan en familia, y desean dormir lejos de la algarabía de las fiestas nocturnas. El Hotel Misión fue una opción perfecta, pues está a las orillas de la ciudad junto a la ex Hacienda Museo San Gabriel de Barrera.

Historia a cada paso
Llegamos al centro por los túneles construidos, en 1822, como alternativa de salida para el agua, que constantemente ocasionaba inundaciones. Una vez ahí, nos dirigimos a desayunar a la Casa Valadez, un restaurante con muy buen servicio, calidad y precios accesibles. El desayuno obligado: enchiladas mineras.

La tradición histórica, las bellezas arquitectónicas, los callejones empedrados, las plazas y los guanajuatenses, hacen del viaje por esta tierra un itinerario sorprendente. Dimos un paseo por el Jardín Unión, lugar preferido de los lugareños, y desde donde se distingue el Pípila, sobre el Cerro de San Miguel. En el centro del jardín se puede apreciar un hermoso quiosco porfiriano. Cruzamos la calle para visitar el Teatro Juárez, que luce una hermosa fachada de estilo neoclásico con una escalinata que invita a subir. A un costado, el Templo barroco de San Diego, que se hace notar por su hermosa fachada en forma de cruz latina.

Al otro día, salimos del hotel y caminando cuesta abajo, unos 50 metros, llegamos a la ex Hacienda de San Gabriel de Barrera, que a finales del siglo XVII, tuvo su apogeo con el beneficio de plata y oro. Lo más destacado del ahora museo, son sus 17 jardines que, en espacios de hermosos diseños, muestran plantas y flores de diferentes regiones.

En encaminamos a la Alhóndiga de Granaditas, pero antes nos detuvimos en el domicilio Positos 47, la casa que vio nacer a Diego Rivera, el 8 de diciembre de 1886, y donde hoy se encuentra el museo de este excepcional artista.

Paramos en las Plazas de San Roque y San Fernando, espacios tan acicalados y hermosos como no se han visto en ninguna otra ciudad de nuestro país, con tan singular ambiente y magia. La primera fue, en algún tiempo, el cementerio de la ciudad. En el centro de ésta se encuentra una cruz de cantera, que es pieza esencial de los Entremeses de Cervantes. La iglesia de San Roque, que data de 1726, con su fachada de cantera y sus retablos neoclásicos, es igualmente hermosa.

Llegamos por fin a la Alhóndiga y cuál fue nuestra sorpresa, que al llegar nos encontramos con columnas, pisos y bóvedas que más parecen de una casa de aristócratas que de un almacén de granos. Hermoso lugar. Se hacía tarde, así que nos dirigimos directo al funicular, a espaldas del Teatro Juárez, para subir hasta la estatua de Juan José Reyes Martínez, “El Pipila”.

Cielo y libertad
Con una antorcha encendida en la mano, la figura de 30 metros de altura de uno de los héroes de la Independencia, vigila impávido las serpenteantes calles de la ciudad, llamada por los tarascos Quanaxhuato (lugar montuoso de ranas). El paisaje de la ciudad muestra construcciones que emergen de un profundo valle para treparse en las laderas de los cerros en un trazo tan imperfecto como fascinante. Pudimos admirar los templos de la Valenciana y de la Compañía de Jesús, el Teatro Juárez, la Alhóndiga, la Basílica Colegiata y los templos de San Diego y de Cata. El edificio de la Universidad de Guanajuato se destaca por su blanco atavío.

Rumbo a Dolores
Desayunamos en el hotel y, sobre la carretera federal 110, nos fuimos rumbo a Dolores Hidalgo, cuna de la Independencia. Esta ciudad nació como parte de los territorios de la Hacienda de la Erre, que se fundara en 1534, llegando a ser uno de los latifundios más extensos de Guanajuato. En la fachada de esta hacienda, que se encuentra a ocho kilómetros al sureste de la ciudad, hay una placa en la que se lee: “El 16 de septiembre de 1810 llegó a medio día el Sr. Cura Miguel Hidalgo y Costilla a esta Hacienda de la Erre y comió en la sala de la finca. Terminada la comida y después de haber formado el Primer Estado Mayor del Ejército Insurgente, dio la orden de marchar rumbo a Atotonilco y al hacerlo, dijo: ‘Adelante señores, vámonos; ya se le ha puesto el cascabel al gato, falta ver quienes son los que sobramos’”. (sic)

Llegamos al centro histórico de la ciudad y aunque temprano, el calor nos empujó hacia el parque de Dolores, famoso por sus nieves de sabores exóticos: pulque, camarón, aguacate, mole y tequila sonaban atractivos.

Antes de regresar a la capital para disfrutar de la callejoneada, fuimos al lugar que tanto anhelaba visitar, la casa de José Alfredo Jiménez, quien naciera ahí, el 19 de enero de 1926.

A San Miguel de Allende
La música y algarabía de la noche anterior nos levantó el ánimo, así que a las ocho de la mañana, ya con toda nuestra carga en la camioneta, salimos rumbo a San Miguel de Allende. Nos detuvimos en el km 17 de la carretera Dolores-San Miguel, en México lindo, lugar en el que encontramos gran variedad de artesanías en madera. Llegamos finalmente a la plaza principal, donde los puestos de nieve, las mujeres que venden flores y el niño de los rehiletes estaban ya instalados. Admiramos ahí la parroquia con su peculiar torre neogótica. De ahí nos seguimos caminando por sus hermosas calles llenas de tiendas con cosas interesantes, hasta que dieron rápidamente las dos de la tarde. Antes de comer, visitamos la plaza de toros, el barrio de El Chorro y el Parque Juárez, en donde disfrutamos de un paseo a la orilla del río. Ahora sí llegamos al Café Colón a descansar y comer rápidamente porque queríamos regresar aún con luz de día a Guanajuato, para hacer las dos últimas visitas: el Callejón del Beso y el Mercado Hidalgo (para comprar dulce de biznaga, ate de membrillo y charamuscas en forma de momias).

Doña Josefa y su estirpe
Para continuar con la Ruta de la Independencia, tomamos la carretera federal 57 en dirección noreste, con rumbo a Querétaro, donde nos hospedamos en el Hotel Casa Inn.

Rápidamente dejamos nuestras cosas para ir directo al Cerro de las Campanas. En este lugar encontramos una iglesia y un museo, además de una gigantesca estatua de Benito Juárez. Después nos fuimos hacia el centro, a la plaza de la Constitución, donde comenzamos la caminata. La primera parada fue en el antiguo convento de San Francisco, que hoy en día es sede del Museo Regional.

En la calle de 5 de Mayo está el Palacio de Gobierno, lugar de donde el 14 de septiembre de 1810, la esposa del corregidor de la ciudad, doña Josefa Ortiz de Domínguez (1764-1829), envió el mensaje al capitán Ignacio Allende, que estaba en San Miguel el Grande, de que la conspiración de Querétaro había sido descubierta por el gobierno virreinal.

Se hacía tarde pero decidimos hacer la última parada en el templo y convento de Santa Rosa de Viterbo, de hermosa fachada e interior imponente. Sus retablos del siglo XVIII son de inigualable belleza. Todo en el interior está profusamente adornado por flores y hojas doradas que crecen sobre columnas, capiteles, nichos y puertas. El púlpito, tallado en madera, es de estilo morisco con incrustaciones de nácar y marfil.

Al otro día decidimos hacer un recorrido en la camioneta por los 74 arcos del majestuoso acueducto para despedirnos de la ciudad.

De nuevo, en la autopista 45, ahora rumbo a México, lo que hicimos fue revivir las hermosas imágenes de lo vivido y agradecer por ser parte de este hermoso país.

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