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Tlalpujahua: Para comprar esferas en Michoacán

Nos lanzamos a este Pueblo Mágico del oriente michoacano para adquirir los adornos con que “vestiríamos” a nuestro arbolito de Navidad. ¡Aquí los detalles (y sorpresas) de la escapada!

Foto: México desconocido

El pasado fin de semana viajamos a Tlalpujahua con la intención de comprar esferas para adornar nuestro árbol de Navidad. Este Pueblo Mágico -ubicado al oriente de Michoacán, en los límites con el Estado de México- es famoso por la habilidad de sus artesanos con el vidrio soplado (técnica utilizada para modelar esferas), así como con el arte plumario y la cantera.

Partimos de la Ciudad de México a las 11:30 de la mañana, aunque te invitamos hacerlo más temprano porque el pueblo se encuentra a más de dos horas y vale la pena conocerlo. Nuestro recorrido fue en auto y tomamos la ruta por el Arco Norte; otra opción es tomar la carretera hacia Toluca, con dirección a Atlacomulco y después a El Oro.

Cuando llegamos al pueblo fue como insertarse en una villa navideña (similar a la que aparece en la película de animación stop motion “El extraño mundo de Jack”, de Tim Burton). Durante esta temporada, Tlalpujahua se dedica a la venta de adornos; sus talleres exhiben decoraciones para las fiestas, en la plaza central hay un enorme árbol acompañado de un nacimiento típico y en el Auditorio Municipal de Tlalpujahua (calle Juárez, entre Torbellino y Melchor Ocampo) se lleva a cabo la Feria Anual de la Esfera (hasta el 15 de diciembre), con más de 170 puestos donde se comercializan estas frágiles obras de arte.

Nuestra primera parada fue para comer. Entramos al restaurante La Huerta, cerca del Museo Hermanos López Rayón. Aquí llamó nuestra atención el decorado: hay una maqueta del pueblo, esculturas religiosas y las mesas y sillas están pintadas a mano; la temática de las nuestras era Frida Kahlo. Ahí pedimos cerdo con verdolagas y corundas (platillo típico michoacano), sopa tarasca y enchiladas en mole verde. Para el postre apostamos por comer pan dulce, cocadas y dulces de leche que puedes pedir en los puestos colindantes a la Feria y la plaza. Ahora, este lugar ofrece también servicio de hospedaje con cómodas y bonitas habitaciones. 

Después de una rica comida, nos lanzamos a la búsqueda de esferas. Al meternos en los talleres y puestos de la Feria descubrimos que no sería una elección fácil, pues vimos de todos los colores, tamaños y formas. Incluso las hay de personajes populares (como los minions), las que tienen en su interior pequeños Nacimientos y las alusivas a equipos de futbol. No pocos se llevaron a casa “recuerditos” con el escudo del América, los Pumas o las Chivas.

Además de encontrar diseños finos -con un toque muy mexicano-, lo mejor son los precios. Aquí es posible adquirir obras de arte navideñas a costos muy asequibles. Finalmente, nos decidimos por esferas de color blanco, plateado y transparentes. En total, (por más de 40 esferas que necesitábamos para llenar el árbol, que mide casi dos metros) pagamos menos de $300.

Uno de los aspectos que más nos maravilló es la habilidad con la que los artesanos decoran las esferas de vidrio soplado. En tan sólo un par de minutos realizan diseños sorprendentes. Y es que en este Pueblo Mágico, la tradición de elaboración de esferas lleva más de tres décadas y existen cerca de 200 talleres dedicados a esta actividad. Durante todo el año es posible apreciar diseños originales, así como otras aplicaciones (principalmente metálicas y de madera) para acomodar las esferas.

Para terminar con nuestro objetivo, nos dirigimos a La Casa de Santa Claus. Se trata de una tienda muy bonita (que, obviamente, está decorada de Navidad y donde te recibe un Papá Noel) en la que se venden esferas y otros artículos como listones, muñecos, manteles y guirnaldas. Ahí hicimos las compras finales y como estábamos muy cansados, nos sentamos a tomar un café en el restaurante La Terraza, que se halla en la planta superior de La Casa de Santa Claus. Desde ahí se obtiene una de las mejores panorámicas del pueblo.

Aprovechamos nuestra visita para conocer algunos rincones de Tlalpujahua. El pueblo, de calles empinadas y empedradas, conserva un estilo de antaño que recuerda a los tiempos de la bonanza minera. El recorrido inició en la Plaza Principal, rodeada por portales y en cuya parte trasera se yergue el Palacio Municipal. Subiendo la calle nos topamos con el majestuoso Santuario de Nuestra Señora del Carmen, levantado por los franciscanos en el siglo XVIII. Destaca su portada barroca con figuras de sirenas, tritones, presbíteros, obispos y santos. Su interior tiene una mezcla de estilos que van desde el neoclásico hasta el mudéjar. El púlpito es de inspiración árabe y las paredes fueron decoradas bajo la dirección del artista Joaquín Orta Menchaca. En el centro está colocada la imagen en piedra de la Virgen del Carmen.

Un joven local nos platicó la interesante historia del templo que inicialmente estaba dedicado a San Pedro y San Pablo (cuyas representaciones están en el nivel más alto de la fachada). Cuando en 1927 se reventaron las presas cercanas debido al exceso de desechos de la mina Las Dos Estrellas, sepultando a una tercera parte del pueblo, se decidió traer a la Virgen del Carmen, lo cual consiguieron hasta la década de 1940. A la fecha, sus ropajes muestran manchas blancas como recuerdo de la inundación a pesar, según cuentan, de los numerosos intentos por restaurarla.

Otros sitios imprescindibles de Tlalpujahua son la Torre del Carmen, de la que sólo se puede ver el campanario y un cementerio; la mina Las Dos Estrellas, que ahora es un museo en el que podrás ver el tiro y aprender su historia; y el Museo Hermanos López Rayón, donde naciera el insurgente Ignacio López Rayón.

De regreso a la Ciudad de México, hicimos una escala en El Oro, ya en el Estado de México. Este Pueblo Mágico es encantador, con sus construcciones de aire europeo donde predominan los estilos art nouveau y neoclásico. En la noche es muy agradable pasear por sus calles y admirar las iluminadas construcciones del Palacio Municipal y el Teatro Juárez. Para terminar bien el día, cenamos en el restaurante Vagón Express Minero, instalado dentro de un auténtico vagón de tren. Después de un rico chocolate caliente (la región es bastante fría) emprendimos el camino hacia la gran capital, con la cajuela llena de hermosas esferas y contentos de haber conocido "el pueblo de la eterna Navidad".

Tips

-Durante la temporada invernal, la Mariposa Monarca visita tierras michoacanas y mexiquenses, ofreciendo uno de los espectáculos naturales más increíbles del mundo. Así que si tu estancia es más prolongada, te recomendamos acudir al Santuario de Sierra Chincua, localizado a 27 kilómetros al sur de Tlalpujahua, ya en el Pueblo Mágico de Angangueo.

-En el poblado casi no hay señal de celular ni Internet. Tómalo en cuenta.

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