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Tour mezcalero y paisajes campiranos en San Carlos, Tamaulipas

San Carlos se define como un pueblo ancestral que tuvo como oficio la explotación de minas y la destilación del maguey para hacer mezcal.

20-05-2019, 1:37:01 PM
Tour mezcalero y paisajes campiranos en San Carlos, Tamaulipas
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Conoce México, sus tradiciones y costumbres, pueblos mágicos, zonas arqueológicas, playas y hasta la comida mexicana.

San Carlos, en Tamaulipas, es uno de los 43 municipios del estado y su cabecera municipal, del mismo nombre, se define como un pueblo ancestral que tuvo como oficio la explotación de minas y la destilación del maguey para hacer mezcal, bebida espirituosa que hoy revive del ensueño tamaulipeco.

Paseos entre montañas

La tierra rojiza combinada con el mezquite y el huizache le otorgan al municipio de San Carlos paisajes campiranos en la zona montañosa occidental de Tamaulipas.

La atracción estelar se halla en la cabecera municipal del mismo nombre, una población que fue fundada el 6 de julio de 1766 por doscientos seguidores procedentes de Real de Borbón, Linares y Burgos, bajo la advocación de San Carlos Borromeo. Pero la historia señala que en 1769, el entonces gobernador Vicente González de Santianes, decidió trasladar la capital de Nuevo Santander a este territorio, donde la minería había comenzado a tomar fuerza, prometiendo una mejor calidad de vida; incluso había más 130 artes de beneficio, incluyendo tres haciendas que aprovechaban la energía hidráulica y otras de tracción animal, algunas aún de pie.

También vivió una época de auge mezcalero, la bebida insignia que hoy pone a San Carlos en los mapas turísticos y gastronómicos. Debido a las planicies, los lomeríos y las montañas, el municipio está abierto para excursiones y ciclismo. Uno de las elevaciones más admiradas es el Cerro del Diente, que se eleva a 1,960 msnm; está ubicado en la Sierra de San Carlos. Los ciclistas organizan rodadas desde la cabecera municipal hacia
los ejidos colindantes.

  • Cómo llegar: Está a 125 kilómetros de Ciudad Victoria, por la carretera federal 101, hasta conectar con la vía 13, que comunica directo con la cabecera municipal.

Historia y cultura de pie

La población de San Carlos mantiene algunas construcciones que datan de los siglos XVII y XIX. La antigua Casa del Capitán Lores, que se construyó a finales del siglo XVIII, actualmente alberga una escuela de artesanías de gamuza, sillas de montar y artículos de ixtle. Otro edificio histórico es la parroquia de San Carlos Borromeo, quien es el santo patrono del municipio y cuya fiesta se celebra el 4 de noviembre. También data del siglo XVIII y está ubicada en el centro de esta entidad.

Las fiestas patronales se caracterizan por una solemne procesión de nueve días. En ella participan todos los ejidos del municipio, finalizando con el toque de las campanas de la iglesia en punto de las cinco de la mañana, invitando a los fieles a rezar.

La feria que se lleva a cabo también en el mes de noviembre es totalmente regional: hay danzas tradicionales, música y charreadas con valientes jinetes que portan bellas cueras tamaulipecas, generando todos un vistoso espectáculo para el viajero.

Cultura sancarlense

Asentado ya en la frontera con el norte del estado de Tamaulipas, San Carlos mantiene una cultura viva que se puede comprobar a través de diversos eventos sociales y culturales, la mayoría acompañados por música norteña con instrumentos como el acordeón, tololoche y bajo sexto, además de polka y la picota, este último un hermoso baile que se caracteriza por ser uno de los más representativos de Tamaulipas, proveniente de las antiguas danzas realizadas en tributo a la fertilidad de la tierra.

La leyenda cuenta que la picota nació en San Carlos durante el Virreinato, cuando grupos indígenas llegaban a este poblado para esconderse de la evangelización española. Se caracteriza por bailarse con los pies descalzos y con hermosos trajes de manta bordado con flores, esto al compás de tambor y el clarinete, los dos únicos instrumentos para ejecutar rupestres y bellas melodías, muy populares entre la gente de la sierra. Este género incorpora huapango norteño, polka, redova, chotis y vals, creando sonoridad y ritmo muy originales.

El pasado del agave

El mezcal fue una reconocida bebida de la época colonial que trascendió hasta en la política, solo hay que observar el Escudo de Armas del municipio de San Carlos (1766), donde un alambique de cobre en medio de otros motivos agropecuarios y mineros reflejan las actividades económicas del municipio; sin duda es un elemento que permite comprender la importancia que tuvo el mezcal para la región.

A la fecha hay una serie de palenques mezcaleros que continúan con la producción de esta ancestral bebida, que en 1997 logró ser reconocida como mezcal al ser incluido el territorio tamaulipeco para la Denominación de Origen, que comprende a este y otros once municipios tamaulipecos donde se elabora el destilado, aunque el famoso Mezcal de San Carlos o “vino-mezcal” solamente se produce aquí y se caracteriza por emplear los magueyes cenizo, jarcia y –en menor proporción– maguey lechuguilla, entre otros.

Tour mezcalero

La planta mezcalera que está abierta al público es Sierra Chiquita, donde su maestro mezcalero, Carlos Agustín Castillo, ya tercera generación, produce tres tipos con agaves americana, jarcia y San Carlos para producir uno blanco joven, otro reposado y un curado o crema al que le agregan durante su maduración cortezas de diversos árboles de la región, así como nueces y pasas.

La planta recibe a los turistas previa reservación y es una buena opción para aprender cómo se hace mezcal, reconocer la calidad de este destilado y disfrutar de una comida regional compuesta por cabrito y carne asada. Un dato muy interesante es que, para empacar su producto, Sierra Chiquita realiza un trabajo socialmente responsable al comprar todos los insumos en el estado, fomentando el consumo local.

Las botellas son serigrafiadas por un taller local y los elementos que las adornan, como los anillos de mezquite que cubren el producto, son elaborados por ebanistas locales, al igual de una serie de hermosos estuches que son pintados a mano por una pintora tamaulipeca.

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