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Tras la pequeña cascabel de montaña Coahuila, Nuevo León

Empezamos la búsqueda en un día de agosto soleado, pero frío, en la localidad de Santa Rita, municipio de Arteaga, Coahuila, donde se encuentran diversos elementos vegetales como pinos, matorrales y algunos agaves.

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Al rato nos detuvimos en una casa cercana cuyo dueño comentó que recientemente había visto en su propiedad una serpiente cascabel con manchas gemelas, por tanto, éramos bienvenidos a buscarlas. Nunca mostró preocupación por la mordedura para los suyos, sino para sus animales, principalmente las cabras y andariego perros. Algunos minutos después, para nuestra sorpresa encontramos una tortuga del desierto, Gopherus berlandieri, medio enterrada entre unos agaves; fue un hallazgo raro a una altura de 2 500 metros. Luego hallamos una lagartija de nombre común falso escorpión, Barisia imbricata ciliaris, una especie abundante entre estas cascabeles, parecida a un pequeño tanque armado, con una mandíbula superpoderosa, no venenosa. Esto era señal de que todo saldría bien.

Proseguimos la búsqueda enfocados al suelo, entre las hojas de agave, troncos y algo de hojarasca, escuchando cada sonido, esperando oír el que emite la serpiente, lo cual ocurrió segundos después cuando encontramos una de manchas gemelas o pigmea enroscada en la base de un agave. Era una cascabel de Miquihuana, nombre que remite al ejemplar utilizado para su descripción original, encontrado en las Sierras de Miquihuana, en Tamaulipas. La de Miquihuana (Crotalus pricei miquihuanus) es una de las cascabeles más pequeñas del género Crotalus y fue descrita en 1940 por un herpetólogo de apellido Gloyd; los adultos raras veces exceden los 60 cm. Ésta tiene dos subespecies, Crotalus pricei miquihuanus -se encuentra en la Sierra Madre Oriental- y Crotalus pricei pricei -su hábitat es la Sierra Madre Occidental-, y se distinguen una de otra por la frecuencia de manchas gemelas y sus colores dorsales, características cambiantes determinadas por el color del sustrato de la sierra donde habitan. Estas cascabeles poseen tonos desde gris negruzco hasta gris café rojizo, principalmente en la parte cercana a la cabeza, gracias a lo cual están bastante camufladas. Con las nuevas tecnologías aplicadas a la biología molecular pudiera aclararse si se trata de una sola especie o en realidad son dos, pues están bien distanciadas una de la otra. Así mismo, se les halla en alturas que van desde los 2 700 m hasta más de los 3 500 m en diversos sitios de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. Son simpáticas con otras especies de lagartijas que les sirven como alimento. Según el mapa la distribución, la presencia de esta víbora está limitada al noreste de México, con sus poblaciones bastante apartadas unas de las otras; su adaptación a los climas fríos no le permite distribuirse por debajo de los 2 700 m, pero si se exponen a temperaturas altas por tiempos prolongados, mueren de shock térmico.

SU ENTORNO

Los bosques donde habita esta cascabel incluyen pinos, encinos y madroños; también se encuentran en áreas que han sufrido incendios forestales. Cuando hay una recuperación del bosque, los agaves se presentan en forma abundante, por lo que gracias a este elemento y otros del suelo, éste no se erosiona y sirve como un refugio para muchas especies del bosque, incluso la cascabel pequeña, una moradora frecuente; además de que los agaves proporcionan un espacio donde abunda el alimento de las cascabeles. En áreas incendiadas es rápido el crecimiento de los agaves, creemos que las especies que los habitan no sufren ningún daño y sirven como un elemento importante para la recolonización de muchas de ellas. Hemos encontrado ejemplares de C. pricei miquihuanus asoleándose en los agaves vivos y utilizando los secos como madriguera o refugio. La destrucción de los agaves en cualquiera de estas zonas afectaría las diferentes poblaciones de cascabeles, las que del mismo modo hemos encontrado bajo troncos de pino o encino en descomposición. encontrado bajo troncos de pino o encino en descomposición.

Respecto a la reproducción, hembras grávidas han sido localizadas entre julio y septiembre en Arteaga, Coahuila; en el Cerro del Potosí, en Galena y en la Sierra San Antonio Peña Nevada, en Zaragoza, Nuevo León, y en los alrededores de Miquihuana, Tamaulipas; la actividad reproductiva se inicia cuando los ejemplares están sexualmente maduros, unos dos o tres años. El cortejo sexual al inicio lo realizan entre julio y octubre, y después la especie pasa por un estado de hibernación durante dos a cuatro meses dependiendo de la intensidad del invierno, para continuar las actividades por marzo o abril, cuando desde de la fertilización en el otoño empiezan a desarrollarse las crías, que cargan en su vientre hasta que nacen. Un detalle interesante de esto es que no obstante tratarse de sitios fríos, durante el periodo de gestación las hembras exponen sus cuerpos enroscados en dirección al sol para elevar su temperatura corporal hasta 29°C en su beneficio y el de las crías que cargan. Pueden tener de dos a siete; crías de apenas de tres a cuatro gramos, pues casi todas las cascabeles son del tipo de reproducción viviparismo primitivo, o sea, nacen vivas envueltas en una membrana traslúcida que pueden fácilmente abrir al nacer.

Las hembras tienen un peso corporal de entre 19 y 54 g de acuerdo con la edad y alimentación durante el año en curso o anteriores; los machos pueden ser un poco más grandes y pesados, hasta 70 g, todo lo cual también depende de donde se encuentre la población. Las halladas en Arteaga, Coahuila, son un poco más grandes y pesadas aunque muy difíciles de encontrar. Las hembras y crías comparten una relación de cuidado maternal en los primeros días después del nacimiento, cuando se asolean juntas; la alimentación de estas últimas es un misterio, pero en las especies que comparten el mismo hábitat, como las cascabeles de las rocas Crotalus lepidus, se ha comprobado que su crías se alimentan de ciempiés, por lo que es muy posible que lo mismo hagan las de C. pricei miquihuanus, ya que los ciempiés abundan en los sitios donde éstas viven. Conforme crecen la dieta cambia a la de lagartijas, una de ellas que seguramente representa la base de la alimentación para adultos y crías, es la Sceloporus grammicus o lagartija del mezquite, aunque también consumen otras especies que habitan los agaves, como la salamanquesa de cola azul o Eumences brevirostris y crías del falso escorpión. Los análisis de las heces fecales han arrojado fragmentos de huesos y algunas escamas de dichas especies y fuente de alimento.

El veneno, al igual que el del resto de las cascabeles, es de una composición complicada. Como viven en áreas elevadas, las mordeduras a seres humanas son raras, pero uno de los campesinos de la localidad nos platicaba que las cabras son las más frecuentemente mordidas. Sin duda, este especie de cascabel perdurará por mucho tiempo en las sierras del norte y centro de México. Falta mucho por aprender de su biología, como la altura máxima donde se encuentra; su actividad diurna y anual, etcétera; por otro lado, los bosques son sumamente importantes para que la especie viva armónicamente.

Fuente: México desconocido No. 322 / diciembre 2003

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