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Tres pueblos del Cañón de Bolaños, a la espera de un mejor futuro

A los pueblos del Cañón de Bolaños se llega por una escénica y solitaria carretera que ofrece vistas maravillosas de las impresionantes barrancas.

Hay ciudades que por su ubicación geográfica y su pobre economía se van quedando rezagadas de la modernidad nacional. Decimos ciudades porque durante algún tiempo lo fueron, pero el abandono que sufrieron por causas de índole económico o natural (epidemias o catástrofes) las convirtieron en pueblos olvidados y en el peor de los casos en pueblos fantasmas, como sucedió con varios lugares mineros, entre los cuales Real de Catorce, En San Luis Potosí, es sin duda el más famoso. Enclavados en la Sierra Madre Occidental del norte de Jalisco, casi en la frontera con Nayarit y Zacatecas, encontramos tres pueblos que en sus años de bonanza fueron bastante prósperos porque se extrajo plata de sus inagotables minas.

Sin embargo, cuestiones ajenas a ellos, como fue el desplome del precio internacional de ese metal, provocaron que su explotación se volviera incosteable; en consecuencia, los ricos hacendados se vieron obligados a cerrar las minas y la gente perdió sus empleos. El abandono fue paulatino pero constante, al grado que en pocos meses se convierte, al grado que en pocos meses se convirtieron en pueblos casi fantasmas, donde sólo los viejos, algunas mujeres con sus niños y uno que otro gambusino decidieron quedarse. Esos son los pueblos del Cañón de Bolaños, a los que se llega por la escénica y solitaria carretera asfaltada que ofrece vistas maravillas de las impresionantes barrancas. 

BOLAÑOS: UNA CIUDAD COLONIAL PERDIDA ENTRE LA SIERRA 

Sus calles empedradas, sus caserones en ruinas, la notoria ausencia de vehículos de motor, algunas bestias de carga, la poca gente afuera de sus casas y algunos huicholes con sus típicos y coloridos atuendos provocan en los visitantes una sensación muy especial: encontrarse en una tierra que no debería estar ahí, en una ciudad inexistente. Bolaños es una antigua ciudad colonial que fue extremadamente rica por sus minas de plata. Cuando llegaron los españoles el lugar se llamaba Tepeque (probablemente del náhuatltepetlao región montañosa) y estaba habitado por indios chichimecas. Su historia documentada inicia en 1548, cuando un conquistador español, aventurero, encomendero y ávido de riqueza abrió la primera veta, situación que atrajo a decenas de familias españolas y criollas e hizo que los indígenas emigraran hacia otros puntos del cañón o se adentraran en las montañas para evitar ser esclavizados y tener que trabajar en las minas. Conforme pasaron los años, más y más minas fueron descubiertas, y por consiguiente aumentó la población hispana; el número de esclavos indígenas o negros, y más tarde de ingleses.

Todos estos individuos forjaron la historia de una ciudad, cuya arquitectura española e inglesa todavía es posible apreciar, aunque muchos edificios estén en ruinas. La actual presidencia municipal, Casa Real donde vivió el corregidor, se localiza frente a la plaza y fue construida a mitad del sigloXVIII; hoy, en su interior, destacan los arcos y la escalera, pues el resto son simples oficinas gubernamentales. En contraesquina está una iglesia en ruinas, conocida como la Parroquia Vieja, la cual tiene columnas de estilo dórico y fachada barroca. La primera nave se construyó en 1739 y las dos naves laterales, a finales de ese siglo, pero nunca se utilizó como centro de culto, pues éste fue transferido al Santuario. 

En el costado sur de la plaza se encuentra un hermoso edificio con aspecto de fortaleza: la Real Caja de Bolaños o Casa de Moneda establecida como tal en 1752 y que dejó de funcionar en 1807; durante 55 años envió grandes cargamentos en monedas de plata a México. Ahora, un salón de la primera planta alberga la Casa de la Cultura del Arte Huichol, y dos cuartos de la parte de arriba sirven como taller de tejido y bordado para las mujeres indígenas. El Santuario Guadalupano, edificado a finales del sigloXVIII, muestra en sus contrafuertes y fachada un estilo rococó, y una simetría sólo quebrantada por la torre del campanario y reloj. Hoy en día caminar por las calles de Bolaños es evocar tiempos no vividos, es imaginar los años de bonanza, los años de colorido, los años en que mucha gente vivía bien con el producto de su trabajo. Al sur de la ciudad se localiza La Playa, un pueblito que en realidad era una colonia de Bolaños. Ahí, está la majestuosa iglesia de cantera que se divisa al llegar a Bolaños, la cual se construyó hacia 1760. Su fachada es churriguresca, con dos gárgolas en forma de puma y, en lo alto, la imagen de la Virgen de Guadalupe con tres coronas, toda rematada en azulejo.

Entre La Playa y Bolaños se encuentran las ruinas de la Hacienda de Guadalupe, levantada por los ingleses en el sigloXIX, cuando inició el segundo periodo de la historia de este mineral. Justo a la entrada principal hay un profundo tiro de mina ya en desuso, peligroso para el visitante que no conoce el terreno. Varios personajes visitaron Bolaños en sus años dorados, entre ellos, los viajeros Alexander von Humboldt y el etnólogo Carl Lumholtz, quienes en sus escritos sobre sus aventuras en México mencionan este bello lugar. Entre las décadas de los cuarenta y los sesenta, la ciudad quedó abandonada, casi convertida en pueblo fantasma, pero para fortuna de sus pobladores, una compañía minera estadounidense llegó para reexplotar las vetas y la prosperidad ha vuelto a Bolaños para darle una nueva oportunidad a sus habitantes que aún viven de sus recuerdos. 

CHIMALTITÁN: LUCHANDO POR MODERNIZARSE 

Los primeros pobladores de Chimaltitán fueron pequeños grupos de cazadores-recolectores que con el tiempo se mezclaron con otras tribus provenientes del centro de Jalisco y, posteriormente, del valle de Tlaltenango. Pese a sus disputas territoriales, todos ellos vivían en armonía con su entorno; armonía que se acabó con la presencia de los exploradores blancos, quienes llegaron buscando la riqueza de los metales y luego la conversación religiosa de los nativos. Chimaltitán, a 32 km al sur de Bolaños, fue fundada por franciscanos que venían a catequizar a los indómitos indios chimales, y en 1616 construyeron el primer convento de la región. Casi un siglo después se descubrieron las primeras minas, lo que produjo un auge en el poblado. Hoy en día Chimaltitán aparenta ser un pueblo insignificante de la sierra, donde sólo su parroquia parece sobresalir. Pero en la memoria de sus habitantes aún está el recuerdo de los años de la guerra Cristera, cuando la vida fue más dura, pues ir hasta Guadalajara a proveerse de víveres o medicamentos significaba rifarse la vida, debido a los asaltos que se cometían en los cañones de la sierra. Aquí, la gente del pueblo sueña con modernizarse; la torre de teléfonos y la avioneta que sale puntual todas mañanas a Guadalajara son ya los primeros pasos para alcanzar el desarrollo. Asimismo, en un futuro no muy lejano se piensa hacer de Chimaltitán un corredor turístico con hotel, Spa y recorridos ecológicos para que los visitantes conozcan este rincón del norte de Jalisco. Por otro lado, las minas de oro y plata todavía inexploradas, además de las aguas termales en el ejido Ojo Caliente, a 3 km del centro, podrían ayudar a impulsar ese nuevo proyecto. 

SAN MARTÍN DE BOLAÑOS: EXHACIENDA DE BENEFICIO 

La historia antigua y colonial de San Martín de Bolaños no difiere mucho de las otras dos poblaciones, salvo que se fundó como una hacienda de beneficio de metales que dependía directamente de Bolaños. El pueblo creció en torno a la hacienda pero no se destacó por su riqueza; no obstante, en la actualidad es cabecera municipal. Al llegar al pueblo sobresale la iglesia de cantera con su elegante torre y cúpula color café; en su interior, hay una imagen del Señor de Santa Rosa, traída de Barcelona, España, y en la parte superior del altar, una impresionante pintura de Dios Padre en el cielo. La plaza del pueblo está bellamente ornamentada con árboles frondosos y un kiosco muy pintoresco. Frente a ella se encuentra la presidencia municipal con cuatro arcos y cuatro balcones, donde se ubican todas las oficinas de gobierno, incluyendo el correo.  San Martín cuenta con un pequeño pero interesante museo arqueológico que exhibe piezas encontradas en el cañón, junto a textos informativos sobre arqueología, formas de excavación y tumbas de tiro. Así son los tres pueblos del Cañón de Bolaños, que inicia geográficamente en Valparaíso, Zacatecas y termina en el río Santiago, cerca de Magdalena, Jalisco. Pero no son sólo estos tres pueblos, sino también hay otros como Mezquitic más al norte y muchas rancherías a la orilla del río. Todas estas poblaciones tienen un clima bastante cálido que poco ayuda a la ya de por sí magra agricultura y escasa ganadería, por lo que la principal fuente de ingresos de los habitantes son las divisas que envían de los Estados Unidos los hijos que emigraron en busca de una vida mejor; vida que su tierra no ha podido ofrecerles, pero que posiblemente en un futuro lo hará. 

SI USTED VA AL CAÑÓN DE BOLAÑOS 

De Guadalajara a Zacatecas tome la carretera número 23 que va a Jerez y Tlaltenango. Cerca de Momax tome la desviación a Temastián y Villa Guerrero hasta llegar al crucero que indica Chimaltitán o Bolaños. Ninguno de los tres pueblos cuenta con hoteles, pero en los dos primeros puede encontrar cuartos de renta muy económicos. Si desea visitar pueblos huicholes como Tuxpan o La Yesca y no cuenta con un vehículo adecuado para caminos montañosos, tanto en Bolaños como en San Martín puede conseguir servicio de transporte a precios muy razonables. 

Fuente: México desconocido No. 247 / septiembre 1997

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