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Veracruz con la mar alborotada

Puerta de entrada al Nuevo Mundo, Veracruz se convirtió en punto estratégico del país más poderoso del mundo en el siglo XVI, así como en artífice de una gran campaña de conquista y colonización de un vasto territorio que duraría 300 años.

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El puerto de Veracruz nació en 1599 como punto estratégico para avanzar en la conquista y colonización de un vasto imperio que serviría a España durante 300 años. Fue la puerta de entrada al Nuevo Mundo, y por ello tuvo que ser fortificada como ningún otro lugar.

Con 200 habitantes, españoles y mestizos, Ia Nueva Veracruz, apenas una villa de tablas, se elevó a Ia categoría de ciudad en 1615 por su ventajosa posición geográfica dentro deI Golfo de México. Su franja de arrecifes forma una bahía natural de protección con tres importantes canales, los cuales permitían una entrada fácil a Ias embarcaciones de aquella época que no rebasaban los 15 pies de calado. Además, su playa contaba con un área mayor de maniobra que cualquier otro lugar cercano. Lo que había de salir y entrar por ese Puerto era de vital importancia para Ia riqueza y el futuro de España.

De aquella muralla con sus siete puertas de acceso y sus ocho defensas, nos quedan referencias escritas y un testigo presencial: el Baluarte de Santiago, uno de los mejores pertrechados de estilo medieval, de gruesos e inclinados muros almenados hechos de piedra múcara, mezcla de arena, piedra y concha molida. Por posición con respecto a la Fortaleza de San Juan de Ulúa, era factible mantener fuego cruzado de artillería en caso de un ataque por mar.

Intramuros vivían Ios comerciantes y representantes reales, blancos y criollos; y extramuros, indígenas arrieros en tránsito, pardos, mulatos y negros manumisos. En 1560 comenzó a construirse la Parroquia de Ia Asunción, bajo Ia supervisión de Ios padres mercedarios, con arcos y bóvedas de piedra múcara (que Ia “modernidad” cubrió de cantera), más tres naves y tres capillas enlosadas de finos mármoles y adornada con esculturas cubiertas de oro, candelabros y cruceros de plata.

Fue difícil que Veracruz contara con una iglesia donde quedaran “satisfechas Ias personas de buen gusto”: Ias diferentes ermitas de Ia ciudad vivían para dar testimonio de su pobreza. Sólo la del Santo Cristo deI Buen Viaje, situada extramuros al margen deI río Tenoya, Iogró, tal vez en razón de su advocación, permanecer pese a que varias veces Ias autoridades Iocales intentaron demolerIa, argumentando que desviaba Ias balas procedentes deI Baluarte de Santiago.

Iglesias y ermitas eran producto de Ia labor de conquista ideológica que diferentes órdenes religiosas hacían en la Nueva Veracruz, los cuales diseñaban en sus conventos las políticas y las formas de atraerse recursos para el reino de Dios y de su Rey. De aquellas bonanzas quedan como testimonios secciones de lo que fuera Ia iglesia y convento de los predicadores dominicos.

Los franciscanos por su parte se trasladaron a la Nueva Veracruz en 1615, donde construyeron una iglesia con tres naves, bóveda de cañón corrido al centro y dos laterales de pañuelo, seis capillas laterales (una de ellas dedicada a Nuestra señora de los Buenos Aires, venerada por los marineros, y otra a Santa Bárbara, protectora de los artilleros) y una pequeña capilla a San Benito Palermo para la hermandad de los navegantes.

El convento que para el año de 1715 era sostenido con los fondos de los navegantes de las flotas españolas, tenía mirada al mar y claustros acogedores, uno de los cuales estaba decorado con mosaicos de Talavera, cuyo diseño incluye motivos florales y pequeñas escenas de caballería.

Fue en esta iglesia donde se promulgaron las Leyes de Reforma; posteriormente fue almacén de la Aduana Marítima, y en 1871 se adecuó para albergar Ia Biblioteca deI Pueblo. Su campanario se convirtió en faro, y el templo de Ia Tercera orden, desde 1882 y hasta nuestros días, en lugar de reunión de Ia Logia Masónica, en donde existe además un importante archivo. el cual tuvo que ser trasladado a otro lugar debido a Ias constantes inundaciones.

En el puerto colonial de la Verdadera Cruz fue determinante que hubiese hospitales, porque el clima cálido, la alta salinidad y los pantanos circundantes, donde proliferan los insectos, provocaban no pocas epidemias, además de las afecciones que por contagio adquirían algunos sectores de la población cuando los navegantes llegaban enfermos.

El único edificio que prevaleció de aquella época fue el fundado por los padres betlemitas en 1748, que pronto contó con dos claustros y una capilla. En 1820, pasó a manos de seglares y adquirió el nombre de San Sebastián, para luego, en 1850, tomar el de Aquiles Serdán.Hoy, este edificio es sede deI Instituto Veracruzano de Ia Cultura.

Las Atarazanas, uno de los edificios más importantes deI puerto comercial de Veracruz, comienza a construirse en 1732. Sesenta y siete años después, se le agregan más naves para albergar mayor cantidad de mercancías. A principios deI siglo XIX se utiliza como Almacenes de Proveeduría, para luego convertirse en Cuartel de ArtiIlería y finalmente, en 1870, en canchas deportivas y taIleres deI Ilustre Instituto Veracruzano. Expuesto al deterioro, sigue funcionando como tal durante muchos años, hasta que en 1991 se restaura y se inaugura como librería, café y talleres deI Instituto Veracruzano de Ia Cultura. La restauración deI edificio dejó al descubierto Ias gruesas paredes de piedra múcara que le dan una vista singular a su interior.

Dentro deI trazo de Ia Plaza Mayor de Ia ciudad de Veracruz -rodeada de portales, y con una dimensión acorde con Ia cantidad de vecinos que poblaron el lugar- debía establecerse Ia Casa Real y Ia Casa de Cabildo. No obstante, durante mucho tiempo fue más una referencia que el lugar donde sesionaba realmente el cuerpo de autoridades reales, ya que se reunían en Ia iglesia, en cabildos abiertos si era necesario, o en algún convento cuando Ia ocasión lo ameritaba.

EI edificio destinado a Ias autoridades, construido en 1608, era de mampostería y constaba de dos niveles; tenía un portal al frente que daba a Ia Plaza Mayor, y su techo era de paja.

Setenta y un años después, tan precaria construcción amenazaba ruina, sobre todo después de haber sido afectada sucesivamente por los incendios de 1618 y 1633, que casi arrasan también con Ia ciudad.

Aunque el edificio fue reconstruido varias veces, es hasta 1708 cuando se le agrega una torre; ya en el siglo XIX se construye la fachada actual: galerías con arcos en los dos niveles de sus construcción, sostenidos por columnas románicas.

Un siglo después, en 1915, queda a la intemperie, y es tal su abandono que el general Agustín Millán intenta destruirlo, pero se lo impide la ciudadanía, la cual debió esperar pacientemente hasta 1934 para ver iniciada su reconstrucción.

Por otra parte, Ias casas de Ios ricos comerciantes españoles deI siglo XVIII, tenían Ia doble función de servirles de habitación y comercio. Su arquitectura, a base de piedra múcara, era sobria, con puertas y escasas ventanas de maderas tropicales. Un ejemplo de este tipo de construcciones es Ia Ilamada “Casa de Ia Condesa de MaIibrán”, que a principios deI siglo XX hospedó, a familias sirio-libanesas, y Iuego, cuando Ia casa fue denominada “Patio Vergara”, albergó a familias de escasos recursos que hicieron de ella una vecindad. Entre 1985 y 1986 el edificio fue desalojado y restaurado, para finalmente ser el recinto deI Archivo y Biblioteca Histórica de Ia ciudad de Veracruz.

Extramuros de Ia ciudad, poco a poco se fue levantando otra, Ia de los trabajadores y sectores marginados de Ia sociedad. Todavía a finales deI siglo XIX, se construían casas de madera de un piso para habitación o para pequeños giros de café o cantina, juegos de bolos o pulperías; sólo excepcionalmente se hacían de dos pisos “con enjarre de cimiento romano”, columnas y balcones.

Su contexto cultural y social fue el mestizaje de lo africano, indio y español: lo jarocho, que al derrumbarse en 1880 Ia muralla de Ia ciudad, permea con su peculiar cultura toda Ia sociedad veracruzana.

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