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Vive Experiencias Pueblear

Viajando sola por Morelia y Pátzcuaro, Michoacán

Una de las colaboradoras de México desconocido recorre en solitario algunos de los lugares más emblemáticos de Michoacán.

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Editora de la revista México desconocido.


Después de resultar perfecta mi experiencia solitaria en Tulum, me decidí por otro destino, ahora más cultural e histórico, a mediana distancia de la capital. Me acordé que a mis papás les gustaba mucho ir a Morelia en compañía de tíos y primos. ¿Por qué no habré ido yo? Eso tenía arreglo, tomé mi auto y sin pensarlo dos veces, ya estaba respirando aire fresco en la carretera.

Con tan sólo la dirección y el teléfono de Casa en el Campo que tanto me gustó en Internet, salí rumbo a Morelia muy temprano con la esperanza de aprovechar la mañana lo más posible, pues en las tardes, como en casi todo el país, llueve en esta época del año. Aunque deseaba conocer lo más posible, la verdad es que no soy de la idea de hacer itinerarios apretujados porque a veces es preferible pasear pausadamente para tener oportunidad de “sentir” el lugar.

Sin mucha experiencia en los mapas y croquis, llegué a Casa en el Campo, gracias a, debo decirlo, mi celular y la amabilidad de Antonio, del hotel. Como su nombre lo dice, es en realidad una bella casa de campo a 20 minutos del centro histórico. Debo describirles en pocas palabras muchas sensaciones que me regaló mi estancia en este lugar, pero creo que la principal fue el sosiego y la comodidad. Tiene 14 suites y todas con un estilo propio. La mía era realmente hermosa, grande, luminosa con ventanales de techo a piso con vista al jardín. Como estaba un poco cansada de manejar, decidí quedarme en la habitación un rato para ver el futbol y pedir algo de comer, así probé los sandwiches gourmet (el servicio a cuartos aunque no es muy extenso, es muy bueno). Una de las razones por las que me decidí por Casa en el Campo fue por su spa, enseguida hice cita para experimentar el Masaje Floral Mexicano. La sesión de esta terapia consistió en un masaje corporal de relajación, la lectura emocional y la aplicación de los Elíxires Aztecas de Contacto que se trata de trabajar con los siete segmentos o chacras. Después de esta experiencia tan sensorial y por qué no decirlo, espiritual, regresé completamente renovada a mi habitación para ducharme y vivir Morelia de noche.

De santos y santitos

El Centro Histórico de esta ciudad es patrimonio cultural de la humanidad y en la noche es espectacular. Después de dar una vuelta en taxi para disfrutarlo, pedí que me llevaran a cenar a un lugar que me recomendaron, San Miguelito. Fue todo un logro llegar hasta mi mesa, pues me tenía que parar cada dos pasos para ver algo que llamaba mi atención. ¡Es bazar, galería, museo y restaurante! Lo difícil fue escoger dónde sentarme, pues hay varios rincones: el Bar Taurino dedicado a la dinastía de Los Silveti con fotografías y carteles; el Salón de las Conspiraciones, dedicado a los héroes de la Independencia, ahí las sillas, las mesas y hasta la cristalería y los platos hacen referencia a este momento histórico; otro es El Altar de las Conversaciones, réplica de uno de los altares menores de Santa Prisca, en Taxco (éste me pareció el más acogedor de todos). Cuando creí que ya no vería nada más sorprendente, me topé con un enorme San Antonio de cabeza (2.30 m), y al pasar la vista por el salón, me di cuenta de que habían cientos de imágenes (alrededor de 600), velas y un libro donde las y los solterones escriben su petición de amor (¡19,000!). Esto es fruto de la paciencia del papá de Cynthia, gerente general del lugar, quien por más de 40 años los ha coleccionado. La carta es muy buena y muchas personas regresan llamados por algunas delicias como la cecina seca de  rancho, la ensalada azteca y las cerezas negras, servidas calientitas con helado de vainilla. Después de cenar, les recomiendo disponer de un buen rato para comprar alguna de las tantas piezas artesanales que venden. Me llamaron la atención los ángeles tallados en madera y las figuras de papel maché. Compré unos collares de Frida Kahlo muy originales.

Camino que lleva al agua

De Morelia a Pátzcuaro por la autopista hay únicamente 53 km, y está muy bien señalado, así que es muy fácil irse manejando sola. En la guía leí que no podía pasar de largo Tupátaro, pues ahí tienen una de las obras más espectaculares de los indígenas, la capilla de Santiago Apóstol.

Por datos del historiador y bibliógrafo moreliense Joaquín García Icazbalceta (1825-1894), se sabe que en el siglo XVI Curínguaro y Tupátaro eran dependencias catequizadas por los misioneros agustinos de Tiripetío, y hacia esta misma fecha se tiene registro de la existencia de esta capilla. Aunque al entrar se ve más bien sencillo, es sólo la primera impresión, ya que al acercarse, se pueden ver sus tesoros: un altar de caña de maíz con recubrimiento de lámina de plata que data del año 1765; el retablo donde se aprecian columnas salomónicas recubiertas con hoja de oro que tienen mazorcas de maíz y aguacates, un hermoso detalle indígena que difícilmente encontrará en otra parte; el santo patrono, Santiago Apóstol o también llamado Santiago Matamoros representado con una escultura de madera sumamente antigua; y el mayor de todos, el techo, impresionante muestra del barroco popular mexicano elaborado con pinturas vegetales adheridas con yema de huevo (1772). Fue tal mi asombro por su sencilla belleza, que quise saber más y en la noche, en el hotel, me metí a la página de la Universidad Michoacana, donde encontré la opinión del arquitecto e investigador Manuel González Galván (1933-2004): “La intensidad cromática y el desprejuiciado trazo del dibujo, así como el ingenuo decorativismo de la obra, la hacen caer en el fichero clasificador como barroco popular; pero su programación y dimensión monumentales obligan a considerar su intención didáctica, como culta, aunque expresada con factura popular.” ¡Tienen que verlo con sus propios ojos! Al salir, en uno de los costados de la pequeña y limpia plaza central de Tupátaro almorcé corundas y uchepos recién hechos y tomé de nuevo el auto.

Destellos junto al lago

La estética sensación que regala Pátzcuaro es muy placentera y debe de serlo para cualquiera que la visita por primera vez como yo. No me sentí ajena en sus calles y lo interesante es que todas te llevan a un rincón interesante para fotografiar. El día se pasó muy pronto caminando, pero les recomiendo no dejar pasar los siguientes lugares:

1. Muelle general. Principal punto de partida de las lanchas que salen a Janitzio y el resto de las islas del lago de Pátzcuaro. Ahí se pueden adquirir artesanías de la región o comer un antojito.

2. Mercado de artesanías de madera. Está en la Avenida las Américas (rumbo al muelle general). Todo está hecho a mano, de ahí su valor. Encontrará sencillas figuras en color natural hasta piezas finamente decoradas con gran con variedad de colores y acabados. Cuenta con una de las mejores colecciones de lacas y maque, verdaderas joyas artesanales.

3. Casa de los 11 patios. Es un conjunto de edificios coloniales (1742) donde se exhiben y venden gran variedad de artesanías regionales. Resulta particularmente interesante visitarlo, ya que se puede observar en los talleres de mantas y lacas, cómo trabajan los maestros artesanos.

4. Hotel Posada La Basílica. Si no se hospeda aquí, tiene que darse una vuelta, ya que tiene una de las mejores vistas. Es una finca virreinal del siglo XVIII frente al jardín de la Basílica de Nuestra Señora de la Salud. Desde su terraza y salón mirador se contempla, sobre los rojos tejados, parte del Antiguo Convento de San Agustín y la espadaña del Santuario de Guadalupe. El servicio y la comida son muy buenos.

5. Santuario de Nuestra Señora de la Salud. De fachada sencilla, fue construida sobre un centro ceremonial prehispánico por mandato del primer obispo de Michoacán, Vasco de Quiroga, cuyos restos descansan ahí. En el interior está la venerada imagen de Nuestra Señora de la Salud, hecha con pasta de caña de maíz y miel de orquídea de siglo XVI.

De regreso a Morelia, me di cuenta que ya se me había ido volando el fin de semana, pero me sentí muy satisfecha, pues nuevamente pude viajar sola, sin apuros y disfruté de este pequeño recorrido que les recomiendo cuando su objetivo sea cultivar un poco el intelecto y el espíritu.

5 Imprescindibles de Morelia

  • Visitar la catedral de Morelia, joya del barroco y churrigueresco mexicano.
  • Conocer el Museo del Dulce en Morelia.
  • Tomar charanda como aperitivo en los portales de Morelia.
  • Probar el pescado blanco, la sopa tarasca y la nieve de pasta en Pátzcuaro.
  • Pasar por Quiroga (a 24 kilómetros de Pátzcuaro) para almorzar carnitas y comprar algunos objetos de piel.

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