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Yumká, la experiencia de la selva

Yumká, el antiquísimo héroe mitológico de los chontales, aquel que cuida de los árboles, de la espesura de la selva y de cada uno de sus habitantes vive todavía en Tabasco en forma de reserva ecológica

12-02-2017, 2:39:12 PM
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A unos 15 minutos de la moderna ciudad de Villahermosa, rodeada de agua toda ella, se encuentra una gran extensión, un espacio al borde de la selva donde habitan muchos animales y crecen variados y distintos tipos de plantas.

Rodeado de lagunas naturales por tres de sus cuatro costados, Yumká,  Centro de Interpretación de la Naturaleza, es un sitio de donde los animales no pueden escapar a ningún lado pero si se asustan más de lo normal por los aviones que aterrizan a un par de kilómetros de ellos, huyen por entre los pantanales y entonces es necesario buscarlos para regresarlos a la reserva ecológica.

En Yumká uno encuentra una oportunidad nueva: la interpretación de la naturaleza a través de dos horas de recorrido por la selva, la sabana y las lagunas. Lo único que hay que hacer es entrar, esperar a que se forme el grupo y seguir y escuchar a los guías.

LA SELVA

Un grupo de hombres y mujeres, entre ellos niños y ancianos, camina por la selva. Por el calor, muchos van con su cómodo pantalón corto, así que sufren los piquetes de los mosquitos, y el interminable y sonoro palmoteo sobre brazos o piernas en busca de una venganza tardía es constante.

“Les suplicamos que no se salgan del camino. Estamos en una área natural protegida que cuenta con 31 hectáreas de superficie, y en los 650 m que tiene el recorrido les daremos una pequeña introducción sobre este ecosistema tan bello y propio del estado de Tabasco”, nos dicen en el recorrido. 

Sumidos en el verdor abundante de la selva, el guía nos explica la causa de la prohibición: “con el afán de preservar este pedazo de selva, uno de los pocos originales de todo el estado, lo menos que puede uno hacer es no entrar en ella y dejar que la vida original transcurra fuera de los corredores”.

Pero además, como un motivo suplementarios, el recorrido está planeado de tal manera que los visitantes puedan ver y escuchar todo lo que los guías explican: “ese árbol se usa como remedio medicinal; las hojas largas de aquella palmera se utilizan para la construcción de techos de muchísimas viviendas en el estado; las pequeñas hormigas que se ven por entre las diferentes plantas —sí, aquéllas a las cuales nadie ha prestado atención hasta que los guías las mencionan— hacen un nido con una profundidad de 1.5 a 2 m y hasta allí llevan trozos de hojas que mezclan con su saliva para formar una pasta donde crece el hongoBromatia sp., del cual se alimentan”.Los nombres de las plantas se escurren en nuestros oídos mientras sus formas adquieren presencia por medio de la vista: palma de corozo, árbol de huapaque, ramón, palo mulato, cuerillo, jobo, huapaquillo, platanillo, jagüey… De entre todas las plantas mencionadas las únicas conocidas para nosotros son la ceiba, el cedro y el caobo, ya que existe tal cantidad y variedad de plantas en una selva como esta que nuestro asombro crece con la misma rapidez que disminuye nuestra ignorancia.

¡SE HA ESCAPADO UN JAGUAR!

Los mosquitos de quienes los guías nada han dicho hasta el momento, siguen haciendo de las suyas. Pero de repente todo, manotazos incluidos, se suspende: un aullido fuerte, impresionante, hace volver las miradas hacia el lugar de donde proviene. ¿Se ha escapado un jaguar y se comerá a todos los visitantes de un solo bocado? Los guías restablecen la tranquilidad explicando que quienes producen tan tremendo ruido son los saraguatos, los “terribles” monos aulladores que algunas veces se dejan ver, pero la mayor parte del tiempo están lejos de todas las miradas. De pronto, una sombra por encima de los altos árboles los delata: “¡ahí mamá, ahí!”, y la cara de los guías se ilumina con una sonrisa porque han logrado su objetivo: establecer el contacto entre el hombre y la naturaleza.

Al final del recorrido, uno sale de la selva por un puente colgante bastante largo con una buena dosis de piquetes en piernas y brazos. Entonces el grupo se vuelve a detener y recibir una última explicación: “desde aquí se ve el perfil de la selva, la cual tiene árboles de hasta 40 m de altura, y en esa longitud vertical se acomodan varios estratos de vida, porque en la selva la vida existe de arriba hacia abajo”. Y si eso no atrae la atención de los visitantes, entonces lo hace la presencia de los caimanes que viven en la laguna bajo el puente, ya que rara vez se les puede ver tendidos en las orillas tomando el sol con sus fauces abiertas.El recorrido ha durado alrededor de 30 minutos y entonces el grupo sube a un trenecito donde tendrá la segunda gran experiencia con la naturaleza: la sabana.

LA SABANA

El guía en este tramo de recorrido se presenta y nos comenta lo importante que es no dar de comer a los animales ni tirar la basura, porque muchos se pueden enfermar. Luego de tan sana advertencia y a bordo de un tractos que arrastra varios vagones llenos de visitantes, se atraviesa una reja electrificada a un voltaje que impide a los animales cruzarla pero sin dañarlos, y se inicia un pequeño safari por 24 ha de la que llaman sabana asiática y africana.Para los visitantes ésta es la parte más impresionante, la más llamativa, pues desde la comodidad de un vehículo ven de cerca exóticos antílopes (los hay desde el llamado vaca azul por su coloración hasta el cuello negro, color que se forma en el macho cuando está en época de celo); rarísimos y peliculescos emús, que son la segunda ave más grande del mundo después del avestruz; venados gamo, a quienes los niños identifican más fácilmente como “Bambi”; garzas; venados de cola blanca, y un bovino venerado en la India (el gaur).

Una vez recorrida la sabana asiática, el vehículo entra —reja de por medio— a la sección africana y los niños tienen oportunidad de entregarse a la contemplación de aquellos animales que conocen sólo en películas: un pequeño y solitario elefante hace compañía al no menos solitario rinoceronte. Poco más allá están los dromedarios, el elegantísimo antílope Eland con sus cuernos retorcidos, el ñu azul, las cebras y un antílope acuático. Ya para terminar este segundo recorrido, los ojos se posan en la jirafas que comen de los árboles cercanos al lugar donde el vehículo deja a los visitantes para que inicien la tercera parte de su recorrido.

LA LAGUNA

El grupo de excursionistas sube a amplias lanchas con motores sordos, esto último para evitar lo más posible que se alteren los peces de la laguna. En cada una caben 45 personas y sobre estas embarcaciones se comienza el viaje alrededor de la laguna principal, una de las que ocupan las 45 ha lacustres de Yumká. En este lugar hay cinco islotes, pero de todos dos parecen llamar más la atención: la isla de los monos araña, donde permanece en semicautiverio un grupo nutrido de estos animales para su “readaptación” —es decir para que se acostumbren a los visitantes— y el que los guías llaman “de las aves” porque hay nidos de zopilotes y halcones caracoleros. Por supuesto, no se permiten visitas en esta área para evitar la destrucción de los nidos y para propiciar la proliferación de aves en el lugar.Y hablando de aves, en este tercer recorrido son las que más se ven: grandes y blancas garzas, garcetas blancas y pardas, halcones caracoleros, el llamativo martín pescador, el gallito de agua, el pato buzo que consigue su comida zambulléndose, gaviotas… y otros más.Sobre la laguna hay una constante vida aérea porque del agua muchas aves consiguen su alimento; y es precisamente este alimento el que no se puede ver, aunque los guías lo mencionan. Es el viejo problema de los pescadores, quienes deben desarrollar su paciencia para poder atrapar a través de muchos días su primer pescado.La embarcación regresa al punto de partida. En el recorrido por toda la extensión de Yumká se han invertido algo menos de dos horas, y en ese breve periodo uno sale empapado de selva, de pradera, de laguna, de ideas de conservacionismo y de fotos de animales en libertad en su propio medio.

LA INTERPRETACIÓN DE LA NATURALEZA

Yumká es el lugar donde un grupo de biólogos y veterinarios se han dado a la tarea de hacer la naturaleza accesible a los visitantes. En una época en que el desequilibrio ecológico incluye principalmente el desconocimiento del medio ambiente en general, los guías y directivos de Yumká se han dedicado a proporcionar al visitante la información más elemental del sitio al que acuden para que ellos mismos interpreten lo que ven. Yumká es un concepto original de lo que debe ser el turismo ecológico.En 1986 la extensión donde está Yumká fue decretada como Centro de Investigación de la Naturaleza, pero no se realizaron grandes avances hasta 1992 en que se convirtió en lo que es ahora. De los tres ecosistemas presentados al visitante, la selva es el único original del estado de Tabasco y el más llamativo, aunque su superficie, comparada con la totalidad del parque, es reducida. Pero hay que aclarar que ese pedazo de selva se ha conservado tal como lo conocieron los más antiguos abuelos tabasqueños.

YUMKÁ: ENTRE EL CONSERVACIONISMO Y LA SUPERVIVENCIA

Por supuesto, la primera impresión del visitante cuando recorre los espacios interminables de Yumká es la sorpresa de encontrar especies que no son ni de México ni del continente entero. ¿Es un zoológico disfrazado? Las críticas al respecto han llegado tanto como las lluvias en el verano, pero tienen una respuesta. “El proyecto no podía funcionar siendo dependientes del gobierno, así que decidimos ser independientes desde el punto de vista financiero. Por tal motivo trajimos algunas especies que despertaron la curiosidad y atención de los turistas, ya que desgraciadamente estamos más acostumbrados a maravillarnos por especies como el elefante o la jirafa que por los escurridizos saraguatos. Los animales son todos herbívoros y tienen suficiente espacio donde pastar. Los dos únicos carnívoros están en cautiverio y no se necesita mucho para alimentarlos. El único problema es que a veces los vecinos hacen incursiones nocturnas y cazan su venado o su ocofaisán creyendo que es un pavo.”El éxito de este proyecto realizado con autogestión financiera ha abierto la posibilidad de poner en marcha otros proyectos similares, como la creación de un huerto chontal donde se produzca a la manera tradicional lo más elemental para alimentarse o una granja de tortugas dulceacuícolas.

También están a punto de ponerse en marcha proyectos de investigación como la ecología y contaminación de las lagunas del parque, donde colaborarán la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco y los insustituibles pescadores. Además, está por instalarse una estación de monitoreo ambiental que registre precipitación, humedad del aire, temperatura y las observaciones de vegetación y fauna silvestre.A Yumká han sido introducidas especies mexicanas de otros estados para su adaptación, como el ocofaisán (obtenido de un criadero de Quintana Roo), el venado cola blanca, los caimanes, los tucanes, los tepexcuintles, las guacamayas y los monos arañas. Los resultados han sido muy satisfactorios pues han logrado adaptarse con rapidez.

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