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Calaveras del montón

Por: Enrique Salazar H

La cerrada de Santa Teresa # 1 hierve la animación. Sobre el empedrado corren y juegan los niños que salen de la cercana escuela primaria. En medio de ese bullicio y el de los vendedores ambulante, sobre sale el grito de un voceador: “el fusilamiento del capitán Cootaaaa..., el horrorisimo hijo que mato a su horrorisima maadreeee..."

La cerrada de Santa Teresa # 1, donde esta la imprenta de Antonio Vanegas Arroyo, hierve la animación. Sobre el empedrado corren y juegan los niños que salen de la cercana escuela primaria. En medio de ese bullicio y el de los vendedores ambulante, sobre sale el grito de un voceador , quien emergiendo precipitadamente por la puerta de la imprenta con un periódico en la manó, pregona con estentórea voz: “el fusilamiento del capitán Cootaaaa...., el horrorisimo hijo que mato a su horrorisima maadreeee..."

Dentro de esa actividad, contrasta la quietud de un niño que ha dejado sus libros en el piso y observa fascinado desde la calle a través de su propio vaho sobre el cristal de la ventana de la imprenta, el correr de un buril sobre la bruñida plancha de metal, magistral menta manejado por la mano de José Guadalupe Posada. El niño, José Clemente Orozco, no pestañea, y a través de sus ojos que activos siguen el trazo del buril, va grabando también en su mente su futuro.

Ajeno estaba el portentoso grabador Posada de la infantil presencia de José Clemente, y de lo que con su ejemplo lograría; tan solo advirtió una pequeña mano, apresurada sigilosa, que recogía del suelo la viruta desalojada por el buril.

Posada es el creador que mas influencia ejerció sobre los artistas mexicanos de la primera mitad del presente siglo. Recibieron su herencia los pintores José Clemente Orozco, Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, Francisco Gotilla y Guillermo Meza, además de los grabadores Francisco Díaz de León, Leopoldo Méndez, Alfredo Zalce, Francisco Moreno Capdevila, Arturo García Bustos, Adolfo Mexiac y Alberto Beltrán. El Taller de grafica Popular, fundado en 1937, es el heredero histórico Posada.

De ser considerado artesano popular, José Guadalupe Posada alcanzo uno de los puestos mas prominentes como artista, por que inicio e inspiro la época mas brillante del arte nacional en el presente siglo: la Escuela Mexicana de Pintura.

El despreocuparse del arte europeo, e inclusive del nacional, lo libero totalmente de compromisos; en sus originales grabados siempre mostró una completa libertad.

Nunca llego a virtuosismo vanos: la expresión directa fue su única preocupación por que vivió absorte en las cosas de México.

José Guadalupe Posada Aguilar nació a las diez de la noche del 2 de febrero de 1852 en una calle sin nombre del barrio San Marcos en la ciudad de Aguascalientes; fue hijo de German Posada, panadero de oficio, casado con Petra Aguilar. A los 12 años ingreso a la Academia de Artes y Oficios de Aguascalientes para estudiar pintura y a los 18 ya era aprendiz en el taller de Trinidad Pedrosa, donde aprendió a trabajar la litografía, además del grabado en bronce y madera.

Perseguidos políticamente por el cacique Jesús Gómez a causa del sarcasmo de sus publicaciones y caricaturas, en 1872 Pedroso y Posada marchan a la ciudad de León donde fundan una nueva imprenta.

En 1875 Posada contrajo matrimonio con María de Jesús Vela y en 1876 compro la imprenta de Pedrosa en un precio menor de cien pesos; ahí ilustro libros e imprimió imágenes religiosas y carteles, acordes con el romanticismo de esa época.

Se inició como maestro de litografía en 1883 en la Escuela Preparatoria; ahí estuvo hasta el 18 de Julio de 1888, Cuando a causa de una desastrosa inundación, se traslado a la ciudad de México. Precedido de una gran fama como grabador, fue contratado por Irenio Paz para ilustrar una gran cantidad de revistas y publicaciones.

La abundancia del trabajo lo impulso a instalar su propio taller en el número 1 de la cerrada de Santa Teresa, hoy del licenciado Verdad, donde trabaja a la vista del público, y luego en el número 5 de Santa Inés, hoy Moneda.

En 1899, a la muerte de Manuel Manilla Posada lo sustituyó formalmente en el taller de Don Antonio Vanegas Arroyo, el editor mas popular de gacetas callejeras, corridos, historietas, adivinanzas y muchas publicaciones mas.

Junto con Blas, hijo de Don Antonio; el grabador Manilla, quien enseñó a Posada agravar sobre zinc; el poeta Constancio S. Suárez y los redactores Ramón N. Franco, Francisco Ozácar, Raimundo Díaz Guerrero y Raimundo Balandrano, formó un gran equipo que al cabo de un año inundo el país con sus cuentos, historietas, canciones, relatos, comedias, almanaques y calendarios.

Además de los periódicos La Gaceta Callejera y Don Chepito, editaban también hojas volantes de papel de estraza en todos los colores del arco iris, que costaban uno o dos centavos, y juegos como el de La Oca, que han hecho la delicia de niños y adultos durante muchas generaciones, del que se han hecho hasta la fecha mas de cinco millones de ejemplares.

El gran volumen de trabajo obligó a Posada a buscar técnicas más expeditas. Así descubrió la zincografía, que consiste en dibujar con tinta de azarcón sobre lamina de zinc, para después ahuecar los blancos con un baño de ácido.

“Los casi 20 millares de grabados que Posada efectuó, con los interesantes textos y versos que lo acompañan, describen una de las épocas mas interesantes de la añorada metrópoli, con su ‘paz porfiriana’ o ‘paz caliente’: los motines callejeros, los incendios, los temblores de la tierra, los cometas, las amenazas de fin de mundo, el nacimiento de monstruos, los suicidios, los fusilamientos, los milagros, las pestes, los grandes amores y las grandes tragedias; todo lo captó este hombre que fue, a un tiempo, antena sensible de todas las vibraciones y aguja registradora de todos los sucesos” (Rodríguez, 1977).

El gran amor a su país lo impulsó a desarrollar uno de los temas que más han obsesionado a los mexicanos desde la época prehispánica: la muerte, pero no una muerte solemne e inspiradora de temor como la veían las clases elevadas o catrinas, y los europeos de su tiempo. Él no representaba muertes tristes y solemnes, sino que dio vida a sus calaveras con mil imágenes o cosas, dinámicas in moralizantes; divertidas calaveras con las que el pueblo se identificaba plenamente, por que eran un medio de desahogo o desquite contra todo lo que le producía malestar.

No existe ningún solo tema que don Lupe, como le llamaban cariñosamente a Posada, haya dejado sin calavera, quien abarcó todo y a todos, sin dejar títere con cabeza, desde el más humilde de los mexicanos hasta el más encumbrado político de su época, de los hechos más simples a los de más resonancia.

Entre los numerosos personajes desarrollados por Posada, aparecen, además de sus populacheras calaveras, el Diablo y Don Chepito Marihuano; pero principalmente la gente sencillas con sus alegrías y sufrimientos.

“Así como Goya incluyó en sus grabados de Caprichos, Escenas del mundo de las brujas para ejercer su crítica social, Posada recurre a la otra cara de la vida: la muerte, para intensificar su crítica social siempre con sentido humorístico, lo que le permite usar el ridículo y la extravagancia. Las escenas y figuras del ‘más allá’ no son sino del ‘más acá’, pero transfiguradas en el mundo de las calaveras y esqueletos que tienen plena vida...” (ibit.).

La tradición calaverística mexicana, iniciada por Gabriel Vicente Gahona, llamado “Picheta”, fue maravillosamente continuada y superada por Posada, quien consolidó, a la mexicana, el medieval concepto europeo de “la danza macabra”, basado en el arte del bien morir, colaborando de esta manera a la sublimación de sentimientos y creatividad del pueblo que desembocó, por necesidad, en la intensificación de las fiestas dedicadas a sus difuntos.

Al grabador Manuel Manilla se debe la invención, a finales del siglo pasado, de las calaveritas de dulce enriquecieron la tradición del Día de Muertos y que ahora, fabricadas de azúcar, de chocolate o de alegría, con sus estañados y relucientes ojos y con el nombre del difunto en la frente, representan uno de sus principales símbolos.

Cuando el pintor jalisciense Gerardo Murillo, llamado “Doctor Atl”, escribió en 1921 su obra Las artes populares en México en dos tomos, ignoró las expresiones artísticas de la celebración del Día de Muertos, lo mismo que la obra de Posada.

Al pintor francés Jean Charlot, quien se sumó a la Escuela Mexicana de Pintura, se le atribuye el descubrimiento del grabador Posada en 1925. A partir de entonces, el concepto populista de la muerte que se manifiesta artesanalmente, inspiro en su obra, toma fuerza con el apoyo de los pintores Diego Rivera y Pablo O’Higgins. En la década de los años treinta surge la idea del desprecio festivo a la muerte basado, tal vez, en las chuscas, divertidas y nada solemnes calaveras de Posada.

Entre sus más importantes grabados de calaveras, figuran: Don Quijote de la Mancha, tratando de enderezar en tuertos, cabalgando en impetuosa estampida sobre su caballo rocinante, produciendo a su paso dolor y muerte. Las Calaveras ciclistas, sátira perfecta al progreso mecánico que arroya la tradición. Con la Calavera de la Adelita, Calavera maderista y Calavera huertista, representa a diversos personajes de la política de esa época, como a la feroz crítica a la sangrienta revolución de 1910.

La Chispeante y divertida calavera de doña Tomasa y Simón el Aguador, representa el chisme de barrio. Una pequeña serie de Calaveras de Cupido ilustra algunos de los versificados textos de Constancio S. Suárez.

La Calavera catrina, lo mismo que Calavera del catrín y Espolón contra navaja figuran entre las obras que mayor difusión tienen mundialmente, por ser lo más representativos de Posada.

Entre otros grabados, figuran Gran fandango y francachela de todas las calaveras y Rebumbio de calaveras a los que acompaña el siguiente poema, muy acorde con las celebraciones propias del Día de Muertos:

Llego la gran ocasión de divertirse de veras, van a ser las calaveras su fiesta en el panteón.

Los festejos sepulcrales, muchas horas duraran; los muertos asistirán con vestidos especiales.

Con gran anticipación calaveras y esqueletos se han hecho trajes completos que lucirán en la reunión.

A las nueve de la mañana del invierno 20 de enero de 1913 , en la casa num. 6, bajos de la avenida de la Paz ( actualmente núm. 47 de la calle del Carmen), a los 66 años de edad falleció José Guadalupe Posada. A causa de su pobreza , fue enterrado en fosa de sexta clase del Panteón Civil de Dolores.

“... y en vez de convertirse en Calavera del montón como lo había presagiado, se levanta de la fosa ( común) a la inmortalidad, para caminar de nuevo por los vericuetos del mundo: unas veces de levita y bombín , y otras con el buril en la mano en espera de nuevos acontecimientos” (ibid.).

Fuente: México desconocido No. 261 / noviembre 1998

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