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Baja al Río Secreto de Yucatán

Hace poco me llamó un viejo amigo a quien no veía por más de cinco años y que sabe de nuestro interés por la conservación de los ríos subterráneos y lo apasionados que somos por lo desconocido.

Otto von Bertrab

Me dijo que un ejidatario conocido suyo había encontrado una cueva en su parcela y querían mostrárnosla. Llegamos a Playa del Carmen y organizamos una pequeña expedición de reconocimiento. Llevamos nueve años viviendo en el estado de Quintana Roo y en este tiempo hemos explorado muchas cavernas, pozos y cenotes y dudábamos mucho que en la locación que me indicaron pudiera haber algo nuevo que conocer.

Llegamos a la parcela, no muy lejos a Playa del Carmen y allí nos recibió un señor, quien en lengua maya nos saludó, don Cleofás. Mi amigo nos llevó hasta un pequeño orificio en el suelo, donde habían colocado una escalera. Don Cleo se acercó y nos explicó: “Estaba limpiando mi terreno cuando vi a una iguana grande que se escondió. Mi hermano cocina muy bien la carne de iguana, así que intenté atraparla. Moví varias rocas, agrandando el orificio por donde el reptil se había metido y fue entonces que descubrí la cueva.”

Mauricio Ramos

En esta primera visita entramos a una galería hermosamente decorada, evidentemente era un lugar virgen, donde nadie había entrado, no se veía rastro alguno de evidencia humana. Reconociendo el salón nos dimos cuenta que había una probable continuación hacia el este, por un pequeño pasadizo por donde había que nadar. Ese descubrimiento fue suficiente para motivar nuestra curiosidad y comenzar el plan para una futura exploración.

Mauricio Ramos

Primera galería

Para el día siguiente volvimos un poco mejor preparados. Tania y Alfredo, ambos espeleólogos y buzos, venían armados con cascos, lámparas primarias y secundarias, pilas de repuesto y línea de vida. El objetivo era tratar de seguir el río subterráneo, en un principio, sin tener que bucear y evitar cargar pesados tanques hasta ese sitio. Para nuestra sorpresa el estrecho fue mucho más sencillo de lo que pensamos y después de una pequeña remojada llegamos a una nueva galería, más abierta y ventilada que la anterior.

La primera galería se denominó Pool Tunich, o cabeza de piedra, en honor al señor Cleofás Pool, quien fue el descubridor de la cueva, el estrecho que pasamos era sin duda la “garganta” y la gran galería adonde llegamos la llamamos “encrucijada”, ya que había camino en ambas direcciones. Seguimos el camino hacia el sur y no podíamos dar un paso sin sorprendernos de lo que estábamos viendo.

Mauricio Ramos

El agua estaba casi completamente cubierta por hojas de calcio, lo cual evidenciaba el hecho que nadie había entrado antes. Al nadar íbamos dejando un sendero por la superficie del agua y el movimiento de nuestros brazos y piernas generaban un oleaje que resonaba en la caverna como una música misteriosa.

La Encrucijada resultó ser un largo pasaje, una enorme alberca que nos llevó a otra gran galería, allí nos detuvimos a contemplar. Al hablar de decoraciones me refiero a las formaciones geológicas llamadas espeleotemas. Había todas las variantes posibles: estalactitas de todos tamaños y distintos colores; estalacmitas, que crecen desde abajo en lugares secos; columnas formadas por la unión entre las primeras y las segundas; gours o represas, que son murallas de distintos tamaños que retuvieron el flujo del agua; perlas, coladas o cortinas, helictitas, corales y muchas otras formas minerales caprichosas que aún no aparecen en los libros de espeleología, ¡nos encontrábamos en un paisaje increíble! A esta galería la llamamos “corazón”. Continuamos hacia el norte hasta llegar a otro salón que denominamos “manantial”, donde está el “palacio”. Allí pudimos ver que la cueva continuaba, pero bajo agua. Eso marcó el fin de un día más de exploración.

Explorar una cueva de estas dimensiones es un trabajo lento y meticuloso, aunque esto no le resta emoción, especialmente en un lugar como éste en el que, muy posiblemente, nadie había pisado antes. Sólo para mapear unos 100 metros de caverna, pasamos unas 10 horas. Cada vez que salíamos de la exploración don Cleo nos recibía con una cerveza y comida, como buen anfitrión. Luego me di cuenta que en efecto, cuando yo le hablaba y le avisaba que íbamos a ir a su rancho, él preparaba todo para consentirnos, una razón más para enamorarnos del lugar.

El Laberinto

En una siguiente expedición tomamos el camino este a partir de la Encrucijada, el cual nos llevó por grandes galerías que denominamos: “las islas” y “las columnas”, la profundidad del nivel del agua fue disminuyendo hasta que llegamos a un tramo casi seco que llamamos Laberinto. Mientras avanzábamos, era claro que la cueva debía tener otra entrada, ya que el aire no estaba viciado como en las cuevas de agua, ni había ese sentimiento de bochorno que ocurre cuando hay una sola entrada. También era evidente que en los pasillos, donde se unen los distintos salones, podíamos apreciar espeleotemas con formaciones curvas y espirales, lo cual ocurre cuando hay flujo de aire.

Mauricio Ramos

Tratando de entender la intrincada área del Laberinto, ocurrió que el agua que pisábamos se hizo más fría e incluso el color del sedimento dejó de ser blanco y comenzó a haber manchas de materia orgánica, hasta que, al apagar nuestras luces, pudimos ver una luz al final del camino, habíamos encontrado otra entrada.

Cada día dentro de la cueva que denominamos Río Secreto (Tak Bi Ha, en maya), se convertía en una aventura impresionante, por lo que a la siguiente oportunidad que teníamos de volver lo hacíamos con más equipo: brújula, clinómetro, gps, hilo, alimento, etcétera.

La segunda salida recibió el nombre de “niño perdido”, en honor al Laberinto. Era un colapso natural en un área oculta de la selva, llevamos machete y con mucha dificultad trazamos un camino por la superficie, esto es bajo el sol, para conectar las dos entradas hasta el momento conocidas. Esta vereda nos ayudaría mucho, ya que en las siguientes expediciones nos trasladábamos directamente a esta entrada desde donde comenzábamos la exploración. Esto nos resolvió muchas interrogantes, ya que al circundarlo por su interior encontramos tres pasadizos más, uno de los cuales era una ruta alterna hacia la salida Pool, y los otros dos eran nuevas rutas que no tardamos en comenzar a entender.

Mauricio Ramos

El sistema Río Secreto, representa por sus características  una oportunidad para entender la historia del planeta y los caprichos de la naturaleza. Los espeleotemas se entienden como formas de vida mineral, nacen, crecen y mueren, a veces su vida se interrumpe por una inundación, pero en la siguiente glaciación, cuando las aguas vuelven a bajar, la formación geológica sigue creciendo. También hemos encontrado que lo que hay abajo es un reflejo de lo que hay arriba, y que existen factores como la raíces, que provocan otro tipo de formaciones que no se pueden ver en otras cuevas del mundo.

Desde aquel día, la historia del Río Secreto continúa. Durante estos meses de exploración hemos invitado a geólogos, topógrafos, arqueólogos, biólogos y a otros interesados en el tema, y juntos hemos recorrido más de 5 kilómetros registrando características de la cueva, espeleotemas, fauna, e incluso hasta  la flora que encontramos en las entradas. En este momento la idea es conocer la cueva para poder cuidarla, pues este laboratorio natural es una joya donde la historia del planeta se encuentra grabada en piedra, donde hay muchas interrogantes aún por descifrar de nuestro maravilloso México desconocido.

Mauricio Ramos

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