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En la región del chicle (Quintana Roo)

A los chicleros les lleva todo el día de intenso trabajo cocer la resina que han extraído durante una semana de los árboles de chicozapote.

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Durante los meses de julio a febrero, en la temporada de lluvias, pobladores del oeste del estado de Quintana Roo se dedican a la extracción del chicle, materia prima de la goma de mascar. A 150 km de Felipe Carrillo Puerto, Quintana Roo, en el centro de la península de Yucatán, se encuentra Othón P. Blanco, población que visitamos para conocer el proceso de extracción de la goma. 

Llegamos al pueblo de Othón P. Blancocomo a las dos de la mañana. No se oía ningún ruido. Las garzas volaban en el cielo mientras descansábamos un poco en la placita que el único espacio que estaba iluminado. M s tarde fuimos a buscar al señor que nos llevaría al campamento chiclero en su pequeña carreta, ya que en época de lluvias el camino se inunda, y no es posible transitar en auto. Aunque la distancia es corta, aproximadamente 25 km, el recorrido duró m s o menos tres horas. Salimos a las cuatro de la mañana, estaba oscuro el camino, no se veía nada; apenas y se distinguían las siluetas de los árboles, hasta que lentamente empezó amanecer. Con la luz del día disfrutamos del paisaje, pues los árboles son altos y la selva abundante.  En el campamento había tres chicleros que estaban trabajando juntos esa temporada: el señor Félix Xiún, su sobrino Hernán y su amigo Coco, quienes salieron a nuestro encuentro después de que el guía disparó su rifle para avisarles que estábamos ahí. Cada uno traía el chicle que había obtenido el día anterior en el”chivo”, una bolsa de lona que ellos mismos elaboran y que está impermeabilizada con la misma resina; para cerrarla utilizan dos maderitas que ponen a los lados de la abertura y que se amarran de los extremos para evitar que se salga la resina durante el recorrido. Toda la goma que cada uno va sacando de los árboles, la vacían a otra bolsa m s grande donde la van almacenando.   

Cuando estas bolsas están llenas, es día de “cocinar”. Así le llaman los trabajadores al procesos para extraer el chicle: primero cuelan la resina para quitarle los trozos de madera u hojas que hayan caído en el interior, mientras la vierten en una paila, un recipiente de gran tamaño. Después la ponen al fuego durante más o menos hora y media; en este tiempo los chicleros se van turnando para revolver la resina con un palo y así evitar que se pegue y se desparrame. Cuando el agua que contiene se evapora, la goma se vuelve más consistente y chiclosa, por ello tienen que resolverla con m s fuerza y rapidez, hasta que se forman burbujas y toma un color café claro; en este momento ellos saben que cuajó, que está cocida y lista para retirarla del fuego y seguirla moviendo, pero ahora levantándola con el palo lo más alto que pueden para que se enfríe. En esta etapa del proceso no pueden dejar de moverla porque se puede pegar y se endurece; así, revolviendo, los trabajadores se pasan una hora más hasta que el chicle llega a una temperatura que sus manos resistan para poder sacarla de la paila, ponerla sobre unas hojas y después formar las marquetas.  Ya que la goma está afuera, la dividen y la colocan en unos moldes de madera; la goma debe estar caliente para que puedan manejarla. Para soportar el calor los chicleros se humedecen las manos con agua. Antes de que la goma se enfríe, la separan del molde y las marquetas de chicle están listas, sólo falta escribir las iniciales del chiclero.  Todo el día vimos cómo “cocían” la resina que los chicleros habían recolectado durante la semana, en total hicieron seis marquetas, dos cada quien. El día y la jornada de trabajo habían terminado. A la mañana siguiente conoceríamos cómo extraen la goma de los árboles. 

Los trabajadores salen del campamento a “picar” los chicozapotes; se van juntos a buscar los árboles que estén aptos para sacar la resina.  Una vez localizados, arreglan sus cuerdas y sus botas de plástico, a las que les amarran unas polainas que van clavando en el árbol mientras suben; algunos de ellos trepan descalzos. Con su machete hacen unos cortes en la base del árbol en forma de “V” abarcando sólo una cara del tronco; inmediatamente se ve cómo brota la resina de color blanco. Ahí, en este primer corte colocan una pequeña bolsa para recolectar toda la que va cayendo. Luego se inicia el ascenso para seguir haciendo más cortes. Ayudándose con las polainas y deteniéndose con una cuerda que amarran a su cintura y que pasan alrededor del tronco, suben lo más alto que pueden para aprovechar al máximo el potencial del chicozapote.  También hacen cortes en las ramas, ya que algunas veces es ahí donde puede haber más chicle. Sin embargo, esta tarea es difícil y peligrosa porque la realizan boca arriba y estos árboles alcanzan una altura de unos 20 metros. Picar todo el árbol les lleva de 30 a 40 minutos. Una vez que terminaron de seccionarlo, descienden por una cuerda y siguen buscando otro árbol al que le pueden extraer la resina para repetir el procedimiento seis u ocho veces más hasta antes de que empiece a oscurecer. Hay dos métodos para picar el árbol, en forma de espiral o en zig-zag. Los chicleros no pueden saber la cantidad exacta de resina que van a obtener de un árbol, por eso dejan la bolsa hasta el día siguiente cuando van a recogerla para vaciarla después en el “chivo”. Por otro lado, cabe mencionar que tampoco pueden seleccionar un chicozapote que ya haya sido picado, a menos que esté cicatrizado completamente, proceso biológico de la planta que tarda aproximadamente ocho años. 

Después de que don Félix, a sus 80 años, y Coco, amablemente nos enseñaron cómo “picaban” el árbol regresamos al campamento que estaba como a unos cinco kilómetros. Ese mismo día los chicleros fueron a la cooperativa que está en el pueblo de Othón P. Blanco para llevarlas marquetas que habían producido esa semana. Cada marqueta pesa alrededor de 15 kilos y cada kilo lo pagan a 20 pesos.  Como era domingo, los chicleros se quedaron en el pueblo para estar con sus familias y preparar el alimento y las provisiones que necesitarán la siguiente semana de trabajo en el campamento.  Actualmente la producción de chicle del estado de Quintana Roo la compra Japón, Italia y Estados Unidos a través de la Federación de Cooperativas, que firma los contratos de compra-venta.   

Fuente:   México desconocido No. 241 / marzo 1997

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