Etiqueta de Lulú y Betty Boop, apropiación de un ícono de la cultura pop
La etiqueta de Lulú retomó la imagen de Betty Boop, convirtiéndose en uno de los íconos más reconocibles de la cultura popular mexicana.
La etiqueta de Lulú se convirtió durante décadas en una de las imágenes más reconocibles de la cultura popular mexicana. Aquella caricatura de cabello negro, ojos grandes y expresión coqueta acompañó refrescos, anuncios y charolas metálicas en tiendas de barrio, puestos callejeros y fondas de todo el país.
Sin embargo, detrás de esa figura existía una inspiración evidente: Betty Boop, uno de los personajes más famosos de la animación estadounidense. La historia de esta apropiación gráfica habla tanto de publicidad como de intercambio cultural, diseño popular y reinterpretación visual en México durante el siglo XX.

Betty Boop y el nacimiento de una figura moderna
Betty Boop apareció por primera vez a finales de los años veinte dentro de los cortos animados de los Fleischer Studios. El personaje retomaba la estética de las llamadas flappers, mujeres jóvenes asociadas con la modernidad, el jazz y los cambios sociales que marcaron aquella década.
Con su vestido corto, pestañas pronunciadas, labios pequeños y actitud juguetona, Betty Boop se convirtió rápidamente en un fenómeno internacional. Fue uno de los primeros personajes femeninos de dibujos animados construidos desde una mezcla de inocencia y sensualidad, algo que la volvió enormemente popular en la cultura visual del siglo XX.

Su imagen apareció en productos comerciales, carteles, mercancía y campañas publicitarias alrededor del mundo. México no fue la excepción.
Nacimiento de la etiqueta de los refrescos Lulú
En México, Refrescos Pascual comenzó a crecer hacia mediados del siglo pasado con distintas bebidas de sabores. Entre ellas apareció Lulú, una marca que alcanzó gran popularidad durante las décadas de 1950 y 1960.
La etiqueta utilizaba a una caricatura femenina que inevitablemente remitía a Betty Boop: cabello oscuro, rostro redondeado, pestañas largas y una expresión traviesa muy similar a la del personaje estadounidense.
Aunque oficialmente nunca se reconoció que se tratara de Betty Boop, la semejanza era tan clara que muchas personas comenzaron a llamar informalmente al personaje “Betty Pop”, una adaptación popular mexicana del nombre original.

Con el paso del tiempo, aquella imagen dejó de percibirse simplemente como una copia y terminó convirtiéndose en un símbolo propio dentro de la cultura visual mexicana.
La etiqueta de Lulú, apropiación gráfica y cultura popular
La figura de Lulú apareció en anuncios luminosos, botellas de vidrio, charolas metálicas y material promocional asociado con refresquerías, loncherías y tiendas de abarrotes.
Su presencia coincidió con una época en la que la publicidad mexicana retomaba constantemente referencias estadounidenses y europeas, adaptándolas al contexto local. El personaje funcionaba porque representaba juventud, modernidad y una estética divertida fácilmente identificable.
En muchos sentidos, la caricatura ya no pertenecía del todo a su origen estadounidense. Se volvió parte del imaginario cotidiano mexicano, asociada con refrescos de sabores, comida callejera y recuerdos de infancia.
La apropiación de personajes extranjeros dentro de la publicidad mexicana no fue un caso aislado. Durante buena parte del siglo XX era común que negocios y marcas retomaran figuras internacionales para reinterpretarlas localmente.
En el caso de Pascual, también existió el llamado Pato Pascual, cuya imagen recordaba claramente al Pato Donald y por la cual hubo una batalla legal entre Boing y Disney. Estas apropiaciones formaban parte de una cultura visual menos regulada que la actual, donde muchas referencias circulaban sin demasiados controles legales.
Con los años, las similitudes comenzaron a generar problemas relacionados con derechos de autor. La empresa tuvo que modificar gradualmente el diseño del personaje de Lulú para alejarlo visualmente de Betty Boop y construir una identidad más propia. Aun así, el origen seguía siendo reconocible para varias generaciones.
Más que una copia
La historia de Lulú revela cómo ciertos íconos extranjeros fueron absorbidos y transformados por la cultura popular mexicana hasta adquirir una identidad distinta.
Lo que comenzó como una evidente inspiración terminó convertido en un símbolo nostálgico ligado a otra época de la publicidad nacional: la de las lonas pintadas a mano, las refresquerías familiares y los anuncios metálicos que todavía sobreviven en algunas fondas y mercados.

En la actualidad, las etiquetas antiguas de Lulú y las piezas publicitarias con la caricatura original son buscadas por coleccionistas, diseñadores y amantes de la gráfica popular mexicana. Más allá del debate sobre apropiación o derechos de autor, la figura terminó ocupando un lugar propio dentro de la memoria visual del país.
¿Quieres saber más sobre la Cooperativa Pascual? Aquí te lo contamos.
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