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Hongos, un mundo aparte

Estaba en el onírico mercado de Taxco cuando descubrí entre los innumerables puestos de “marchantas” unos enormes y azules hongos que llamaron mi atención.

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Conoce México, sus tradiciones y costumbres, pueblos mágicos, zonas arqueológicas, playas y hasta la comida mexicana.


Eran los hongos que los botánicos especialistas -los micólogos- llamanLactarius indigo. El azul añil que tienen cuando están frescos, cambia por desgracia al gris conforme se van secando, pero no por eso dejan de ser menos bellos. Compré algunos y me los llevé a mi casa para hacer una acuarela de hongos azules, investigar generalidades micológicas y escribirles a ustedes este pequeño artículo. Un micólogo, tratando de poner en aprietos a un indígena sabio y viejo, le preguntó silos hongos eran plantas o animales, a lo que el sabio indígena le respondió: “Los hongos son hongos”. Y tenía razón. La maliciosa pregunta del micólogo fue respondida con toda exactitud; los hongos no son plantas ni animales y forman por sí mismos un grupo aparte que es, por demás, maravilloso y apasionante.

Los hongos poseen el don de la ubicuidad; los podemos encontrar en todas partes. Algunos de ellos también poseen el don de la casi invisibilidad pues son microscópicos (mohos), aunque los mejor conocidos son macroscópicos, siendo además estéticamente muy conspicuos.

Desde un punto de vista netamente pragmático, los hongos también son importantes, ya que muchos de ellos son comestibles; otros son plagas y enfermedades que atacan plantas y animales —el hombre incluido—; algunos más son utilizados como medicamentos; otros poseen propiedades alucinógenas, y los hay que son venenosos.

Así pues, tenemos por ejemplo que en el campo gastronómico, los hongos pueden ser desde las verdes delicias culinarias que hacen de los sápidos y olorosos quesos Roquefort de Francia y Cabrales de España los más apreciados del mundo, hasta el sabrosísimo relleno de las mexicanísimas quesadillas.

Mención aparte merecen los hongos alucinantes como los famosos hongos de Huautla, en Oaxaca, poderosos psicotrópicos que son consumidos con carácter religioso por los shamanes de la zona mazateca como la mundialmente célebre María Sabina recientemente desaparecida. Los antiguos mexicanos llamaban a los hongos alucinógenosTeonanácatl(de Teos, dios en náhuatl, y nanácatl, hongo) y eran, por lo tanto, hongos divinos.

No debemos olvidarnos de los hongos medicinales. Aquí podemos destacar que los antiguos mexicanos sabían que el moho verde que crecía sobre las tortillas húmedas, tenía propiedades curativas sobre las heridas: no les permitía infectarse. Este saber empírico aunque finalmente terapéutico, es una muestra más del gran conocimiento que tenían de la naturaleza nuestros antepasados. Este moho verde de las tortillas es el hongo conocido científicamente como Penicillum sp., y de él obtuvo la penicilina el microbiólogo Fleming, mérito que le valió el premio Nobel de medicina.

Pero así como hay hongos medicinales, también los hay causantes de enfermedades como el “pie de atleta” y la terrible histoplasmosis.

Por último, hablaremos de los hongos más temidos, los hongos venenosos, que en el México antiguo eran llamadosmiocaninanácatl. El grado de toxicidad de los hongos varía y existen algunos que solamente causan desde leves a medianos trastornos gastrointestinales media hora después de ingeridos, y otros que provocan la muerte al destruir el tejido hepático o renal 8 o 12 horas después de haber sido consumidos. Así, tenemos que los hongos alcanzan toda una gama de características que no han pasado ni pasarán desapercibidas. Dicho sea de paso, los hongos nos ayudan a bien comer, a bien vivir o a bien morir.

HONGOS COMESTIBLES

La micofagia, esto es la costumbre de alimentarse de hongos, se practica en todo el mundo desde la más remota antigüedad. De hecho, una especie, laAmanita cesarea, era —como su nombre lo indica— predilección de los césares romanos. Como ya vimos, en el México antiguo a los hongos se les conocía con el nombre genérico denanácatl, que significa carne. La asociación no es lejana ni gratuita, pues todos sabemos que los hongos —al cocinarse— huelen a carne y que la consistencia de algunos de ellos es también similar. Y por cierto que los hongos son tan sabrosos, tan delicadamente exquisitos, que en México la tradición de comerlos ha pasado de generación en generación desde hace muchas centurias.

Un ejemplo de esta tradición es el hongo que crece sobre el árbol conocido como cazahuate (Ipomea sp), que según algunos de sus adictos consumidores tiene la consistencia y el sabor de la carne de pollo. Otro ejemplo claro de nuestro gusto por los hongos es el huitlacoche o cuitlacoche (Ustilago maeydis o Ustilago zeas), un hongo parásito del maíz que es consumido en múltiples platillos.

Son realmente muchas las especies de hongos que en México se consumen como alimento, y es en la época de las lluvias cuando podemos ver su enorme diversidad, su gran colorido y su multiplicidad de formas en los mercados populares. Pípilas, mazorquitas o pancitas, clavitos o corralitos, hombrecitos, patas de pájaro, cornetas, palomas, señoritas, negritos, enchilados, lenguas de gato, gachupincitos, son algunos de los muchos nombres con que el pueblo ha bautizado a los hongos comestibles mexicanos.

Se dice entre la gente de pueblo que conoce bien y sabe como recolectar estos hongos que, según cuenta la tradición, son más sabrosos cuando se cortan con la luna tierna, en cuarto creciente.

LOS HONGOS Y SU RELACIÓN CON EL BOSQUE

Eso que vemos sobresalir entre las agujas secas de los pinos que tapizan el suelo de los bosques templados, es sólo una parte del hongo, su cuerpo reproductor. La mayor parte del mismo se distribuye por debajo del suelo y la hojarasca formando una masa algodonosa blanca que recibe el nombre de micelio. Estas masas pueden formar de uno a varios cuerpos fructíferos o partes reproductoras.

Curiosamente, elAmanita muscaria, uno de los hongos más conocidos, tanto que incluso es muy común verlo ilustrado en los “cuentos de hadas”, es un hongo micorrícico y no solamente eso, sino que está catalogado dentro del grupo de los hongos venenosos y, según el doctor Gastón Guzmán: “… es una de las especies más citadas por los escritores populares, debido a que llama mucho la atención por el color (rojo) del sombrero. Tiene fama de ser muy venenoso, sin embargo, su toxicidad no es grave ya que el ingerirlo provoca únicamente vómitos y diarreas, trastornos nerviosos y alucinaciones; la persona así intoxicada se recupera en pocas horas. Este hongo es muy común en los bosques de pinos en donde crece sobre el mantillo… cuando es joven presenta una forma globosa debido a que está rodeado por una cubierta amarilla (volva), la cual queda a manera de una base bulbosa escamosa en la base del pie y como escamas sobre la superficie del sombrero.”

Cuando estábamos buscando a los especialistas en hongos, llegamos al Herbario de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México y allí -en su recinto- nos encontramos con un letrero que rezaba: “LOS HONGOS SON UN REINO APARTE” y si eso dicen los biólogos especialistas, ¿qué podemos decir nosotros, los legos en la materia?

LAS REPRESENTACIONES DE LOS HONGOS EN EL MÉXICO ANTIGUO

Aunque no es muy común encontrar representaciones de hongos en el México antiguo, es posible, sin embargo, hallar algunas representaciones de ellos en los murales de Teotihuacán y en algunos códices tanto prehispánicos como coloniales.

En el Códice Vindobonensis, precioso manuscrito prehispánico mixteco, hay representaciones de hongos que pueden corresponder a hongos alucinantes, según lo anuncia el doctor Alfonso Caso en su trabajo “Representaciones de hongos en los códices”, publicado el año 1963. También podemos encontrar hongos en un códice de la Colonia llamado Códice número 27 de la obra Códices Indígenas (Archivo General de la Nación, 1933), en el cual aparece un expediente de tierras del año 1549 en el pueblo de Tetla (cerca de Tetela del Volcán, Morelos), en el que los indígenas se quejan del Conquistador Hernán Cortés, quien —según afirman ellos— les habla despojado desde el año de 1532 de unos territorios que llamaban Nanacatepec que significa “en el cerro de los hongos” pues se deriva de Nanácatl, hongo, Tepetl, cerro y c, apócope de co, en. No se sabe a ciencia cierta si se les haría o no justicia a los indígenas despojados, pero sinceramente esperamos que así haya sido.

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