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San Ángel: una guía para recorrerlo en verano

Recorre este barrio mágico de la Ciudad de México a pie y descubre todas las maravillas artísticas así como sus bellas casonas a cada paso que das.

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El Barrio Mágico de San Ángel, en el sur de la Ciudad de México, es uno de los más bucólicos y encantadores rincones de la metrópoli, ideal como para “perderse” disipadamente y sin prisa en sus calles y callejones coloniales, y descubrir así, despacio, sus secretos mejor guardados, sus pátinas centenarias en plazoletas, arcadas y atrios coloniales, y también en los patios interiores y jardines bien cuidados de las señoriales casonas, que hoy, en muchos casos, pueden visitarse.

El barrio de San Ángel fue adquiriendo su fisonomía actual sobre todo a partir del siglo XVIII, cuando las familias acomodadas de la ciudad – lo que hoy conocemos como Centro Histórico -  construían aquí sus mansiones veraniegas, sus villas de campo en una de las zonas más atractivas del valle, cerca de donde el volcán Xitle hizo erupción hace ya más de mil años, y transformó para siempre este maravilloso paisaje de roca volcánica, huertos y arboledas; cerca también de los primeros templos dominicos y carmelitas que iniciaron la evangelización en esta región, a un lado de la mítica ciudad prehispánica de Tenanitla, que significa “Lugar Amurallado” en referencia a la muralla de piedra que lego el Xitle a estos paisajes del sur de la ciudad; muy cerca también de la eterna Cuicuilco, mucho antes de la era cristiana, en los tiempos de palacios y pirámides en la histórica Cuenca de México, antes incluso que Teotihuacán, en los albores de las altas culturas de Mesoamérica.

Las calles de San Ángel, paso a paso

Un buen recorrido por San Ángel conviene iniciarlo desde el Templo y Ex convento de El Carmen que está sobre la Avenida Revolución viendo hacia el Centro Cultural San Ángel que descansa frente a la Plaza del Carmen, que es de hecho la puerta del Barrio Mágico de San Ángel. El templo y el ex convento conviene caminarlos despacio, y es que sus espacios conventuales del siglo XVII con magníficas colecciones de altares y pinturas barrocas novohispanas, y en general sus obras de arte religioso y sus famosas momias son imperdibles. Sobre la Plaza del Carmen, vale la pena detenerse en la Biblioteca de las Revoluciones de México, su programa de actividades es amplio y atractivo, siempre hay alguna presentación de libro, alguna conferencia interesante, talleres, y del mismo modo es una buena ocasión para conocer a detalle una de las bellas y antiguas casonas del barrio.  

Desde esta plaza conviene “perderse” por la calle de Amargura, aquí se encuentra una librería Porrúa y varias de las fachadas más bellas del barrio; al final de esta calle se descubre la espléndida casona del Obispo que hoy alberga una estupenda galería con piezas únicas de maestros artesanos de toda el país; en frente, se yergue la hermosa Plaza Tenanitla, y alrededor de esta se pueden ver varias tiendas de artesanías muy atractivas, la Galería Caracol Púrpura es de las más visitadas. A partir de aquí, la calle Juárez lleva al caminante hasta el estupendo Templo de San Jacinto, una obra colonial dominica del siglo XVI de gran factura, se trata de hecho de una de las iglesias más antiguas de la ciudad, y su claustro y atrio son espléndidos, a un costado del claustro hay un pequeño café imperdible. Desde este punto, después de dos o tres cuadras, se llega al final de la calle Juárez, e inicia de hecho la bella calle de Árbol con la Plaza de los Cielos en la esquina, siguiendo esta calle aparece la cerrada de Frontera que lleva hasta la idílica Plaza de los Arcángeles, quizá la más tranquila y agraciada de todo el barrio. Desde aquí, siguiendo un hermoso callejón custodiado por exuberante follaje y buganbilias floridas, se arriba  hasta donde se revela un hermoso arco colonial que es de hecho la puerta de un rincón entrañable conocido como La Entrega.

Regresando a la Plaza de los Cielos, hay que tomar la calle Reina para seguir descubriendo el San Ángel más nostálgico, el de los vetustos portones de madera y los pequeños nichos religiosos cavados en los gruesos  sillares,  en su esquina con la calle Hermenegildo Galeana se encuentra una de las casonas más bellas del barrio, frente a ella hay una hermosa cruz atrial y ventanales con herrería y macetones “sevillanos”. Aquí mismo, inicia la calle General Aureliano Rivera que va hasta la calle de Santísimo, donde los entornos cautivan al más conspicuo observador.

La Plaza San Jacinto

Finalmente todos los caminos llevan hasta la Plaza San Jacinto, donde los sábados están los artistas exhibiendo su obra a cielo abierto, y también aquí, está el Centro Cultural Isidro Fabela, con su Casa del Risco que es un monumento histórico del siglo XVIII que resguarda una magnífica colección de pintura y escultura colonial. En una de las fachadas de las casonas que circundan la plaza, se haya una placa honorífica en memoria del Batallón de San Patricio, con cada uno de los nombres de estos héroes irlandeses que dieron su vida por México en la conflagración armada contra el invasor norteamericano entre 1846 y 1848. Todos ellos fueron desertores del Ejército de los Estados Unidos que se pasaron del lado mexicano, es de hecho el único antecedente en la historia de nuestro vecino del norte que soldados de su ejército desertaron para sumarse a las filas del enemigo.

Y si se da toda la vuelta a la plaza, van apareciendo otras tiendas de artesanías y muebles antiguos, como la Galería María Bonita que presume vistosos balcones, y también siguen aquí los clásicos restaurantes de siempre, como La Camelia que ofrece soberbios mariscos y pescados de temporada.

En fin, regalarse una tarde para descubrir y desentrañar los rincones y misterios del Barrio Mágico de San Ángel es toda una experiencia, es además, el mejor pretexto para tomarse un café o una buena comida en alguna de las terrazas que miran hacia los bucólicos callejones, acompañado por supuesto, de quien más se quiere. 

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