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¿Cómo comenzó el saqueo arqueológico en México?

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© Facebook Xiu

El saqueo arqueológico en México es un fenómeno que afectó a nuestro país durante años. ¡Por eso hay tantas piezas en Europa!

El saqueo arqueológico en México explica por qué miles de piezas prehispánicas mexicanas terminaron en museos, galerías y colecciones privadas de Europa y Estados Unidos. Detrás de la salida de estos objetos existe una larga historia de expediciones científicas, coleccionismo, tráfico ilegal, así como vacíos legales que comenzaron desde la época colonial y se intensificaron durante los siglos XIX y XX.

Buena parte del patrimonio arqueológico de México abandonó el país en un momento en que la arqueología aún no contaba con normas claras de protección. Durante este periodo numerosos exploradores extranjeros recorrían el territorio mesoamericano en busca de esculturas, vasijas, códices y objetos rituales para exhibirlos en museos o venderlos a coleccionistas privados.

El fenómeno no solo afectó a México. El tráfico de bienes culturales se convirtió en un problema internacional que impactó a numerosos países con herencia arqueológica. En el caso mexicano, no obstante, la magnitud del saqueo arqueológico fue particularmente profunda debido a la enorme riqueza material de las civilizaciones mesoamericanas.

El saqueo arqueológico en México comenzó hace siglos

Durante el siglo XIX, expedicionarios, fotógrafos, anticuarios y arqueólogos extranjeros recorrieron regiones como Yucatán, Oaxaca, Veracruz y el occidente de México atraídos por las antiguas ciudades mesoamericanas.

Uno de los casos más conocidos ocurrió en 1875, cuando los exploradores Augustus Le Plongeon y Alice Dixon realizaron excavaciones en Chichén Itzá y descubrieron la escultura que hoy conocemos como Chac Mool. Fascinados por la pieza, decidieron trasladarla para exhibirla en la Exposición Internacional de Filadelfia. Sin embargo, Eligio Ancona, entonces gobernador de Yucatán, intervino y reclamó la escultura como propiedad del Estado mexicano, impidiendo su salida del país.

Uno de los casos de saqueo arqueológico más conocidos ocurrió en 1875, cuando los exploradores Augustus Le Plongeon y Alice Dixon realizaron excavaciones en Chichén Itzá. Memórica México / Archivo General de la Nación.
Uno de los casos de saqueo arqueológico más conocidos ocurrió en 1875, cuando los exploradores Augustus Le Plongeon y Alice Dixon realizaron excavaciones en Chichén Itzá. Memórica México / Archivo General de la Nación.

Aunque ese episodio terminó con la recuperación de la pieza, durante décadas muchos otros objetos sí lograron salir de México como consecuencia del saqueo arqueológico y del comercio internacional de antigüedades.

En numerosos casos, las excavaciones se realizaban sin protocolos científicos y con fines comerciales. Las piezas eran arrancadas de tumbas, templos y antiguos asentamientos sin registrar su contexto arqueológico, lo que provocó pérdidas irreparables para la investigación histórica.

Escultura maya de Chaac Mol que los Le Plongeon intentaban exhibir en Filadelfia, Estados Unidos. Memórica México / Archivo General de la Nación.

El problema del saqueo arqueológico no era solo el robo de objetos

Para la arqueología, el daño del saqueo arqueológico en México no se limita a la desaparición de una escultura o una vasija. Cuando una pieza se extrae ilegalmente, también se pierde información sobre el sitio donde fue hallada, los objetos que la acompañaban y el contexto ceremonial o funerario al que pertenecía.

Por eso, especialistas consideran el saqueo arqueológico como uno de los principales enemigos de la arqueología moderna. La destrucción de tumbas, ofrendas y estructuras impide reconstruir aspectos fundamentales de las antiguas civilizaciones mesoamericanas.

En regiones como Colima, Nayarit y Jalisco, por ejemplo, numerosas tumbas de tiro fueron saqueadas durante el siglo XX debido al interés internacional por las esculturas y figuras de cerámica del occidente de México.

Muchas de esas piezas terminaron en colecciones privadas o museos extranjeros, mientras los contextos funerarios originales quedaron destruidos para siempre.

Cómo salieron tantas piezas arqueológicas de México

Durante buena parte del siglo XIX existió una relación ambigua entre los gobiernos mexicanos y algunos investigadores extranjeros.

Aunque desde los primeros años de Independencia comenzaron a emitirse leyes para proteger las antigüedades mexicanas, también hubo periodos en que arqueólogos europeos y estadounidenses obtuvieron permisos oficiales para explorar sitios arqueológicos. En varios casos, los acuerdos permitían dividir los hallazgos entre el Museo Nacional y los investigadores, quienes posteriormente trasladaban piezas fuera del país.

Esto explica por qué hoy existen importantes colecciones de arte prehispánico mexicano en museos de Estados Unidos, Francia, Alemania o Inglaterra.

hoy existen importantes colecciones de arte prehispánico mexicano en museos de Estados Unidos, Francia, Alemania o Inglaterra. Memórica México / Archivo General de la Nación.
hoy existen importantes colecciones de arte prehispánico mexicano en museos de Estados Unidos, Francia, Alemania o Inglaterra. Memórica México / Archivo General de la Nación.

Con el tiempo, México endureció su legislación. En 1827 ya se prohibía la exportación de monumentos y antigüedades mexicanas. Más tarde, durante el porfiriato, surgieron las primeras leyes nacionales de protección arqueológica y finalmente, en 1972, la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos estableció que todos los monumentos arqueológicos son propiedad de la nación, “inalienables e imprescriptibles”.

El mercado internacional alimentó el saqueo arqueológico en México

El auge del coleccionismo también impulsó la extracción ilegal de piezas arqueológicas mexicanas. Durante décadas, esculturas, máscaras, figuras de barro y objetos rituales comenzaron a cotizarse como arte en galerías y subastas internacionales. El problema creció todavía más con internet, donde el comercio ilegal de bienes culturales encontró nuevas formas de circulación.

En muchos casos, las piezas arqueológicas se vendían sin información clara sobre su origen. Otras veces incluso aparecían reproducciones modernas comercializadas como objetos auténticos. Todo esto alimentó un mercado que convirtió objetos sagrados e históricos en mercancías de lujo.

México y la recuperación de su patrimonio arqueológico

En los últimos años, México ha intensificado los esfuerzos para recuperar piezas arqueológicas en el extranjero. A través de embajadas, consulados, la Secretaría de Relaciones Exteriores y el Instituto Nacional de Antropología e Historia, el país ha logrado la restitución de miles de objetos culturales.

Uno de los casos recientes fue la recuperación de un dintel maya procedente de Yaxchilán, Chiapas, devuelto voluntariamente en Nueva York. También han regresado esculturas, urnas funerarias, vasijas y figuras de distintas regiones mesoamericanas que permanecieron durante décadas fuera del país.

Uno de los casos recientes fue la recuperación de un dintel maya procedente de Yaxchilán, Chiapas, devuelto voluntariamente en Nueva York. SRE.
Uno de los casos recientes fue la recuperación de un dintel maya procedente de Yaxchilán, Chiapas, devuelto voluntariamente en Nueva York. SRE.

Estas restituciones no solo representan el regreso físico de los objetos. También forman parte de una discusión global sobre memoria histórica, patrimonio cultural y reparación frente al saqueo arqueológico.

Memoria cultural de México

Las piezas arqueológicas mexicanas no son únicamente obras artísticas. Cada una contiene información sobre las civilizaciones que habitaron el territorio antes de la llegada de los europeos: sus rituales, formas de gobierno, creencias, comercio y vida cotidiana.

Por eso, el debate sobre su permanencia en museos extranjeros sigue abierto. Mientras algunas instituciones argumentan que las piezas forman parte del patrimonio universal, otros sostienen que fueron extraídas en contextos desiguales y deben regresar a sus lugares de origen.

En México, esa discusión también toca un tema más profundo: la defensa de la memoria cultural de uno de los territorios con mayor riqueza arqueológica del mundo.

Conoce aquí el dintel maya que volvió a México tras ser recuperado en Nueva York

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