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Tula, la famosa ciudad de Quetzalcóatl

Fray Bernardino de Sahagún nos habla de Tula, ciudad cercana al cerro Xicuco, de ahí el nombre de Tula Xicocotitlan.

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La casa u oratorio del dicho Quetzalcóatl estaba en medio de un río grande que pasa por allí, por el pueblo de Tulla, y allí tenía su lavatorio el dicho Quetzalcóatl, y le llamaban Chalchihuapan. Allí hay muchas casas edificadas debajo de tierra, donde dejaron muchas cosas enterradas los dichos toltecas, y no solamente en el pueblo de Tullan, y Xicocotitlan, se han hallado las cosas tan curiosas y primas que dejaron hechas, así de edificios viejos como de otras cosas. Recorrer los vestigios descubiertos a lo largo de muchos años nos da una idea de lo que fuera la capital de los toltecas.

El espacio sagrado

Recordemos que Tula tuvo sus inicios en el área de Tula Chico, donde se ha localizado material de tipo Coyotlatelco que data de los años 700-900 d.C. Aquí descubriremos la ocupación posterior (900-1165 d.C.) que tuvo como centro una gran plaza rodeada de edificios, de los cuales el más importante es el que los arqueólogos conocen como Edificio A, ubicado al oriente de la plaza. La fachada principal del edificio mira hacia el poniente y presenta una desviación de 17º hacia el noroeste. Como se ve, el monumento guarda la misma orientación de otros edificios considerados como el centro del universo por las sociedades que los crearon. Tales fueron los casos de la Pirámide del Sol o del Templo de Quetzalcóatl, en Teotihuacan, y del Templo Mayor en Tenochtitlan.

El siguiente conjunto que atrae nuestra atención es el Edificio B o de los Atlantes, que junto con el Palacio Quemado limitan la plaza por su lado norte. El Edificio B estuvo dedicado al dios Tlahuizcalpantecuhtli. Su fachada principal da hacia el sur, y los diversos cuerpos que lo componen estuvieron revestidos por lápidas con imágenes de felinos y coyotes en procesión. Las figuras de aves –quizás águilas y zopilotes devorando corazones– se alternan con efigies del dios al que está dedicado el edificio, representado por un rostro que emerge de las fauces de lo que al parecer es un felino de grandes garras, aunque el personaje tiene lengua bífida. La escalinata conduce a la parte alta del templo, donde vemos las esculturas de los atlantes, enormes figuras de guerreros que llevan un pectoral en forma de mariposa; en una mano portan un átlatl o lanzadardos, y en la otra un elemento curvo. Estos atlantes servían para sostener el techo del adoratorio, por lo que no estaban a la vista pública, al igual que las columnas en forma de serpientes que servían de entrada al aposento; son similares a los encontrados en el Templo de los Guerreros, en Chichén Itzá, ciudad que muestra un enorme parecido con Tula.

Otro elemento importante lo constituye el llamado Coatepantli, o muro de serpientes, que en su parte alta y por sus dos lados muestra relieves en piedra de serpientes y personajes semidescarnados. El muro está coronado por almenas en forma de caracol cortado y se cree que funcionaba como delimitador o guardián del edificio al que rodeaba.

Este edificio se asienta sobre una enorme plataforma con pilares. Al poniente de él vemos un conjunto de tres salas con columnas y pilares al que se conoce como Palacio Quemado. Alrededor de cada una de las salas corren banquetas en las que aún se observan procesiones de guerreros esculpidos en piedra. En el centro de cada conjunto hay un patio que permitía el paso de la luz. No se conoce con exactitud la función de estas tres salas, aunque es posible que sirvieran para actos rituales o que tuviesen una función administrativa, pero no habitacional.

Por el lado poniente, la plaza se cierra con un enorme juego de pelota orientado de norte a sur. El interior de la cancha mide alrededor de 114 metros de largo y claramente se advierten por lo menos dos etapas constructivas. La más antigua, poco excavada, presenta un cuerpo en talud que corresponde al momento de esplendor de la ciudad, mientras que la siguiente está formada por piedras irregulares y posiblemente pertenece a la ocupación posterior de la ciudad por los aztecas, pues en uno de sus extremos se encontró cerámica de esta cultura. En la fachada que da al interior de la Gran Plaza se excavó un edificio alto, equivalente al Templo de los Tigres en el Juego de Pelota de Chichén Itzá, aunque colocado hacia el lado norte. Asimismo, se localizó un aposento al que se accede desde la plaza por una escalinata; tiene piso de estuco y al fondo se ve un altar remetido que en su parte frontal muestra una serie de círculos rojos. Dos pilares servían para sostener el techo del aposento, el cual, por formar parte del juego de pelota, no sería raro que se utilizara para realizar ceremonias relacionadas con el mismo. El juego tiene una enorme escalinata que corre de norte a sur en su fachada poniente, y seguramente servía para subir a lo alto del juego.

Para mayor similitud con el Juego de Pelota de Chichén Itzá, ambos cierran las plazas por el lado poniente y guardan la misma orientación norte-sur, además son las canchas más grandes excavadas en Mesoamérica. Los extremos o cabezales son menos elevados que todo el conjunto y ambos tienen adoratorios. Es innegable la similitud de ambos conjuntos, aunque el de Chichén Itzá tiene mejores acabados que el de Tula.

La importancia de estas estructuras es ampliamente conocida. Sin embargo, vale la pena recordar que en ellas se practicaba el juego de pelota, que era una representación de la lucha entre el día y la noche, entre Tezcatlipoca y Quetzalcóatl, entre los poderes diurnos y nocturnos. Se ha llegado a pensar que en las canchas grandes se realizaban ceremonias y que en ellas jugaban los dioses, en tanto que en las de menor tamaño se practicaba el juego de los hombres.

Ya que hacemos mención de esto, recordemos que detrás del Edificio de los Atlantes, hacia el norte, se encuentra un juego de menor tamaño –el interior de la cancha tiene alrededor de 68 metros de largo– con la típica forma de doble T. A diferencia del otro juego, se orienta de este a oeste. En su plataforma sur se encontró la escultura de un felino sentado con un collar y una perforación en el lomo, por lo que quizá fue utilizado como porta estandarte.

También fue posible detectar la presencia de otro juego hacia la parte posterior del Edificio A.

Volvamos nuevamente al interior de la Gran Plaza de Tula, pues en ella se encuentra otra estructura importante. Se trata del tzompantli o plataforma donde se ponían unas varas de madera en las que se ensartaban los cráneos de los sacrificados. Cuando se excavó se observó que no tenía gran altura y que en su parte superior había un buen número de huesos, principalmente de cráneos. Su escalinata mira hacia el oriente y cerca de ella se descubrió una pequeña caja de piedra que contenía un cuchillo o navajón. Hay una estrecha relación entre juego de pelota, tzompantli y decapitación, por lo que no es de extrañar que esta estructura se ubique cerca del gran juego de pelota.

Otro edificio interesante es el que se localiza en medio de la plaza. Se trata del altar central que mide 8.5 metros por lado, con una pequeña escalinata en cada uno de sus cuatro lados. Fragmentos de un Chac Mool se encontraron asociados al altar.

También debemos mencionar los vestigios, muy deteriorados, en el lado suroeste de la plaza, de lo que podría ser otro adoratorio.

La Gran Plaza se cierra al sur con una plataforma, en cuyo extremo oriente al parecer estaba uno de los accesos a ella. Un enorme muro que ve al sur debió dar una sensación de grandeza, pues el terreno en esta parte desciende considerablemente. Si tomamos en cuenta que por el poniente corre el río Tula, la ciudad adquiría un carácter estratégico impresionante.

Otro edificio digno de mención es El Corral. Se localiza al norte de la ciudad, cerca de Tula Chico y consta de una estructura de dos cuerpos superpuestos, de planta circular, con una plataforma rectangular al frente, y cuya escalinata ve hacia el oriente. Un pequeño altar adornado con cráneos y huesos entrecruzados se ubica en la fachada principal del edificio. Varios entierros se descubrieron frente a la escalera. De este lugar procede la figura de un animal fantástico recubierto de conchas, que se exhibe actualmente en el Museo Nacional de Antropología.

La ciudad de Tula

Ya hemos hecho referencia al espacio sagrado de Tula. Ahora vamos a hablar de la distribución de la ciudad.

Diversos estudios han permitido conocer algo sobre este tema. La población de Tula se ha calculado en 40-60 mil habitantes, y la extensión de la ciudad debió de tener aproximadamente de 6 a 8 kilómetros cuadrados. No se han detectado grandes avenidas, como en Teotihuacan, y por su extensión fue mucho más pequeña que la Ciudad de los Dioses. Los conjuntos habitacionales excavados han permitido observar su distribución interna, y así sabemos que había patios con habitaciones y pasillos y un área de carácter religioso. Los conjuntos se extienden notoriamente hacia el norte de la gran plaza y al este, ocupando las laderas que descienden hasta el río. También se han encontrado concentraciones de obsidiana que podrían indicar la presencia de talleres. Si bien la mayoría de la población pudo ocupar estos conjuntos, construidos con piedra de la región, adobes y otros materiales, en las fuentes históricas se habla de la presencia de palacios que habitaban los gobernantes. Así, leemos en Sahagún, cuando se refiere al Templo de Quetzalcóatl, que contaba con cuatro aposentos:

el uno estaba hacia el oriente, y era de oro… el otro aposento estaba hacia el poniente, y a éste le llamaban aposento de esmeraldas y de turquesas… el otro aposento estaba hacia el mediodía, que llaman sur, el cual era de diversas conchas mariscas… el cuarto aposento estaba hacia el norte, y este aposento era de piedra colorada y jaspes y conchas muy adornado.

Las palabras anteriores no dejan de ser interesantes, pues bien sabemos que las sociedades mesoamericanas estaban profundamente estratificadas socialmente, lo que se manifestaba, entre otras cosas, en el tipo de habitación…

Fuente: Pasajes de la Historia No. 6 Quetzalcóatl y su época/ noviembre 2002

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