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Cerro de las Minas, una antigua comunidad mixteca

Por: Luis Rodrigo

Cerro de las Minas, antigua comunidad mixteca, contiene varios asentamientos caracterizados por una gran riqueza de elementos culturales.

El sitio arqueológico conocido como Cerro de las Minas, actualmente en proceso de exploración, está ubicado sobre una loma desde la que se domina la población de Huajuapan de León, Oaxaca, y tiene una gran importancia dentro de las culturas de la Mixteca Baja por su estratégica posición en un cruce de caminos y porque fue uno de los primeros asentamientos que se desarrolló de manera evolutiva desde aldea hasta llegar a ser una pequeña ciudad.

Desde el punto de vista arqueológico, la región donde se asienta este sitio ha sido denominada (a inicial sugerencia del doctor John Paddock, importante estudioso del Oaxaca prehispánico) Nuiñe, vocablo que en lengua mixteca significa “tierra bajo o caliente”. Aunque ha sido muy poco estudiada, esta región contiene varios asentamientos que se caracterizan por una gran riqueza de elementos culturales (entre otros el esculpido glífico en barro y piedra), algunos de los cuales están fuertemente relacionados con el sitio que nos ocupa. Tal es, por ejemplo, el caso de Santa Teresa, lugar arqueológico ubicado en la jurisdicción municipal de Asunción Cuyotepeji, en el mismo distrito del mismo nombre.

Uniendo las superficies ceremoniales y habitacionales de Cerro de las Minas, la zona tiene una extensión aproximada de 50 ha en las que están incluidas las laderas y la parte superior del cerro que lleva su nombre. Al oriente, y a corta distancia, está el valle de Huajuapan, que debió ser el soporte económico y agrícola de la población del sitio, porque el río que atraviesa ese lugar permite que varias decenas de hectáreas de terrenos tengan agua todo el año. Como prueba de esta teoría podemos decir que en las excavaciones realizadas recientemente por un equipo jefaturado por el doctor Marcus Winter del INAH, se han encontrado olotes carbonizados y semillas tostadas de varias plantas alimenticias.

En la parte ceremonial-habitacional de la zona, residencia de la población de alto nivel socioeconómico, hay tres grandes montículos de alrededor de 8 m de altura y 40 m de diámetro, colocados casi en línea y separados entre sí por unas plataformas grandes y abiertas, cuya extensión es de casi 180 m lineales. Asimismo, entre los restos de esta antigua comunidad mixteca se encuentra un juego de pelota de aproximadamente 60 m de longitud entre cabezales y 15 de ancho.

Existe también una plaza entre los edificios situados más al sur, en la que se encontró una tumba colectiva designada con el número cinco, que contenía una gran cantidad de cerámica de tipo mixteco incipiente y una notable urna policromada de estilo francamente regional que representa al dios viejo o del fuego, el cual, con su brasero en la cabeza, se sienta sobre una plataforma decorada con lo que parecen ser cuatro glifos del lugar. Esta pieza, que ahora puede ser admirada en el Museo de Oaxaca, muy posiblemente está relacionada con algún punto geográfico, pero todavía no se sabe cuál es.

Debido a su antigüedad como aldea y a su proyección hacia ciudad, la zona ha sido arqueológicamente inscrita en dos fases. La primera fue llamada Ñudee (nombre mixteco de Huajuapan que significa “lugar de valientes”), y se desarrolló entre los años 400 a.C. y 250 de nuestra Era, y la segunda llamada Nuiñe, abarca el periodo llamado de las Ciudades-Estado y va del 250 hasta el 800 d.C. En ambas fases pueden verse características culturales presentes también en otros lugares de la Mixteca y de Mesoamérica, lo cual es una prueba del substrato cultural que unió a varias regiones en esas respectivas épocas.

La zona de Cerro de las Minas contiene áreas habitacionales extensas construidas con cimientos de piedra y paredes de adobe o con alternancias de grandes piedras irregulares con lajas. Es interesante hacer notar que en los edificios situados en posiciones dominantes se encontraron además entierros humanos primarios y flexionados, o bien entierros secundarios (desarticulados) en pequeñas fosas, que pueden ser un antecedente d ella costumbre posterior de enterrar a los señores importantes en lugares altos y en posiciones preferentes, y son una prueba de la continuidad de la ocupación mixteca.

Durante el desarrollo cultural del área, esta población debió ser lugar de paso en una de las rutas comerciales que desde la Cuenca de México, y principalmente desde Teotihuacan, se dirigían a los valles centrales de Oaxaca, al valle de Tehuacán y a los valles intermontanos de la Sierra Madre del Sur, las cuales eran recorridas en ambas direcciones por los comerciantes transportando obsidiana, pedernal, cerámica, textiles, metales, sal, maderas, carbón, plantas, frutas y elementos indispensables para la realización de ciertas ceremonias, entre ellos el copal y otras resinas. Así pues, esta aldea-ciudad fue seguramente un punto de paso importante.

Hacia el año 800 después de Cristo el sitio declinó, posiblemente como resultado de su sumisión a uno de los señoríos importantes de ubicación próxima, y no fue sino hasta poco después de la Conquista que el asentamiento humano de Huajuapan comenzó su nuevo desarrollo, ahora ya con traza española y en las proximidades del río. En esta etapa colonizadora el registro histórico señala que después de 1525 el valle fue adjudicado en encomienda a un español apellidado Ruiz. Sin embargo, hoy en día Huajuapan, a pesar del mestizaje guarda en su espíritu una rica herencia cultural prehispánica.

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