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Coyoacán, barrio de mis amores, Distrito Federal

  • Coyoacán, barrio de mis amores, Distrito Federal
  • La Plaza Hidalgo y Centenario en Coyoacán
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Por: Enrique Salazar H

En el barrio de Coyoacán, al sur de la Ciudad de México, existen diferentes centros culturales donde se puede escuchar música, disfrutar de una exposición de arte, ver obras de teatro o asistir a talleres literarios.

UN POCO DE HISTORIA EN TORNO A COYOACÁN

Coyoacán, al igual que otros antiguos pueblos aledaños a la entonces pequeña Ciudad de México de principios de siglo (como lo fueron Tacuba, Tacubaya, la Villa de Guadalupe, Tlalpan, Mixcoac, San Ángel, Xoco, Romita o Tlacoquemécatl, y los más cercanos como Los Reyes, La Candelaria, San Antonio Coapa, Santa Úrsula y Xotepingo), fueron perdiendo sus fértiles parcelas mediante una sistemática y desorganizada urbanización, para así unirse a la gran metrópoli que los ha devorado. Lo mismo ha sucedido con los pequeños y pintorescos barrios coyoacanenses, otrora separados por sus productivas huertas y amplios maizales.

Cada uno de los ocho barrios que conforman Coyoacán tiene importantes templos construidos durante la época colonial, donde todos los años el día del santo patrono se celebran fastuosas fiestas pletóricas de ceremonias religiosas, procesiones, música, danzas, juegos mecánicos, fuegos piroténicos y la indispensable vendimia. Estos encantadores barrios, actualmente unidos por quebradas calles y angostos callejones, son poseedores de interesantes historias y fabulosas leyendas.

COYOACÁN Y SUS OCHO BARRIOS

Podríamos imaginar cómo lucían hace menos de un siglo estos peculiares barrios de Coyoacán. Empecemos por el barrio de la Concepción con su pequeña plaza de La Conchita y su churrigueresca y bella capilla, vigilada celosamente muy de cerca por la célebre Casa de La Malinche, entre abundantes y límpidos riachuelos nacientes del manantial de Los Camilos, con sus animados lavaderos de ropa, sitio donde proliferaban los ahuehuetes.

Los barrios de San Lucas y San Mateo, surcados por serpenteantes y cantarinos arroyuelos, con sus tupidos maizales y amplios llanos para la cría de ganado. El de Santa Catarina con su templo dedicado a Santa Catarina Mártir y su pequeña plaza rodeada -como hasta ahora- de conventos y de grandes mansiones. Los de El Niño Jesús y San Francisco con sus tortuosas callejuelas, montados sobre el negro pedregal -ardiente erupción del Xitle- actualmente separados del centro de Coyoacán por la avenida Miguel A. de Quevedo, donde lucen las desnudas, provocativas y bañadas esculturas de Gabriel Ponzanelli.

El pequeño y recóndito barrio de San Antonio con su pequeña y misteriosa capilla de San Antonio Panzacola que perteneció a los frailes carmelitas, situada junto al pintoresco puente de piedra sobre el río Magdalena. Por último, en Coyoacán destaca también el barrio de Churubusco con su histórico Convento de los Dieguinos, al que llegaba la importante calzada de Iztapalapa. Antes de la época colonial este lugar era una pequeña isla que los indígenas llamaron Teopanzolco, punto donde se juntaban la Laguna de México y el Lago de Xochimilco.

Muchos de estos barrios de Coyoacán están unidos por la antigua Calle Real, llamada después Santa Catarina, posteriormente Benito Juárez y ahora Francisco Sosa; la que empieza en el puente de Panzacola y termina en la actual plaza Hidalgo. Por largo tiempo fue recorrida por un tranvía que comunicaba al barrio de San Ángel con el de Churubusco; el cual era arrastrado primero por mulas y más tarde impulsado eléctricamente. Otra calle principal que une otros barrios coyoacanenses es la de La Higuera, que comunica la plaza Hidalgo con la plaza de La Conchita.

 

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