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Desierto, bosque y otras maravillas de Galeana, Nuevo León

Por: Homero Adame Mart

Oriental aún guarda muchos secretos por descubrir, así como rincones de belleza única, pues no hay sitio que se le parezca. A primera vista, Galeana no parece tener más atractivo que su silenciosa plaza, su restaurada capilla y sus frondosos nogales; sin embargo, si el visitante es bueno, preguntará por ahí...

Oriental aún guarda muchos secretos por descubrir, así como rincones de belleza única, pues no hay sitio que se le parezca. A primera vista, Galeana no parece tener más atractivo que su silenciosa plaza, su restaurada capilla y sus frondosos nogales; sin embargo, si el visitante es bueno, preguntará por ahí...

Llegamos a Galeana, otra puerta del Altiplano mexicano, tierra accidentada, erosionada pero agrícola gracias a la tenacidad de sus habitantes. Pequeña ciudad serrana, de gente seria y franca; gente que ha aprendido a vivir con lo extremoso del clima: veranos largos, secos y calientes, con noches frías e inviernos cortos pero extenuantes, fríos y secos, con noches de heladas y ventarrones que calan hasta los huesos.

La ciudad de Galeana es cabecera del municipio de mayor extensión territorial del estado de Nuevo León. Fue fundada por Fernando Sánchez de Zamora, habiéndose erigido en villa el 27 de abril de 1829, y en ciudad el 28 de diciembre de 1877, en honor de los insurgentes hermanos Galeana. Éste fue también el lugar de nacimiento del general republicano Mariano Escobedo y en su plaza se encuentra el templo de San Pedro Apóstol, construido en el siglo XVIII, siendo una de las joyas de la ciudad.

PUENTE DE DIOS


Una vez que obtenemos información, tomamos una terracería hasta Rayones. Manejamos siete kilómetros y encontramos una bifurcación de caminos; siguiendo el de la derecha, un kilómetro más adelante se llega al Puente de Dios (hay que tener cuidado para no pasarlo sin darnos cuenta).

El arco de Puente de Dios es maravilloso (15 m de altura por 30 de ancho), paredes verticales y altísimas, y profundos precipicios.

Después de una caminata cuesta abajo, el río invita a un chapuzón. El agua es fría, lo mismo que el fuerte viento, el cual sólo parece soplar ahí. Quisiéramos permanecer aquí por una eternidad; sin embargo, aún falta por conocer muchos otros atractivos de la región.

LAGUNA DE LABRADORES

Luego de un corto trayecto de unos cinco kilómetros arribamos a una pequeña pero hermosa laguna conocida como “de Labradores”, paraje turístico rico en leyendas.

Vemos unas cuantas casitas, tiendas y varios autos estacionados a un lado del camino. Jóvenes, niños y adultos se divierten: unos platican, otros corretean y no pocos se alistan para la pesca desde la ribera o en lancha.

El día ha sido cálido y nos merecemos un refresco. En una de las tiendas platicamos con don Rodolfo Díaz Delgado, dueño del changarro y persona acostumbrada al turista, por lo tanto bueno para conversar. Nos dice que la carpa y la trucha arco iris, así como bagre, mojarra y robaleta son las especies que ahí se capturan. Según nos cuenta, la mejor temporada es durante las vacaciones veraniegas y se organizan bailes y torneos informales.

La laguna no es muy grande y es posible rodearla a pie, en lancha o en automóvil, pero al parecer es muy honda. Se le ha calculado una profundidad de 200 a 300 m. Científicos mexicanos, alemanes y americanos han hecho estudios y, según sus conclusiones, la laguna se formó por fallas en el subsuelo. Hay quienes afirman que la laguna está conectada por corrientes submarinas con el conocido pozo del Gavilán.

Al otro extremo de la laguna encontramos el Pozo Verde, una especie de cenote o dolina, que teniendo el mismo nivel de agua se halla dividido de la laguna por una pequeña franja de tierra, la cual, seguramente, en un futuro no muy lejano sucumbirá, para así extenderse un poco más la extensión lacustre.

POZO DEL GAVILÁN


Don Rodolfo se ofrece a guiarnos al famoso pozo del Gavilán, otra especie de cenote que tiene unos 80 m de hondura y alrededor de 120 m de radio.

Se encuentra a escasos dos kilómetros en línea recta de la laguna y se accede a él caminando o en auto. Quien no conoce el área difícilmente lo encontrará porque en ese palmo de tierra plana de súbito se abre la oquedad de vértigo, además de que no hay señalamientos.

“Contaba mi abuelo Leandro Díaz que hace muchísimos años aquí era tierra de labranza y no existía este pozo. Pero el dueño de estos terrenos pasó tantas veces su trilladora, de esas antiguas con yunta, que sin darse cuenta fue abriendo el pozo hasta que un día la yunta se fue pa’bajo, y luego con los años el pozo se fue haciendo más grande” –nos relata con seriedad don Rodolfo.

A dicho lugar llegan muchas personas de varias partes a practicar la bajada a sótanos para posteriormente aventurarse en sitios con mayor grado de dificultad. Este es el pozo que, según se dice, conecta con la laguna, pues hay quienes afirman que en ocasiones se han caído animales aquí y a los pocos días aparecen flotando en las tranquilas aguas de más abajo.

CERRO EL POTOSÍ


El Potosí es considerado el pico de mayor altitud (3 721 msnm) en el noreste mexicano. Sobresale de tal modo que se puede apreciar desde muchos kilómetros de distancia en la carretera central.

El camino empedrado de unos 40 km a la cima es bueno, pero no recomendable para autos chicos. Conforme subimos se abren nuevos horizontes y maravillosas vistas panorámicas hacia cualquier punto cardinal. El viento generalmente es fuerte y frío, por lo que es conveniente ir preparados.

Estamos en un paraje alpino, en el techo del noreste de México, con grandes pinos de diversas especies y un aire lleno de pureza. A la distancia vemos la aridez de las tierras de Galeana. ¡Qué contraste! Pero la belleza del bosque se ve turbada por grandes claros donde los árboles han sido cortados indiscriminadamente, además de algunos espacios que han sido abiertos por los fuegos forestales.

En la cima de El Potosí uno se siente en un mundo distinto; es el viento, es el frío, es la soledad lo que nos hace sentir tan alejados de nuestras rutinas. Sin embargo, no todo es belleza, la ironía del mundo moderno nos vuelve a la realidad. Siempre habrá visitantes que gustan de dejar el recuerdo de su estancia: latas, botellas, bolsas y papeles.

Es hora de emprender el camino de regreso. Ya de noche Galeana es bullicio, gran contraste con la serenidad del día. La gente ha salido a la plaza para encontrarse con sus amigos o simplemente caminar alrededor. Así es el sabor de la vida provinciana.

Nosotros, como visitantes, hemos visto muchas cosas en pocas horas. No cabe duda de que en esta región hay todavía muchas maravillas por descubrir. En tanto, los lugareños siguen viviendo a su apacible ritmo.

SI USTED VA A GALEANA


Saliendo de Monterrey tome la autopista núm. 85 hasta Linares. Siga por la carretera federal núm. 31, pasará por el pueblo de Iturbide. Media hora después divisará el majestuoso cerro del Potosí, que le anuncia su llegada a Galeana, que está a 1 654 metros de altura.

En Galeana hay un pequeño hotel, algunos restaurantes de comida regional, una gasolinería, tiendas, servicios médicos y servicio de autobuses a Matehuala y Linares.

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