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El papel de la tierra en el tiempo

Por: Beatriz M. Oliver Vega

Los pueblos, a través de la historia, han desarrollado diversos métodos para fabricar papel, empleando los materiales que su entorno les proporciona. China lo produjo a partir del arroz, Egipto del papiro y México del maguey y de diversos ficus.

Encontramos referencias del material en los Anales de Cuauhtitlán. Cuenta la tradición que los dioses se reunieron en Teotihuacan, pues el Cuarto Sol había dejado de existir y todo era oscuridad. Se ofrecieron para el sacrificio Tecuciztecatl, dios noble y opulento, ataviado con ricas prendas y adornos, en tanto que Nanoatzin, dios pobre, enfermo y viejo, se vistió con un maxtlatl y una estola de papel. El primero se acobardó al momento de arrojarse a la hoguera, por lo que la decisión de Nanoatzin se vio correspondida con el nacimiento de Nahui Ollin-Cuatro Movimientos-, en el año 13 Acatl (751 d.C), un sol resplandeciente. 

Durante la hegemonía mexica, sacerdotes, curanderos y adivinos consideraban que Oxomoco y Cipactonal, quienes eran sus dioses titulares, inventaron el libro donde se encontraba la enseñanza de las profecías, el modo de arrojar los granos para predecir el futuro. Los dioses eran manufacturados de madera y de masa de maíz mezclada con huautli y los vestían con papel. Las deidades del agua, los montes y la vegetación portaban sus propias insignias, destacando el abanico de papel colocado en la nuca. El blanco era símbolo de la diosa Iztaccihuatl, el rojo de Chicomecoatl y el azul de Chalchihuitlicue diosa del agua. En honor de las chihuapipiltin los naturales ataviaban a las imágenes de las diosas con papeles decorados y efectuaban una ceremonia. 

Cada una de las veintenas en las que se dividía el año prehispánico estaba dedicada a un dios. En la veintena tepeihuitl, realizaban una fiesta en honor de los montes más elevados, donde habitaban los dioses del agua y se formaban las nubes. En ese mes eran sacrificados un hombre y cuatro mujeres ataviados con papel goteado con ulli y pintado de rojo, azul o negro, según el monte al que se aludiera. La veintena dedicada a Xiuhtecuhtli -dios del fuego- los sacerdotes adornaban la escultura con papel y plumas ricas; los mercaderes le presentaban olorosas resinas, papel, codornices e invitaban a comer a sus vecinos; los macehuales le brindaban polvo de copal, los muy pobres le ofrendaban una hierba llamada yautli. Durante las fiestas se consumían enormes cantidades de hojas de papel. 

En las ceremonias relacionadas con la muerte, a quienes morían al ser tocados por un rayo, se les vestía con papel; los deudos le colocaban en la frente semillas de amaranto y en las manos una vara que debía reverdecer en el Tlallocan, paraíso de Tláloc. Cuando fallecía un tlatoani, los nobles marchaban llevando un estandarte de amate y sus armas reales; el cadáver era adornado con papel y plumas, sobre la cara una máscara: decorada con turquesas. Mientras resonaban los cantos fúnebres, las llamas consumían el cuerpo. Los personajes importantes eran ¡ ataviados con hermosos ropajes para más tarde colocarlos, con las rodillas dobladas cerca del mentón y por medio de sogas se le mantenía en esta posición. Junto al difunto se acomodaban seis pedazos de "papel de la tierra"; le servían al ánima para pasar entre dos grandes cerros que chocaban entre sí, impidiéndole la entrada, para cruzar un peligroso camino custodiado por una enorme serpiente, para ofrendar al monstruo de la tierra y los restantes para conducirlo a su destino.   

El papel en la época colonial   

Con la conquista y colonización europea, los artículos suntuarios desaparecen y se prohíbe el uso del papel, al igual que los ritos y ceremonias donde era empleado. A pesar de las múltiples prohibiciones en la Colonia, se continuó manufacturando y usando "el papel de la tierra", en las ceremonias agrícolas y curativas, donde se empleaba dentro del más riguroso secreto.  En el año de 1569, fray Diego de Mendoza observó que los indígenas llevaban a las lagunas del Nevado de Toluca ofrendas de papel, copal y petates, pues continuaban teniendo por dioses a los montes más altos y a las deidades del agua, a los cuales les ofrecían sacrificios.  Los artesanos y aun los sacerdotes hicieron uso del papel para elaborar objetos sacros, este material, junto con la caña de maíz, sirvió para manufacturar los “cristos de caña”, algunos de ellos fueron llevados a España y otros han llegado hasta nuestros días como el Cristo del Museo de las Intervenciones.   

El Papel amate en el presente     

Hay varias comunidades que lo elaboran, de ellas se distingue por su volumen y comercialización el pueblo ñhä-nhü de San Pablito Pahuatlán, Puebla, asentado en las laderas del Cerro del Brujo, sus habitantes trabajan en la elaboración del papel. Las especies para la manufactura de esta materia prima son: los amates (Ficus padifolia y Ficus petiolaris) conocidos por el nombre nahuatl de xalamatl; los morales (Morus celtidifolia); los limoneros (Citrus aurantifolia); y los jonotes (Heliocarpus Donnell-Smithii Rose) o chichicaztles; actualmente los artesanos, debido al agotamiento de estas especies, experimentan con otras.  Los sanpableños continúan con sus tradiciones. Su religión es una interpretación de la católica y mesoamericana, al mismo tiempo que veneran a San Pablo y la Virgen de Guadalupe, continúan honrando y ofrendando al Señor del Monte, al Sol y la Luna, a las deidades del agua, el fuego y la tierra, a los espíritus de las semillas y a los seres malignos. Para esta etnia, todo tiene vida propia: cerros, barrancas, manantiales y ojos de agua.

Las deidades del agua tienen un lugar prominente dentro de su panteón. Debido a las presiones religiosas a lo largo de la historia, los secretos de manufactura y uso del papel fueron celosamente guardados por el badi del lugar; en la década de los años setenta, a causa de la política gubernamental, su producción se incrementó y a partir de entonces se le dieron otros aprovechamientos. Al aumentar la fabricación, los sanpableños abandonaron actividades económicas como la manufactura de cerámica, el tejido de fajas, enredos, quechquemes en curva y servilletas de confitillo en telar de cintura. Debido a la deforestación de la zona, la materia prima se lleva de Veracruz, o bien se compra a los amateros; en casa, la fibra se deposita junto con cal o ceniza en grandes peroles de cobre que se llenan de agua y luego se cocina durante seis horas, tiempo necesario para que el material se ablande y maneje fácilmente. El artesano inicia la preparación de una hoja enjabonando una tabla y coloca las fibras formando una cuadrícula que va golpeando poco a poco con un machacador o muinto de forma prismática. Al ser golpeadas

rítmicamente, las fibras se van uniendo entre sí formando la hoja. Los largos filamentos crean caprichosas figuras de diferentes tonalidades que van desde el beige hasta el café oscuro. Sólo de los árboles muy jóvenes se obtiene un material casi transparente.

El papel amate que se emplea en ceremonias propiciatorias llamadas "El Costumbre" es de dimensiones pequeñas, de color blanco o café oscuro. Las ceremonias se dividen en comunales e individuales; las primeras se realizan para ofrendar a las deidades en bien de toda la población; las individuales se llevan a cabo en beneficio de una sola persona y se efectúan en lugares sagrados como cuevas, barrancas, bosques, ríos, manantiales y camposantos, es decir en sitios "que siguen siendo los puntos claves de poder". Los lugares sagrados de los otomíes son únicos, no sólo por su conformación física y geológica, sino porque de acuerdo con su mitología, en ellos residen seres capaces de influir en la vida de todo san pableño. 

Cuando un individuo se siente mal, recurre al badi del lugar, personaje importante dentro de la comunidad, puesto que la dimensión espiritual de la curación es de extrema importancia; a menudo debe rescatar al- mas perdidas y facilitar la purificación espiritual de quien ha violado las normas sociales; interpretan sueños, visiones y subrayan la importancia del crecimiento espiritual como objetivo personal en la vida El badi es el mediador entre los hombres y los dioses y le indica al paciente los elementos que deberá llevar para realizar el rito como son comida, refino, tabaco y un pollo o un guajolote, para ofrendar a la "Madre Tierra"; más tarde se dedicará a recortar figuras antropomorfas y zoomorfas en papel oscuro o blanco, Con el primero manufactura "espíritus malignos" o duales como son la Señora Arco iris o el Señor Relámpago; con el segundo "espíritus buenos" que representan a las semillas de los vegetales comestibles, a las abejas, al Señor del Monte, Pajarito del Monte, Águila bicéfala, al saki de León y de los hombres y mujeres que no hacen daño a sus semejantes, así como "puertas", las cuales constituyen propiamente una abertura a otros planos que aseguran la comunicación con los dioses. Algunos espíritus son conceptuados en su dualidad sexual, como por ejemplo, la parte femenina del agua es la Sirenita, en tanto que el Señor del Trueno es la parte masculina. A esta deidad femenina acostumbran venerarla en arroyos, manantiales y lagunas. Dentro de la cosmogonía ñhä-nhü, el Señor del Monte es la deidad más importante y a través de su mensajero Pajarito del Monte envía salud a quienes le han ofrendado y enfermedad o muerte a quienes no lo recuerdan con respeto.   

En la comunidad, el propósito de "El Costumbre de antigua" es crear el diálogo con los espíritus que pueblan el universo otomiano, lo que se logra por medio de ritos, entre los que destaca la quema de incienso, el cual abre la comunicación entre hombres y espíritus; una vez establecida, se hace la petición por medio de la ofrenda, cerrando el ruego nuevamente con el sahumado. La ceremonia se lleva a cabo en etapas determinadas del ciclo agrícola para mantener la fertilidad de la "Madre Tierra" mediante un ciclo de intercambios entre los hombres y los dioses, así como para proteger a la comunidad de los peligros que la acechan. De éstas, la más importante es la que se lleva a efecto el primer día de enero, ya que el Año Nuevo es una reactualización de la cosmogonía, implica la reanudación del Tiempo en su comienzo, es decir, la restauración del tiempo primordial, del Tiempo "puro" del que existía en el momento de la Creación.

Esta festividad la llevan también a cabo los nahuas de la Sierra Norte de Puebla y ambos grupos la realizan en cuevas, ahí los chamanes levantan el altar en el que van acumulando las ofrendas. Entre ellas se encuentran las figuras recortadas de papel, es decir, los espíritus de las semillas que representan las plantas que la comunidad cultiva, así como de los dioses y espíritus buenos o malos; a un lado del altar se colocan los bastones y las máscaras ceremoniales, en tanto que al pie del mismo van los alimentos que consisten en cazuelas con mole, jícaras con tortillas pequeñas, atole agrio y cenizas, estas últimas símbolo del fuego. Los chamanes de la población se alinean frente al altar; el de mayor poder y experiencia sahuma a las figuras de los espíritus mientras musita distintas oraciones; otro chamán al mismo tiempo que reza, con un ramo de flores en una de sus manos, inicia la "limpia" de los asistentes, en tanto que los músicos ejecutan gran diversidad de sones. 

Para los ñhä-nhü existen dos tipos de enfermedades, las buenas y las malas; las primeras se curan con hierbas, remedios caseros o con medicamentos recetados por el profesional egresado de la escuela de medicina. Las segundas afectan al espíritu y son causadas por las distintas entidades que pueblan el universo ñha-nhü y sólo pueden ser curadas por medio de ceremonias por el chamán. Su mundo simbólico revela ciertos rasgos de su realidad, ya que las imágenes, los símbolos y los mitos responden a una necesidad y llenan una función. "Sus sueños, ensueños", son otras tantas fuerzas que proyectan al otomí a "un mundo espiritual más rico que el mundo cerrado de su momento histórico".   

Fuente:   México en el Tiempo No. 16 diciembre 1996-enero 1997

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