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El Templo Mayor. Etapas de construcción.

Por: Eduardo Matos Moctezuma

Como su nombre lo indica: Huey teocalli, Templo Mayor, este edificio era el más alto y el de mayor volumen de todo el recinto ceremonial. Encerraba en sí toda una carga simbólica de gran relevancia, como veremos a continuación.

Para empezar, tenemos que remontarnos siglos atrás, en el momento en que Tezozómoc, señor de Azcapotzalco, les permite a los aztecas asentarse en un sector del lago de Texcoco. Lo que buscaba Tezozómoc no era otra cosa sino que, al dar protección y al destinar tierras para los mexicas, éstos tendrían que ayudar como mercenarios en las guerras de expansión de los tepanecas de Azcapotzalco, además de pagar un tributo en productos diversos, quedando así bajo el control del floreciente imperio tepaneca, que por aquel entonces tenía sujetas a varias regiones y ciudades de los alrededores del lago.

No obstante esta realidad histórica, el mito nos da una versión glorificada de la fundación de Tenochtitlan. Según esto, los aztecas habrían de asentarse en el lugar en el que vieran un águila (símbolo solar relacionado con Huitzilopochtli) parada sobre un nopal. Según Durán, lo que devoraba el águila eran pájaros, pero otras versiones hablan solamente del águila parada sobre el tunal, como se advierte en la lámina 1 del Códice Mendocino, o en la magnífica escultura conocida como “Teocalli de la Guerra Sagrada”, hoy expuesta en el Museo Nacional de Antropología, en cuya parte posterior se ve que lo que sale del pico del ave es el símbolo de la guerra, el atlachinolli, dos corrientes, una de agua y otra de sangre, que bien pudieron confundirse con una serpiente.

LA CREACIÓN DEL PRIMER TEMPLO

En su obra, fray Diego Durán nos dice cómo los aztecas llegan a las orillas del lago de Texcoco y buscan las señales que su dios Huitzilopochtli les había indicado. Aquí resulta algo interesante: lo primero que ven es una corriente de agua que brota entre dos peñas; junto a ella se encuentran sauces, sabinos y cañas de color blanco, mientras que del agua salen ranas, serpientes y pescados, todos blancos también. Los sacerdotes se alegran, pues han encontrado una de las señales que les diera su dios. Al día siguiente regresan al mismo sitio y encuentran al águila parada sobre el tunal. Dice así el relato: pasaron adelante a buscar el pronóstico del águila, y andando de una parte en otra devisaron el tunal y encima de él el águila con las alas extendidas hacia los rayos del sol, tomando el calor de él y el frescor de la mañana, y en las uñas tenía un pájaro muy galano de plumas muy preciadas y resplandecientes.

Vamos a detenernos un momento para explicar algo en relación con este mito. En muchas partes del mundo las antiguas sociedades establecen una serie de símbolos relacionados con la fundación de su ciudad. Lo que las lleva a hacerlo es la necesidad de legitimar su presencia en la Tierra. En el caso de los aztecas, éstos marcan muy bien los símbolos que ven el primer día y que se asocian con el color blanco (plantas y animales) y con la corriente de agua, y los separan de los símbolos que verán al día siguiente (tunal, águila, etcétera). Pues bien, los primeros símbolos observados ya aparecen en la ciudad sagrada de Cholula, si atendemos a lo que nos relata la Historia Tolteca-Chichimeca, es decir, son símbolos que se asocian a los toltecas, pueblo anterior a los aztecas que, para éstos, era el prototipo de la grandeza humana. De esta manera legitiman su relación o su descendencia –real o ficticia– con ese pueblo. Los símbolos posteriores del águila y el tunal se relacionan directamente con los aztecas. El águila, como se dijo, representa al Sol, pues es el ave que vuela más alto y, por lo tanto, se asocia a Huitzilopochtli. Recordemos que el tunal crece sobre la piedra en la que había sido arrojado el corazón de Copil, enemigo de Huitzilopochtli, después de haber sido derrotado por éste. Es así como se legitima la presencia del dios para ubicar el sitio en donde habrá de fundarse la ciudad.

Es necesario referirnos aquí a otro asunto importante: la fecha de fundación de la ciudad. Siempre se nos ha dicho que esto ocurrió en el año 1325 d.C. Varias fuentes lo repiten con insistencia. Pero resulta que estudios de arqueoastronomía han demostrado que en ese año ocurrió un eclipse solar, lo que llevaría a los sacerdotes aztecas a ajustar la fecha de la fundación para relacionarla con un acontecimiento celeste tan importante. No hay que olvidar que el eclipse en el México prehispánico estaba revestido de particular simbolismo. Era la demostración más clara de la lucha entre el Sol y la Luna, de donde devienen mitos como el del combate entre Huitzilopochtli y Coyolxauhqui, el primero con su carácter solar y la segunda de naturaleza lunar, donde el Sol sale triunfante cada mañana, cuando nace de la tierra y disipa las tinieblas de la noche con su arma, la xiuhcóatl o serpiente de fuego, que no es otra cosa que el rayo solar.

Una vez que los aztecas encuentran o se les asigna el lugar que pueden ocupar, relata Durán que lo primero que hacen es construir el templo para su dios. Dice así el dominico:

Vamos todos y hagamos en aquel lugar del tunal una ermita pequeña donde descanse ahora nuestro dios: ya que no sea de piedra sea de céspedes y tapias, pues de presente no se puede hacer otra cosa. Luego todos con grandísima voluntad se fueron al lugar del tunal y cortando gruesos céspedes de aquellos carrizales junto al mismo tunal, hicieron un asiento cuadrado, el cual había de servir de cimiento o asiento de la ermita para el descanso de su dios; y así hicieron encima de él una pobre y chica casa, a manera de un humilladero, cubierto de paja de aquella que cogían de la misma agua, porque de presente no podían más.

Es interesante constatar lo que ocurre a continuación: Huitzilopochtli les ordena que hagan la ciudad tomando como centro su templo. Continúa así el relato: “Di a la congregación mexicana que se dividan los señores cada uno con sus parientes, amigos y allegados en cuatro barrios principales, tomando en medio la casa que para mi descanso habéis edificado”.

Queda así establecido el espacio sagrado y a su alrededor el que servirá de habitación a los hombres. Más aún, estos barrios se edifican conforme a los cuatro rumbos universales.

De aquel primer adoratorio hecho con materiales sencillos, el templo va a alcanzar proporciones enormes, después de que el mismo templo va a incorporar a Tláloc, dios del agua, junto al dios de la guerra, Huitzilopochtli. A continuación veamos las etapas constructivas que la arqueología ha detectado, así como las principales características del edificio. Empecemos con esto último.

En términos generales, el Templo Mayor era una estructura orientada hacia el poniente, hacia donde cae el Sol. Se asentaba sobre una plataforma general que pensamos representaba el nivel terrestre. Su escalera corría de norte a sur y estaba hecha en un solo tramo, pues al subir a la plataforma se encontraban dos escalinatas que conducían a la parte superior del edificio, formado a su vez por cuatro cuerpos superpuestos. En la parte alta había dos adoratorios, uno dedicado a Huitzilopochtli, dios solar y de la guerra, y el otro a Tláloc, dios de la lluvia y de la fertilidad. Bien cuidaron los aztecas de diferenciar perfectamente cada mitad del edificio según el dios al que estaba dedicado. La parte de Huitzilopochtli ocupaba la mitad sur del edificio, mientras que la de Tláloc estaba en el lado norte. En alguna de las etapas constructivas se ven piedras saledizas que revisten los cuerpos del basamento general del lado del dios de la guerra, en tanto que el de Tláloc tiene una moldura en la parte alta de cada cuerpo. Las serpientes cuyas cabezas descansan sobre la plataforma general se diferencian entre sí: las del lado de Tláloc al parecer son de cascabel, y las de Huitzilopochtli son “cuatro narices” o nauyacas. Los adoratorios de la parte alta estaban pintados con colores diferentes: el de Huitzilopochtli con rojo y negro y el de Tláloc con azul y blanco. Lo mismo ocurría con las almenas que remataban la parte alta de los adoratorios, además del elemento que se ubicaba frente al acceso o puerta: del lado de Huitzilopochtli se encontró una piedra de sacrificios, y del otro lado un chac mool policromado. Más aún, se ha visto que en ciertas etapas el lado del dios de la guerra fue un poco más grande que el de su contraparte, cosa que también se nota en el Códice Telleriano-Remensis, si bien en la lámina correspondiente hubo un error de inversión del templo.

Etapa II (alrededor de 1390 d.C.). Esta etapa constructiva se caracteriza por su muy buen estado de conservación. Se excavaron los dos adoratorios de la parte alta. Frente al acceso de Huitzilopochtli se halló la piedra de sacrificios, consistente en un tajón de tezontle bien fincado en el piso; debajo de la piedra había una ofrenda de navajones y cuentas verdes. Varias ofrendas se detectaron debajo del piso del adoratorio, entre ellas dos urnas funerarias que contenían restos óseos humanos quemados (ofrendas 34 y 39). Al parecer se trata de los restos de algún personaje de la más alta jerarquía, pues iban acompañados de cascabeles de oro y el lugar que ocupaban las ofrendas era exactamente a la mitad del adoratorio, al pie de la banqueta en donde se debió de colocar la figura del dios guerrero. Un glifo 2 Conejo localizado en el último escalón y en eje con la piedra de sacrificios indica, aproximadamente, la fecha asignada a esta etapa constructiva, lo que hace pensar que los aztecas aún estaban bajo el control de Azcapotzalco. El lado de Tláloc también se encontró en buen estado; en los pilares de acceso a su interior vemos pintura mural tanto en el exterior como en el interior del aposento. Esta etapa debió de tener unos 15 metros de altura, si bien no pudo ser excavado en su parte inferior, ya que el nivel de las aguas freáticas lo impidió.

Etapa III (hacia 1431 d.C.). Esta etapa tuvo un crecimiento considerable por los cuatro lados del templo y cubrió totalmente a la etapa anterior. La fecha corresponde a un glifo 4 Caña que está en la parte posterior del basamento y que indica, por cierto, que los aztecas se habían liberado del yugo de Azcapotzalco, lo que ocurrió en el año 1428, bajo el gobierno de Itzcóatl, por lo que ahora los tepanecas eran los tributarios, de ahí que el templo adquiriera grandes proporciones. Reclinadas sobre la escalinata que conduce al adoratorio de Huitzilopochtli se encontraron ocho esculturas, posiblemente de guerreros, que en algunos casos cubren su pecho con las manos, en tanto que otras tienen una pequeña oquedad en el pecho, en donde se descubrieron cuentas de piedra verde, que significan corazones. Pensamos que se trata de los huitznahuas, o guerreros del sur, que combaten en contra de Huitzilopochtli, conforme relata el mito. Sobre la escalinata de Tláloc también aparecieron tres esculturas de piedra, una de ellas representando a una serpiente, de cuyas fauces sale un rostro humano. En total se hallaron trece ofrendas asociadas a esta etapa. Algunas contienen restos de fauna marina, lo que significa que ha dado comienzo la expansión mexica hacia la costa.

Etapas IV y IVa (alrededor de 1454 d.C.). Estas etapas se atribuyen a Moctezuma I, quien gobierna Tenochtitlan entre 1440 y 1469. Los materiales provenientes de las ofrendas ahí encontradas, así como los motivos que decoran el edificio, indican que el imperio está en plena expansión. De estos últimos hay que destacar las cabezas de serpiente y los dos braseros que las flanquean, las cuales se localizaban hacia la parte media de las fachadas norte y sur y en la parte posterior de la plataforma. La etapa IVa es únicamente una ampliación de la fachada principal. En general, las ofrendas excavadas muestran restos de peces, conchas, caracoles y corales, y piezas procedentes de otros sitios, como las de estilo Mezcala, Guerrero, y los “penates” mixtecos, de Oaxaca, lo que nos habla de la expansión del imperio hacia esas regiones.

Etapa IVb (1469 d.C. ). Se trata de una ampliación de la fachada principal, atribuida a Axayácatl (1469-1481 d.C.). Los restos arquitectónicos más significativos corresponden a la plataforma general, pues de las dos escalinatas que conducen a los adoratorios apenas quedaron algunos escalones. Entre las piezas sobresalientes de esta etapa se encuentran la monumental escultura de Coyolxauhqui, ubicada sobre la plataforma y a la mitad del primer escalón del lado de Huitzilopochtli. Varias ofrendas se hallaron alrededor de la diosa. Cabe señalar dos urnas funerarias de barro anaranjado que contenían huesos quemados y algunos otros objetos. Estudios de los restos óseos indicaron que se trata de personas masculinas, quizá militares de alta jerarquía heridos y muertos en la guerra en contra de Michoacán, pues no hay que olvidar que Axayácatl sufrió una dolorosa derrota ante los tarascos. Otros elementos presentes sobre la plataforma son las cuatro cabezas de serpiente que forman parte de las escalinatas que llevan a la parte alta del edificio. Dos enmarcan la escalinata de Tláloc y las otras dos la de Huitzilopochtli, siendo diferentes las de cada lado. También son importantes las dos enormes serpientes de cuerpo ondulante que están en los extremos de la plataforma y que llegan a medir cerca de 7 metros de largo. En los extremos también hay aposentos con pisos de mármol para determinadas ceremonias. Un pequeño altar llamado “Altar de las Ranas”, ubicado en el lado de Tláloc, interrumpe la escalinata que conduce desde la gran plaza a la plataforma.

El mayor número de ofrendas se encontró en esta etapa, debajo del piso de la plataforma; ello nos habla del apogeo de Tenochtitlan y del número de tributarios bajo su control. El Templo Mayor crecía en tamaño y magnificencia y era un reflejo del poder azteca en otras regiones.

Etapa V (aproximadamente 1482 d.C.). Poco es lo que queda de esta etapa, sólo una parte de la gran plataforma sobre la que se asentaba el templo. Quizá lo más importante sea un conjunto encontrado al norte del Templo Mayor que llamamos “Recinto de las Águilas” o “de los Guerreros Águila”. Consiste en un vestíbulo en forma de L con restos de pilares y banquetas decoradas con guerreros policromados. Sobre las banquetas se encontraron, en la puerta que da al poniente, dos soberbias figuras en barro que representan a guerreros águilas, y en otra puerta dos esculturas del mismo material, de Mictlantecuhtli, señor del inframundo. El conjunto tiene aposentos, pasillos y patios interiores; en la entrada de un pasillo se hallaron, sobre la banqueta, dos figuras de esqueletos hechos de barro. Esta etapa se atribuye a Tízoc (1481-1486 d.C.).

Etapa VI (hacia 1486 d.C.). Ahuízotl gobierna entre 1486 y 1502. A él puede atribuirse esta etapa, la cual cubrió los cuatro lados del templo. Hay que destacar los adoratorios que se hicieron junto al Templo Mayor; se trata de los llamados “Templos Rojos”, cuyas fachadas principales ven hacia el oriente. Se encuentran a ambos lados del templo y aún conservan los colores originales con los que estaban pintados, en los que predomina el rojo. Tienen un vestíbulo decorado con aros de piedra del mismo color. En el lado norte del Templo Mayor se localizaron, alineados con el Templo Rojo de ese lado, dos adoratorios más: uno decorado con cráneos de piedra y otro que ve hacia el poniente. El primero resulta particularmente interesante, pues está en medio de los otros dos, y por estar decorado con cerca de 240 cráneos bien puede indicar el rumbo norte del universo, el rumbo de lo frío y de la muerte. Hay otro adoratorio más detrás del “Recinto de las Águilas”, llamado adoratorio D. Está bien conservado y en su parte superior muestra una huella circular que sugiere que ahí estuvo empotrada una escultura. También se encontró parte del basamento del “Recinto de las Águilas”, lo que significa que el edificio se agrandó en esta etapa.

Etapa VII (hacia 1502 d.C.). Se ha encontrado solamente parte de la plataforma que sostuvo al Templo Mayor. La construcción de esta etapa se atribuye a Moctezuma II (1502-1520 d.C.); fue la que vieron y destruyeron hasta los cimientos los españoles. El edificio alcanzó los 82 metros por lado y cerca de 45 metros de alto.

Hasta aquí hemos visto lo que la arqueología ha permitido encontrar a lo largo de cinco años de excavaciones, pero aún falta por ver cuál es el simbolismo de tan importante edificio y el porqué estaba dedicado a dos dioses: Huitzilopochtli y Tláloc.

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